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CULTURA
Acerca del fulgor de Beatriz
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Noviembre (www.cubanet.org)
- A Beatriz del Carmen Pedroso-Camagüey,
8 de mayo, 1952- me unen muchas cosas: el amor
a la poesía, a la vida, a la libertad,
e incluso al mismo signo zodiacal. Es por eso
que pertenecemos al Movimiento de Derechos Humanos
de Cuba. Somos pues, como se dice vulgarmente,
mujeres de armas tomar, como lo fue Juana de Arco,
la Manuelita amante de Bolívar y muchas
otras, esas que a lo largo de la historia han
preferido sentarse a horcajadas para cabalgar,
en vez de usar albarda o silla.
El otro día Beatriz me regaló
su libro de versos "El fulgor de la vida",
publicado por la Editorial Carta de Cuba, en Miami,
2002. Anoche, sentada a la luz de mi lámpara,
lo leí completo. Fue como escucharla decir
su poesía, la primera que hace entre el
fuego, el acoso y las amenazas de un gobierno
que no cesa de llamarnos mercenarios en vez de
verdaderos disidentes, para desgracia suya, pacíficos.
Hay muchos grandes poetas que no soportan que
le mencionen su primer libro. Recuerdo a Heberto
Padilla, con Las rosas audaces, a Fayad Jamís,
con su libro La brújula y las incomodidades
que sufría Nicolás Guillén
cuando le recordaban un verso de su poema titulado
Laca. El fulgor de la vida es el primer libro
de Beatriz del Carmen. Sin embargo, estoy segura
de que jamás tendrá motivos para
arrepentirse de él.
Se trata de poemas con una fuerte dosis de sensualismo,
serenidad y hondura de pensamiento. A partir de
su "ciudad en ruinas que antaño fuiste
luna", amante ella de la vida ante una ciudad
enferma, Beatriz recorre la realidad de su país
con verdadera inquietud, con mirada vital e inconforme,
porque lo requiere con buena salud y dicha, casi
perfecta.
Sufre esta poetisa, de alma sensible y tibia,
la devastación de su entorno, la maledicencia
social, el caos que se avizora a través
de la ventana de su humilde apartamento en La
Habana y quiere, con sus manos de hacer la poesía,
ponerle punto final a la barbarie que le toca
el corazón y la lastima.
Beatriz pertenece a esa gran legión de
cubanos inconformes que ha tenido como valor y
destino quedarse hasta el final. ¨ Hasta el
último momento -dice-. Para darles vivas
a los muertos y gracias al señor, para
lanzar flores desde el mar hacia la tierra, para
tomar tus manos y caminar en busca de la poesía
perdida. ¨
Versos magníficos aparecen siempre: ¨
Aquella tarde el sol giró violento
"Por castigo de estrella me hice polvo
"
O ese otro que nos dice que "En un tiempo
lejano tal vez yo fui una estrella".
El poema titulado La loba loca herida es, posiblemente,
donde más se retrata la personalidad de
la autora: fiel, sobre todo a sus ideas, confiable
y capaz de calmar al más neurótico.
Tan sólida como los cimientos de su casa.
Quien la abandona siente como si le faltara el
apoyo de la tierra. Es por eso que este poema
dice así: "Le aúlla a la Luna.
Es una loba loca herida. La oscuridad rodea su
cuerpo lastimado, guerras de la especie. Sobreviviente
incansable, nunca claudica. Siempre la muerte
es preferida."
Para esta valiente mujer que vive sola con sus
hijos y tiene de amigos a los que necesitan más
amparo, aconseja a esos amigos así: "Cuando
sientas que todo está perdido, cuando veas
tu vida pasar, cuando el camino te sea muy largo,
piensa en el mar. Sólo en el mar."
Aquellos que la pierden, nunca más encontrarán
una como ella.
Estamos pues ante una mujer cuyo adversario
más tenaz es aquel que no se sabe abrirse
a los caminos del Bien, después de haber
combatido los del Mal, ese que ha perdido la oportunidad
de visitar su casa y llamar amiga a esta mujer
diferente y capaz de decir en estos tiempos de
odio y dictadura: "Posiblemente esta lluvia
no pueda. Pero vendrán otras. Lloverá
sal y torrentes de agua viva..."
Por si fuera poco, Beatriz le canta a ese lúgubre
y claro resplandor de los amores que viven entre
rejas, a la mujer del preso, al preso político
cubano que sufre injustamente el encierro ordenado
por su amo. La poesía de Beatriz brilla
por sí misma como llamaradas de explosión
y de luz en un país que necesita de tanta
luz -es por eso que ella lo defiende y ama-. La
poesía de Beatriz partió como fulgores
desde sus manos, las mismas que tienen mucho más
qué decir, para alumbrarnos.
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