PRENSA INDEPENDIENTE
Noviembre 3, 2006

SOCIEDAD
El salario del derrumbe

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - "Oye, blanquito, ¿adónde tú vas?", dijo el negro grandote a mi amigo M. cuando penetró en las ruinas de una casa recientemente derrumbada, en la mañana calurosa del miércoles 25 de octubre. El se limitó a contestar que a hacer lo mismo que él, a recoger un poco de escombros para luego hacer el tercio, una mezcla de arena y cemento para dar el "acabado" a las paredes.

En el derrumbado inmueble labora una brigada especializada de demolición durante el día, pero en cuanto se marchan muchos habitantes del barrio se acercan por el lugar con el fin de continuar la demolición.

Necesitan ladrillos, tuberías de gas y agua, y ese polvo grueso que quedó de las paredes para la mezcla. Pero sobre todo, ladrillos.

Como en Cuba todo tiene un precio, hay quien vende el saco de polvo o arena de escombros a veinte pesos, si es en el lugar; en cambio, si tienen que cargarlo a la casa del comprador, el precio sube a treinta. Los ladrillos valen dos pesos cada uno. Un pedazo de tubería de gas -una tira, le dicen, de seis metros de largo, ya usada- cuesta cien pesos si es de media pulgada; pero la de tres cuartos sobrepasa con mucho ese precio. Sin embargo, si la desea comprar nueva costarán 180 pesos, las primeras, y 240 pesos las segundas.

Sucede en otros casos que los necesitados de materiales acuden directamente a los obreros de la brigada de demolición que opera en el lugar para comprarlos. Esos obreros, con un sueldo de 400 pesos mensuales, redondean sus pagos con lo que venden del derrumbe a los particulares. Si no, ¿dónde comprar ladrillos, arena, recebo?

Las empresas estatales de instalación o reparación solamente hacen sus trabajos en la entrada de la casa. En el interior, es el propietario o el residente del inmueble quien tiene que buscar los materiales para la instalación o la reparación.

Muchos adolescentes y jóvenes han encontrado en este giro del mercado negro un medio de financiar sus gustos, sus diversiones y sus compras de zapatillas, jeans, camisetas y dinero de bolsillo. Me cuenta mi amigo R. que los viernes por la tarde, sábados y domingos, el derrumbe de la otra cuadra de su casa parece un hormiguero pues el dinero que hagan servirá para comprar el ron o ir de parranda por la noche.

Al abundar acerca del tema, me habló del riesgo que corren los "buscavidas" al internarse a extraer materiales en inmuebles en ruinas, porque en muchos casos ignoran técnicas de demolición y la caída de paredes pone en peligro sus vidas.

"Ese fue el caso de un muchacho que casi perdió un brazo al caerle una columna. Dos sacos diarios de materiales representan cuarenta o sesenta pesos", apuntó R. para mi mejor comprensión del asunto.

Ahora comprendo por qué siempre veo hombres jóvenes buscando ladrillos o transportándolos en carretilla por las calles de ciertos barrios. Sencillamente, de allí sacan un salario.


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