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SOCIEDAD
El salario del derrumbe
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, noviembre (www.cubanet.org) - "Oye,
blanquito, ¿adónde tú vas?",
dijo el negro grandote a mi amigo M. cuando penetró
en las ruinas de una casa recientemente derrumbada,
en la mañana calurosa del miércoles
25 de octubre. El se limitó a contestar
que a hacer lo mismo que él, a recoger
un poco de escombros para luego hacer el tercio,
una mezcla de arena y cemento para dar el "acabado"
a las paredes.
En el derrumbado inmueble labora una brigada
especializada de demolición durante el
día, pero en cuanto se marchan muchos habitantes
del barrio se acercan por el lugar con el fin
de continuar la demolición.
Necesitan ladrillos, tuberías de gas y
agua, y ese polvo grueso que quedó de las
paredes para la mezcla. Pero sobre todo, ladrillos.
Como en Cuba todo tiene un precio, hay quien
vende el saco de polvo o arena de escombros a
veinte pesos, si es en el lugar; en cambio, si
tienen que cargarlo a la casa del comprador, el
precio sube a treinta. Los ladrillos valen dos
pesos cada uno. Un pedazo de tubería de
gas -una tira, le dicen, de seis metros de largo,
ya usada- cuesta cien pesos si es de media pulgada;
pero la de tres cuartos sobrepasa con mucho ese
precio. Sin embargo, si la desea comprar nueva
costarán 180 pesos, las primeras, y 240
pesos las segundas.
Sucede en otros casos que los necesitados de
materiales acuden directamente a los obreros de
la brigada de demolición que opera en el
lugar para comprarlos. Esos obreros, con un sueldo
de 400 pesos mensuales, redondean sus pagos con
lo que venden del derrumbe a los particulares.
Si no, ¿dónde comprar ladrillos,
arena, recebo?
Las empresas estatales de instalación
o reparación solamente hacen sus trabajos
en la entrada de la casa. En el interior, es el
propietario o el residente del inmueble quien
tiene que buscar los materiales para la instalación
o la reparación.
Muchos adolescentes y jóvenes han encontrado
en este giro del mercado negro un medio de financiar
sus gustos, sus diversiones y sus compras de zapatillas,
jeans, camisetas y dinero de bolsillo. Me cuenta
mi amigo R. que los viernes por la tarde, sábados
y domingos, el derrumbe de la otra cuadra de su
casa parece un hormiguero pues el dinero que hagan
servirá para comprar el ron o ir de parranda
por la noche.
Al abundar acerca del tema, me habló del
riesgo que corren los "buscavidas" al
internarse a extraer materiales en inmuebles en
ruinas, porque en muchos casos ignoran técnicas
de demolición y la caída de paredes
pone en peligro sus vidas.
"Ese fue el caso de un muchacho que casi
perdió un brazo al caerle una columna.
Dos sacos diarios de materiales representan cuarenta
o sesenta pesos", apuntó R. para mi
mejor comprensión del asunto.
Ahora comprendo por qué siempre veo hombres
jóvenes buscando ladrillos o transportándolos
en carretilla por las calles de ciertos barrios.
Sencillamente, de allí sacan un salario.
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