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CULTURA
Vidas rotas: El pintor de Lawton
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Norberto
Palau pinta desnudo de la cintura hacia arriba.
Se siente mejor sin camisa. Hace mucho calor en
La Habana y un ventilador, además de que
anda en falta, le resecaría la pintura.
Vive con muchas carencias, casi miserablemente,
pero no le importa. Fue el precio que decidió
pagar hace años. Los tiempos cambiaron,
pero él prefirió mantenerse y esperar.
Entre tantos agravios y entre tantas roturas,
no se percató del momento en que dejó
de escuchar al reloj interior. Vive con las aprensiones
y las cautelas de hace treinta y tantos años.
Piensa que afuera, si cambió algo, fue
para que todo siguiera igual.
Palau estudió pintura en la Academia San
Alejandro. Sus primeros contratiempos datan de
aquel tiempo. Desde entonces, no ha dejado de
pintar al erotismo. El problema es que Palau lo
descubrió en obesas matronas.
Sus modelos exhiben muslos como perniles rollizos,
sus senos son ubres de exposición vacuna.
Excesos en la mesa y en la cama. Traseros opulentos
de señoras respetables y respetadas por
la fantasía erótica que alienta
la cordura media masiva.
Palau dedicó su inspiración al
arte erótico en los momentos en que los
comisarios lo vetaron. El hombre nuevo no se masturba,
ni hace el amor entre hombres, con penetración.
Ellos se crearon una moralina artificial que etiquetaron
como proletaria.
En 1968, un 25 de septiembre en la noche, le
sacaron de la cafetería del Hotel Capri
en La Habana. Fue a dar a un carro-jaula y de
allí a Villa Marista a empujones, palos,
pitazos y campanazos: Era la noche de las tres
P.
Una recogida gigante contra las lacras de la
sociedad justa, impulsada por los varones verdeolivo.
Palau cuenta sonriendo que fue el arroz frito
y la cerveza más caros de su vida. Los
pagó con más de diez meses de internamiento
y trabajos forzados en El Sitio, en Pinar del
Rio, muy cerca de La Coloma.
Compartió aquella experiencia con rockeros
melenudos, homosexuales, católicos, testigos
de Jehová y los jodedores que insistían
en hacer vida nocturna y ser la bohemia farandulera
de la época.
Cuando lo liberaron, le impusieron consagrarse
a la producción y dejar a un lado los pinceles.
A fin de cuentas, el trabajo ennoblece y el trabajo
forzado ajeno, ennoblece más.
Palau se les zafó esa vez y desde entonces
ha pintado y vivido su cimarronaje, eludiendo
y zafándose una y otra vez.
Su casa, si es que puede llamarse así
al espacio ruinoso que habita, es su lugar de
creación y donde recibe a los amigos. Puede
verse el cielo desde los amplios claros de un
techo necesitado de reparación. Por pura
coincidencia, la casa está ubicada en la
ladera de una de las lomas de Lawton. La misma
sirvió de locación al cineasta Humberto
Solás para su laureada "Barrio Cuba".
Palau y sus vecinos comparten una miseria material
superior a la que existe en las favelas brasileras.
Si éstas no llegan a ser "ciudades
de Dios", si falta la violencia y la crueldad
de la villa miseria carioca, es porque se trata
de la miseria de los cubanos. No sustento la pretensión
de que seamos humanamente mejores que los favelados
cariocas, sólo somos diferentes.
Palau, contra lo que pudiera deducirse, no está
resentido y mucho menos amargado. Pinta con delirio
y con desesperación. Excluido de los salones
oficiales por inconveniente y políticamente
incorrecto, persiste en lo suyo. Aprendió
mucho y hay verdades que nadie podrá arrebatarle.
Pero algo le faltó, enquistarse no es la
mejor solución. Por ejemplo, no aprendió
aquello que recomendó alguien, cuando vivía
como nosotros: "El golpe revirao, duele menos".
Norberto Palau, con su vida rota pinta matronas
en Lawton. Lo hace atado a sus temores y aprensiones.
Aún mantiene su sueño intacto.
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