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SOCIEDAD
De nuestras conquistas
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Ayer
me llamó por teléfono una señora
que fuera vecina mía, empleada del Instituto
Cubano de Radio y Televisión, contándome
desesperada cómo la escalera de la azotea
donde vive se había desplomado parcialmente
con las últimas lluvias torrenciales. Fuera
de sí y llorando me preguntó qué
podía hacer, porque sus hijos y los de
su hermana subían al cuarto, a una altura
de diez metros, casi trepando.
-Tania -me dijo- tú que perteneces a los
derechos humanos, ayúdame.
El cuarto de estas hermanas se encuentra en los
altos de un antiguo edificio de dos pisos, en
muy mal estado desde hace décadas, situado
en la calle Espada 368, en Centro Habana.
Cuando colgué me dije: ¿Qué
puedo hacer por esta familia trabajadora que en
más de treinta años no ha conseguido
una vivienda decorosa a través del gobierno?
Nada puedo hacer como no sea escribir, dejar testimonios
para la historia, la única capaz de analizar
la terrible realidad que ha vivido el pueblo cubano
a lo largo de 47 años.
Días atrás recibí otra llamada,
esta vez del hospital Naval, en Habana del Este,
rodeado otra vez de quioscos de vendedores particulares.
Se trataba de un médico amigo para comentarme
que el hospital está en crisis.
Me explicó que en estos momentos había
más de cuatrocientos pacientes esperando
en sus casas para ser intervenidos quirúrgicamente.
No hay anestesistas.
- ¿Por eso solamente? -pregunté.
- Esa es la principal causa, pero hay otras -me
respondió.
Llegó entonces Susana, mi vecina, recién
operada de hernia abdominal en el hospital Calixto
García, en el Vedado, famoso en el país
por sus excelentes clínicos y cirujanos,
donde las ratas se pasean por los salones y pasillos
y las telarañas y se divierten de lo lindo
en las ventanas y lámparas de techo.
A mi vecina Susana la operaron a las doce de
la noche. A las ocho de la mañana la devolvieron
a su casa. La razón, según los médicos,
es la falta de asepsia, que puede provocar diversas
infecciones.
Esta situación se repite en toda Cuba,
a no ser en los centros hospitalarios destinados
al turismo o a los dirigentes de alto nivel.
¿Puede decirse entonces que estamos ante
una gran conquista de la revolución? Tanto
en la prensa oficial como en la independiente
aparecen a diario pruebas irrefutables de que
nada queda de la potencia médica, como
no sea el fuego fatuo de un recuerdo.
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