PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 30, 2006
 

SOCIEDAD
Cóctel habanero: El luchador

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Es un luchador. Eso dicen todos los que le conocen. Así piensa él de sí mismo. En su vida de 40 años ha hecho de todo, pero su giro de verdad, donde es reconocido y estimado por sus amigos y familiares son los almacenes. Con sólo dar un vistazo a uno de ellos sabe cómo van las cosas, si el trabajo promete o no. Tiene un don natural para la contabilidad y para la organización de los recursos materiales y humanos. Es un excelente administrador. Nació para los negocios, para hacer dinero. "Nació en el país equivocado", agrega él.

Freddy, como todos le conocen, escoge los trabajos según el grado de control y organización que encuentre en ellos. Mientras más desorden y menos control, mejor. En cuestión de días lo pone todo en regla. El antes irrentable establecimiento se transforma en eficiente, y en poco tiempo genera ganancias. Es un maestro en esas cosas.

Su toque magistral está en lograr que el almacén, fábrica o establecimiento, genere ganancias para la empresa estatal a que pertenece, pero sobre todo que genere ganancias para él y su equipo.

¿Cómo lo logra? Bueno, ya dijimos que era un maestro en esas cosas. No hay fórmula secreta, su éxito se basa en la incapacidad de los administrativos de la empresa, en el descontrol, en la ignorancia de los cuadros técnicos.

Pongamos un ejemplo. El llega a una panadería donde el robo es cosa común y corriente. Allí roba todo el mundo, los jefes necesitan a un tipo capaz que les organice la producción, que les permita mayores ganancias lícitas. Le contratan como jefe de producción. El pone precio a sus servicios. Elevado, por supuesto. Por la izquierda, ya saben. Inmediatamente detecta que el método usado por los jefes-ladrones es burdo. Espera una semana y paraliza la producción. Detiene la fábrica y denuncia el método utilizado para robar. Los administrativos se alteran, cunde el pánico. Entonces él exige una parte de las ganancias, la mayor parte, por supuesto, y les promete que si le dan el mando triplicará los ingresos y organizará todo de tal forma que nadie podrá detectar lo que ocurre. A las pocas semanas todo cambia, la panadería termina convirtiéndose en el mejor establecimiento del municipio, sobrecumple todas las metas, gana gallardetes de centro destacado.

Freddy dice que es bien fácil, sólo hay que conocer bien el oficio, dominar bien la técnica. Pronto la fábrica estatal pasa, de hecho, a ser propiedad de un equipo eficiente de capitalistas, que adquiere materia prima por la izquierda, aumenta cada vez más la producción, establece sus propios circuitos de distribución, adquiere equipos más modernos, medios transporte propios. Muchas veces esos medios de transporte son equipos que pertenecen a la empresa, pero que han sido dados de baja técnica, y ellos consiguen volverlos a poner en funcionamiento. Mediante soborno involucran a dirigentes de la empresa y poco a poco se van extendiendo a otros establecimientos. El lema de Freddy y compañía es "A Fidel lo de Fidel, y a Freddy lo que es de Freddy".

Viven bien. Freddy vive bien, dentro de lo posible en un país como éste. Son maestros del mimetismo. Nunca faltan a una asamblea ni a una marcha ni a una tribuna a las que son convocados. Son cuidadosos en lo que dicen. En su cuadra, Freddy es un tipo ejemplar, nunca falta a una guardia del CDR. Es el que más comida aporta para las fiestas del Comité, muchas veces la bebida va por él. Es un tipo chévere. Su auto, su Chevrolet del 58, en excelente estado, siempre se encuentra a disposición de los vecinos para cualquier emergencia.

Eso sí, evita por todos los medios que la gente entre en su casa. "Por las miradas indiscretas, aquí uno no sabe quién es quién". Cuando le pregunto si es comunista, me dice: "¡Deje eso, compadre! Ni muerto. Lo mío son los negocios. Bisnes son bisnes". Dice que no se ha ido del país porque no ha podido. Lo ha intentado, pero le ha resultado mal. Está seguro de que en los Estados Unidos se hace rico en poco tiempo, que es cosa de llegar allá y ponerse a trabajar. "Yo nací en el país equivocado", se queja. Le respondo: "Los equivocados somos nosotros, éste es el país correcto". Me mira y no entiende. Pregunta: "¿Tú eres ñángara?"

"Primero muerto", le digo. "Pero tú, yo, nosotros, la gran mayoría de nosotros tenemos la culpa de que las cosas estén como están. La solución no está en irnos, compadre. El asunto no está en fingir, la cuestión es que cambiemos, enderecemos las cosas. Que se vayan ellos, los que han jodido el país. Este es el lugar equivocado para ellos".

Ríe. Le pregunto por qué. Dice: "Me vi por un instante al lado tuyo, junto a muchos otros con un gran cartel, frente a la Plaza de la Revolución, un cartel que decía QUE SE VAYAN".

Queda pensativo unos instantes. "Enderezar las cosas, gritarles a ellos lo mismo que ellos le gritan a ustedes. ¡Que se vayan!" Hace una pausa. "Pero eso no es lo mío, a mí no me gusta la política. Que va, compadre, yo no quiero problemas. Lo mío son los negocios. Al final te metes en política, terminas jodío y todo sigue igual. Cada cual a lo suyo, lo mío es hacer plata".


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