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RELIGION
Con los pobres de esta tierra
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - La
Iglesia Católica cubana, en silencio y
con una modestia fuera de serie, cerró
filas con los pobres de esta tierra. Su accionar
lleno de amor elude titulares, pero están
ahí donde es necesario. Cursos gratuitos
con una calidad docente, en ocasiones (casi siempre)
superior al sistema oficial. Los cursos, gratuitos
y sin exclusiones.
Idiomas, computación, cultura artística
y literaria, historia, etc., con convocatoria
amplia y sin verificaciones. Comedores gratuitos
para ancianos desamparados y en ocasiones (miopía
amorosa) para otros hambrientos no tan ancianos.
La Iglesia Católica cubana asumió
el reto de marchar al ritmo de una sociedad civil,
incipiente y sofocada. Entre sus publicaciones,
vale destacar dos: Palabra Nueva y Vitral.
En ambas prima la calidad, sin desdoro del resto.
Más allá de las distinciones y galardones
que tales publicaciones hayan alcanzado en los
foros internacionales, lo determinante es el espacio
que logran en los hogares humildes de los cubanos
de a pie.
Los esforzados padres y monjas de nuestros barrios
se multiplican en la asistencia que prestan en
asilos, hospitales y el peso que tienen en la
vida de la comunidad.
Atrás quedaron los tiempos de aquella
Iglesia raquítica y menguada de los 60
en el pasado siglo. La capacidad de recuperación
de esta milenaria institución en Cuba ha
sido un milagro. Un monumento vivo a la perseverancia
de los sacerdotes y laicos que lo hicieron posible.
Por esto es necesario que se conozca la labor
amorosa de esta gente buena de cruces y sotanas,
de sermones y por encima de todo, paciencia. He
escuchado críticas sobre las posiciones
políticas de la Iglesia Católica
cubana. Quizás algunas tengan fundamento,
pero el caso es que los curas y las monjas no
son políticos. Son seres humanos armados
de una filosofía basada en la humildad
y el amor, personas enquistadas en una paciencia
y una tenacidad a toda prueba.
El pueblo de Cuba hoy se siente deudor de la
preocupación de esta Iglesia. Somos deudores
de medicinas gratuitas entregadas sin pedir algo
a cambio. Sin averiguar si es para un católico
o para un ateo. Somos deudores de los curas de
fila que alivian el hambre, la sed, la desesperanza
y el aislamiento. Benditos sean los hombres y
las mujeres de esta Iglesia, dispuestos al apoyo
y la justa reconvención, a la tolerancia
y la reconciliación.
No hay barrio en La Habana donde el apoyo solidario
y amoroso de la Iglesia esté ausente. Con
funciones de cine y debates aclaratorios para
todos, sin teque en este u otro sentido, y gratis,
como nos gusta en el barrio.
Cuando digo que la Iglesia Católica cubana
echó su suerte con los pobres de esta tierra,
deben creerme. Han hecho su apuesta para ganar,
pusieron el corazón. Muchas gracias y reciban
amor y respeto, lo merecen.
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