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SOCIEDAD
Si Maiakovski nos visitara hoy
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Del
vapor francés Espagne, que atracó
en el puerto habanero bajo un sol sofocante el
4 de julio de 1925, se bajó el joven poeta
georgiano Vladímir Maiakoski, una de las
figuras más importantes de la poesía
revolucionaria de la incipiente dictadura socialista
rusa. Fue por los años veinte que se dedicó
a viajar por Europa y América participando
en varios congresos y ofreciendo conferencias
como divulgador de lo que ocurría en su
país.
"Por la mañana llegamos fritos -escribió
en su diario de viaje-, asados y hervidos al blanco
puerto de La Habana, rocosa y edificada".
Andando por las calles de la capital le da la
bienvenida al poeta un copioso aguacero tropical
al que llama jocosamente "un chorro poderoso
de agua con un poquito de aire". Luego continúa
"entre almacenes, sucias tabernas, bodegas,
casas públicas, frutas podridas".
En su recorrido, en el que ningún periodista
lo identifica, el poeta vanguardista pierde el
rumbo, y después de algunas horas de apuros
regresa al barco para zarpar al día siguiente.
En su camarote escribe un poema inspirado en
La Habana que va dejando atrás, titulado
Blancos y Negros:
A un vistazo La Habana se revela
Paraíso, país afortunado.
Flamencos en un pie
Bajo una palma.
Florece el coralillo
En el Vedado.
En La Habana las copas
Son muy claras:
Blancos con dólares,
negros sin un centavo.
Han transcurrido más de ochenta años
y La Habana se encuentra en peores condiciones.
Podría inspirarle al poeta versos aún
más críticos y dolorosos que aquéllos
que escribió en su recorrido, cuando se
dolió de las condiciones del hombre negro.
Se tropezaría seguramente con el mismo
espectáculo desolador, propio del subdesarrollo
revolucionario: frutas podridas, mujeres jóvenes
y baratas buscando turistas por las calles, las
mismas bodegas de ayer, pero vacías; y
lo que es peor: una población penal compuesta
de cien mil hombres y mujeres, cuya mayoría
es negra.
El año pasado, en una redada contra 500
jóvenes, llevados a juicio por el supuesto
delito de peligrosidad, trascendió que
más del 90 por ciento eran negros.
Podría ver el poeta cómo los cubanos
sufren un apartheid único en la historia
de nuestro país, imposibilitados de hospedarse
en buenos hoteles, centros turísticos y
otros lugares de expansión.
Seguramente se perdería de nuevo por las
calles de la Habana Vieja y el Vedado, contemplaría
viviendas deterioradas a punto de desplomarse,
donde la mayoría de sus moradores son familias
negras.
Vladimir Maiakovski conoció la prisión
política durante el zarismo. En una celda
se hizo poeta. Luego siguió siendo un crítico,
un inconforme del rumbo que tomaba la Revolución
de Octubre. No fue comprendido. Sufrió
acusaciones y fue perseguido por la burocracia
estalinista. En 1930 escribió el gran poema
Hablando a gritos, considerado su testamento espiritual,
que dejó inconcluso cuando se quitó
la vida de un balazo. Esenin, su amigo y también
gran poeta, se había ahorcado en un cuarto
de hotel en la Navidad de 1925.
Hoy, Vladímir Maiakovski estaría
junto a los inconformes que sufren cárcel
en Cuba, víctimas de acusaciones arbitrarias
por parte de un gobierno que practica la maledicencia
y la agresividad.
El poeta chileno Pablo Neruda, al referirse a
Maiakovski, nos dijo: "Tiene un fuego propio
que no puede extinguirse. Un poeta de vitalidad
verbal. Es un ser violento y dulce, orgánicamente,
hijo y padre de su poesía".
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