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HISTORIA
La
mujer que murió con Mussolini
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - A
la luz del tiempo se ha llegado a comprender que
la muerte del fundador del fascismo italiano y
su joven amante Claretta Petacci, fue un asesinato
perpetrado por Walter Audisio, comunista y ex
combatiente de la Guerra Civil Española,
apodado "coronel Valerio".
El 28 de abril de 1945, el coronel Valerio llegó
a la habitación de Benito Mussolini para
anunciarle que tenía órdenes de
rescatarlo. Más tarde obligó al
dictador a que se colocara contra una pared en
Villa Belmonte y le leyó la sentencia de
muerte:
"Por orden del alto mando del Cuerpo de
Voluntarios de la Libertad, tengo la misión
de hacer justicia al pueblo italiano".
En ese momento Mussolini se dio cuenta de que
el comunista lo había engañado,
que sería fusilado a toda prisa. Claretta
Petacci, su bella amante romana lo acompañaba.
- ¡Mussolini no debe morir! -gritaba Claretta,
presa de desesperación.
Audisio levantó la ametralladora. Le ordenó
a la mujer que se apartara o moriría ella
también. La Petacci se abrazó al
cuerpo de su amante. El coronel apretó
el gatillo. El arma no disparaba. La amante de
Mussolini continuaba gritando, enloquecida. Se
movía con rapidez frente a su amante tratando
de evitar que lo mataran. El coronel apuntó
de nuevo. Cinco balas dieron en el blanco. La
primera en caer fue Petacci. Cuando Walter Audisio
se acercó y vio que Mussolini aún
respiraba le disparó al corazón.
El dictador tenía 61 años.
Sus cadáveres fueron colgados por los
pies del techo de una gasolinera de Milán,
expuestos a la multitud para que se ensañara
cuanto quisiera; la misma multitud que poco antes
repetía sus nombres con emoción.
Claretta Petacci había nacido el 8 de febrero
de 1912 en la capital italiana. Siendo muy joven
se enamoró de Benito Mussolini. Tenía
sus fotos en su habitación y se esforzó
en llegar hasta él para que se fijara en
ella. Lo amó sinceramente.
Varios testimonios de la época afirman
que a Claretta le ofrecieron la posibilidad de
escapar, pero que se negó rotundamente.
Quería correr la misma suerte del hombre
que había amado toda su vida. Mussolini
le llevaba 29 años.
Pero el hombre que inspiró ese gran amor
fue el mismo que instauró una de las dictaduras
más crueles e implacables del siglo pasado.
A través de un único partido y unas
milicias que respaldaron la disolución
del estado de derecho, empresarios y trabajadores
eran controlados. Fueron abolidos los sindicatos
independientes, el derecho a la huelga y se imponía
el juramento de fidelidad al régimen a
profesionales, artistas, trabajadores, quienes
se doblegaron a la voluntad del Duce por vileza,
temor a perder el trabajo, y miedo a la cárcel.
Una dictadura donde ni los niños se salvaban,
educados en el espíritu militar.
Para los que no lo recuerdan, Musollini, que
gobernó como amo y señor de Italia,
adoptó una política exterior agresiva.
Envió tropas militares a Etiopía,
España, Albania, luchó contra los
británicos en África, invadió
Grecia y finalmente, mediante su alianza con Hitler,
declaró la guerra a Estados Unidos.
En el plano personal fue un mujeriego empedernido.
Presumía de un enorme poder de seducción
y sus romances apasionados, ocultos durante sus
años de poder, ya son conocidos.
Sin embargo, El Duce inspiró un intenso
sentimiento a Claretta Petacci, quien sólo
quiso el amor de Musollini, no su poder. Es digna
la romana, merecedora de nuestra admiración
y respeto por su fidelidad y su pasión
a aquel hombre.
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