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LABORALES
Los sueños prohibidos
Rafael Ferro Salas
PINAR DEL RIO, Cuba - Mayo (www.cubanet.org)
- Dionisio Herrera Rodríguez tiene 55 años.
Trabaja como chofer hace un cuarto de siglo. Dionisio
tenía un sueño que le han roto.
Supo que habían entrado a esta provincia
ómnibus nuevos. Trabaja como chofer de
ómnibus para el transporte de personas
y en toda su carrera no ha tenido accidentes del
tránsito. Suficientes méritos para
merecer un carro de los nuevos que llegaron. Al
menos él pensó eso y se fue armando
su sueño.
Se hizo la entrega de las guaguas a los choferes
y a Dionisio no lo tuvieron en cuenta en la repartición,
entonces el sueño de cada noche se le convirtió
en una pesadilla constante.
"Fue una injusticia, me dijo. Yo merecía
uno de esos carros, los mismos trabajadores daban
eso por seguro. Siempre he tenido una actitud
intachable en mi oficio. Yo tenía derecho
a soñar que manejaría una guagua
de las nuevas, pero de la noche a la mañana
ellos me rompieron mi sueño".
Hace una pausa y se va secando el sudor de la
frente con un pañuelo que saca de su bolsillo.
La tarde avanza y el sol se mete por la ventana
de la sala de la vivienda. Afuera los carros pasan
indiferentes, las gentes también. El viejo
chofer sigue hablando:
"Cuando terminó la repartición
de los equipos yo fui a la administración
de mi empresa de transporte urbano. Casi no me
querían recibir. Yo creo que les daba pena
explicarme las razones. Entonces el subdirector
me mandó a pasar a la oficina y allí
expuso los motivos que ellos entendieron correctos
para no darme la guagua nueva".
Otra pausa y guarda el pañuelo, aunque
sigue sudando. Enciende ahora un cigarrillo y
fuma nervioso. Bota el humo mirando al techo de
la casa y me dice:
"A lo mejor a usted le da risa lo que le
voy a decir, periodista, pero la primera razón
que los de la administración me dieron
para justificar el no darme el carro fue que yo
no soy militante del partido de los comunistas
¿Qué le parece?"
Sonrío, y asiento con la cabeza, como
sabiendo que ya sabía eso. En Cuba es muy
normal que a usted le nieguen un trabajo o cualquier
tipo de oportunidad para mejorar su vida si no
milita en el Partido Comunista o en otra de las
organizaciones gubernamentales. Ya voy entendiendo
la causa de la pesadilla que vive Dionisio. Tira
por la ventana lo que ha quedado del cigarrillo
y después de expulsar el humo que viajó
por sus pulmones sigue conversando.
"La segunda razón que me dieron fue
que yo soy el padre de un opositor al gobierno
cubano. Mi hijo se llama Ornel Herrera Padrón.
. ."
Eliosbel Garriga Cabrera, corresponsal de Abdala
Press que me acompaña, lo interrumpe para
decirme que Ornel pertenece al Movimiento de Integración
racial que él preside en la provincia.
"Es como yo digo, periodista; de la noche
a la mañana le acaban a un hombre con el
único sueño de su vida. A mi hijo
le dolió mucho eso que me hicieron, pero
yo le dije que no él no tenía la
culpa. Por ninguna razón de este mundo
yo le voy a permitir a mi muchacho que cambie
su manera de pensar. Estoy dispuesto a seguir
tragando buches amargos y a soportar injusticias,
pero mi hijo seguirá pensando como piensa".
Eliosbel y yo nos despedimos y salimos a la calle.
La tarde seguía avanzando. Al cruzar la
esquina vimos pasar un ómnibus de los llegados
recientemente a la ciudad. Nos miramos sin hablar.
Observamos hacia atrás, al otro lado donde
estaba la casa de Dionisio y lo vimos en el portal.
La guagua pasó frente a su casa y él
no quiso mirarla. Entró a la vivienda bajando
la cabeza, como buscando algo que le habían
quitado de golpe. Entonces pude darme cuenta de
toda la tristeza que carga un hombre con los sueños
rotos.
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