|
"La
guerra de la memoria en Cuba está llegando a niveles
obsesivos"
Andrea Aguilar. El
País, España, 22 de mayo de
2006.
"El mundo de la cultura ya está allanando
el camino para una reconciliación; no de
un idilio acrítico, sino con memoria"
"Me parece importante reconstruir las biografías
políticas de los intelectuales, pero me
opongo a que conformen expedientes"
Exilio, disidencia y revolución han sido
las tres claves de la intelectualidad cubana en
el último medio siglo y ocupan el subtítulo
de la nueva obra de Rafael Rojas, Tumbas sin sosiego.
Esta historia intelectual de Cuba le ha valido
al historiador y escritor residente en México
el 34º Premio Anagrama de Ensayo.
Pregunta. ¿Es necesario hacer memoria
para alcanzar un régimen democrático?
Respuesta. Para alcanzar una democracia con calidad
moral e intelectual sí es útil una
reconstrucción del legado cultural cubano
que recupere lo que ha quedado escindido por el
régimen totalitario y la oposición,
que ha desembocado en tanto exilio. Pero no propongo
una unificación de este legado. Pienso
que la democracia necesita diversidad de imágenes
sobre el pasado nacional y que es importante que
coexistan.
P. ¿El silencio o el olvido no son una
buena fórmula para la reconciliación?
R. Una dosis de olvido sí hace bien a
las naciones. En Cuba, la guerra de la memoria
está llegando a niveles obsesivos. Se contabilizan
los muertos de un lado y de otro. Una ley reciente
establece que murieron en acto de lealtad 3.478
y 2.099 quedaron mutilados. El exilio también
hace sus cálculos, que sitúan en
6.000. Llegar a esto me parece paralizante.
P. ¿Qué representa su libro?
R. Es una reparación para mostrar la riqueza
y diversidad del mapa cultural cubano. Se trata
de democratizar el pasado. En Cuba ha habido una
hegemonía del sujeto revolucionario y yo
he querido diversificar y reconocer a los actores
legítimos del proceso de reconstrucción
nacional.
P. La historia de los intelectuales parte de
sus escritos. ¿También de sus actos?
R. Me parece importante reconstruir las biografías
políticas de los intelectuales, pero me
opongo a que conformen expedientes. Es peligroso
un ejercicio de una justicia desmedida en un proceso
de transición a la democracia.
P. ¿Qué característica considera
que es única en Cuba?
R. La cercanía con EE UU es una condición
excepcional que produce una acumulación
simbólica muy especial. Comparándola
con otros regímenes totalitarios, también
es característico que la revolución
fuese compartida por la mayoría de intelectuales.
La dictadura se armó a partir de una revolución
muy popular. Los intelectuales sacaron a Castro
de la cárcel y lo llevaron al poder, y
luego la mayoría quería la revolución
pero rechazó el castrismo. Otra singularidad
es el tiempo. Medio siglo es mucho.
P. La guerra civil es un concepto insistente
en su libro.
R. Me resulta útil para captar el momento
en que se articula la primera oposición
a Castro, cuando un grupo ve señales de
radicalización y se opone. Ellos están
educados en la tradición revolucionaria
y ese movimiento queda desarticulado en la bahía
de Cochinos. Ellos fueron actores legítimos
de una guerra nacional. Este concepto también
sirve para sugerir que unos y otros compartieron
los valores de una misma cultura política:
el nacionalismo y la violencia les unen. Fueron
políticos de pistola en mano.
P. ¿Qué indica este movimiento
de rebuscar en las tumbas?
R. Es señal de que en la guerra civil,
la aniquilación acabó. La guerra
de la memoria es un conflicto de herederos que
están en proceso de duelo. Las dos últimas
generaciones de cubanos podrían hacer una
lectura de mayor reconocimiento.
P. ¿La cultura está llamada a jugar
un papel en el proceso de reconciliación
de Cuba?
R. Ya lo está jugando, está allanando
el camino para una reconciliación; no un
idilio acrítico, sino con memoria. La narrativa
de la memoria se da dentro y fuera de Cuba. Qué
tanto aprovecharán los actores políticos
de esto, no lo sé.
|