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CULTURA
¿Donde están las esculturas de Sierra?
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - A
consecuencia de la mojigatería que padeció
la revolución cubana desde 1959 hasta bien
entrada la década de los años noventa,
nunca se conoció el destino de aquella
extraordinaria colección de miniaturas
de figuras humanas, esculpidas en maderas preciosas,
perteneciente a Sierra, famoso escultor habanero,
muy recordado por quienes pasamos de los sesenta
años y tuvimos la suerte de haberlo conocido
y visitar su casa, donde exhibía sus obras,
de fuerte carácter erótico.
A finales de los años cincuenta visité
la casona de Sierra en compañía
del poeta Francisco Riverón Hernández
y el periodista de la revista Bohemia Bernardo
Viera. Era el cumpleaños del escultor.
Nada extraordinario ocurrió en la fiesta,
a la que acudieron decenas de sus amigos, que
no fuera la presencia de tres o cuatro damas que
le servían de modelos para su trabajo,
vestidas para la ocasión como Dios las
había traído al mundo.
Personas que jamás asistieron a las fiestas
de Sierra, repiten que eran verdaderas bacanales
donde irrumpía la policía con frecuencia.
Eso es falso por completo. Sierra era respetado
como artista, tanto como lo fue el resto de los
escultores de la época.
Durante los años que lo visité,
Sierra resultó ser una de las personas
más refinadas y agradables que he conocido
en mi vida. Tanto él como su compañera
de siempre eran ya octogenarios. No tenían
hijos, según recuerdo, razón por
lo cual nadie se preocupó por tener a buen
recaudo su obra escultórica, de la cual,
en casi medio siglo, no se han tenido noticias.
En la planta alta de su vivienda, en un salón
rodeado de ventanas, a todo lo ancho y largo del
inmueble, Sierra exponía sobre pedestales
cada una de las esculturas que representaban las
más variadas posiciones de una pareja durante
el coito: las tradicionales y las imaginadas por
él, verdaderas obras de arte que sorprendían
por su lirismo y belleza, donde el acto sexual
correspondía a lo más puro y natural
de la especie humana.
Las obras de Sierra no tenían más
de doce pulgadas de alto y de ancho, y sólo
en algunas esculturas podían verse ciertas
escenas muy atrevidas, donde participaba más
de una pareja.
Aquél salón no era visitado por
todos los que visitaban su casa. Lo tenía
reservado para sus amigos íntimos, casi
todos artistas y periodistas de pensamiento liberal,
para que no se confundieran erotismo y pornografía.
Sierra fue, sin duda, el Rodin cubano, desaparecido
como por arte de magia con la llegada de los guerrilleros
a La Habana en 1959.
Ni siquiera después que se ha conocido
ampliamente la obra erótica del pintor
Servando Cabrera Moreno, sacada de los almacenes
del Ministerio de Cultura a comienzos de 1990,
hemos vuelvo a admirar la obra escultórica
de Sierra, porque lamentablemente se ha esfumado
del ámbito nacional.
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