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Carlos
Franqui : "A los políticos les interesa el poder,
a mí cambiar el mundo"
Luis Sánchez-Moliní,
Diario
de Sevilla, 18 de mayo de 2006.
Sevilla. -Tres vocaciones marcan claramente su
vida: la intelectual, la política y la
periodística. ¿Cuál ha vivido
más intensamente?
-Sin duda, la cultura. Hay que ser cultos para
ser libres. El periodismo es una vocación
que tenía desde que era adolescente; en
él he hecho prácticamente de todo,
desde vender diarios hasta dirigirlos, y actualmente
lo sigo practicando. Sin embargo, no creo haber
sido nunca un político, porque a los políticos
les interesa el poder, algo que no comparto. A
mí lo que me interesa es cambiar el mundo.
-Además de a presentar sus memorias, viene
a la Feria del Libro para hablar de María
Zambrano. ¿Cómo fue su relación
con ella?
-La traté sobre todo en Ginebra. La lectura
de sus libros me había causado una profunda
impresión, ya que en ella convergen la
filosofía y la poesía. Es como si,
de una manera moderna, renaciera eso que en su
día fue Grecia. Cuando hablaba era un auténtico
poso de sabiduría y me arrepiento de no
haber grabado mis numerosas charlas con ella.
-Usted fue uno de los que forjó el apoyo
de los intelectuales europeos a la revolución
cubana. ¿Se arrepiente?
-Hay siempre mucha exageración en este
asunto. No niego que fui un protagonista de la
revolución, pero suponer que un guajiro
como yo fue el que convenció a intelectuales
como Sartre, Breton o Picasso, es mucho suponer.
Más bien creo que había mucha gente
(y todavía la hay) que estaba buscando
la revolución perdida y Cuba era un espejismo
muy tentador. También es cierto que muchos
de los que me acompañaron en la mistificación
de la revolución cubana luego estuvieron
conmigo a la hora de la desmitificación.
-¿Camilo Cienfuegos representa lo que
pudo ser y no fue la revolución?
-Fue un personaje interesantísimo. Junto
a Castro era el personaje más popular de
la revolución. Camilo representaba lo popular:
era muy simpático, amante de la libertad,
amigo de la fiesta. Pero, ante todo, era un personaje
independiente, que nunca fue comunista y que creía
en una revolución humanista inspirada en
Martí. En el momento que Fidel quiso dar
el giro comunista, Cienfuegos pasó a ser
un estorbo. En Cuba nadie duda de que fue Castro
el que lo quitó de en medio.
-Usted ha cultivado con pasión la crítica
de arte, además de escribir libros junto
a artistas como Calder, Miró o Tapies.
Además, dicen que tiene una magnífica
colección de obras.
-Precisamente, ahora voy a publicar un libro
con mis textos pictóricos, que son los
que me han dado de comer en el exilio. Tomé
mucho interés en que los pintores apoyasen
la revolución, algo que quedó patente
en el Salón de Mayo de 1967 en La Habana,
lo que no siempre fue comprendido por el entorno
de Castro. Respecto a mi colección, todas
las obras que tengo son regalos de pintores amigos.
-¿Es Cabrera Infante el gran escritor
cubano del siglo XX?
-Me unió a él una gran amistad.
Es el primer novelista cubano que consiguió
recrear literariamente lo que es bailar un son.
Sus novelas están llenas de música,
erotismo, humor... pura Cuba. Tenía un
gran sentido de la ética, la amistad y
el rigor. Le costó caro.
-¿Cómo ganó el apoyo de
Sartre a la revolución?
-Decidió apoyarla después de una
conversación que mantuvimos durante más
de dos horas. Se sorprendió mucho que en
Sierra Maestra leyésemos y discutiésemos
sobre el existencialismo. Cuando vino a La Habana
disfrutó mucho del baño de masas,
la gente lo llamaba por la calle por su nombre
de pila, algo a lo que no estaba acostumbrado
en Europa. Cuando se dio cuenta que la revolución
había dejado de ser espontánea para
convertirse en un aparato se llevó una
decepción y me miraba a mí como
el tipo que lo había embarcado en el asunto.
Carlos Franqui
Pocas personas han vivido una vida tan apasionante
como este hombre nacido en una familia campesina
cubana en 1921. Después de su paso por
el Partido Comunista, pronto abandonó estas
ideas para unirse a los barbudos de Sierra Maestra,
aún lejos del influjo de la URSS. A él
se debe el que lo mejor de la intelectualidad
europea apoyase a una revolución que él
mismo terminó repudiando por cambiar las
ideas de libertad por las del comunismo burócrata.
La cultura ha sido siempre su gran pasión
y la ha cultivado como animador, poeta, crítico
de arte y periodista. Es una de las bestias negras
del régimen de Castro, que lo tacha de
agente de la CIA y tiene una idea pesimista sobre
el futuro de Cuba. Sin embargo, sigue luchando
porque las libertades formales (¿hay otras?)
vuelvan a la isla.
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