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HISTORIA
El comercio de cabotaje en Cuba
Richard Roselló
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Cuba,
comparada con otras islas del Caribe, posee la
mayor longitud en sus costas, que cuentan con
grandes bahías, puertos, ensenadas, ríos
y esteros de fácil arribo. Esto permitía
en los tiempos de España que la comunicación
marítima de cabotaje alrededor del archipiélago
fuera una de las vías más aprovechadas
de las comunicaciones en la historia de la marina
cubana.
Como resultado de la expansión del comercio,
el número de buques de cabotaje se fue
tomando auge en todo el país a partir del
segundo cuarto del siglo XIX, cuando Cuba era
el primer exportador mundial de azúcar,
tabaco y café.
Cifras estadísticas señalan que
para 1839 contábamos con 887 barcos entre
goletas, pailebot y balandras, que hacían
viajes locales y nacionales. De ellos, 701 pertenecían
a la navegación de la costa norte de Cuba
comunicándose a través de los puertos
de Arroyo de Mantua, Cabañazas, Mariel,
La Habana, Puerto Escondido, Matanzas, Santa Cruz,
Caibarien, Nuevitas, Bariay y Nipe, mientras otros
186 hacían su ruta por el sur, entre los
puertos de la Coloma, Batabanó, Gerona
(en isla de Pinos), Casilda, Manzanillo y Santiago
de Cuba.
Durante 1840 las cifras indican que el número
de buques que surcaban la bahía de La Habana
era de 134, añadiéndole siete barcos
de vapor, tres de ellos acondicionados al transporte
de pasajeros, lujosamente diseñados con
camarotes muy elegantes, personales y de parejas,
y cuatro embarcaciones más para cargas
de todo tipo.
Esta necesidad del transporte de cabotaje estaba
satisfecha en lo posible, pues los barcos de vela
dedicados a este tráfico aumentaron en
la medida que los agricultores decidieron abrir
caminos terrestres accesibles a las costas para
garantizar una rápida vía para sus
productos al mercado, e incluso, barcos muy especializados
en mercancías ya existían desde
siglos atrás en Cuba para el traslado de
cueros de ganado, maderas y mieles.
De manera que el movimiento de nuestra marina
fue fortaleciéndose, y tanto que, los buques
podían entregar sus mercaderías
a los puertos y costas y, a su vez, retornar cargados,
con lo cual se economizaba y abarataban los viajes.
De hecho, al fomentarse una nueva finca agrícola,
se abrían nuevos potreros, se extendía
la producción de azúcar, se incrementaba
el consumo de tabaco, café y otras materias
primas, se abrían a estas demandas nuevos
puertos de cabotaje por lo que dejaba de ser el
puerto habanero zona exclusiva de barcos procedentes
de Europa, América y África, con
las consiguientes ventajas de llevar los frutos
a otros puertos de la isla.
Es así que comenzó a habilitarse
un puerto tras otro, y a lo largo de nuestras
costas fluía un intercambio de productos
extranjeros a cambio de las producciones nacionales
de la agricultura y la industria que superaron
siempre el abastecimiento sobre la demanda.
Un toque de primordial avance fue la llegada
del ferrocarril en 1837. Su presencia se extendió
años después a todo el país,
llevando incluso hasta la cabecera de las costas,
todas las mercancías producidas por las
poblaciones del interior, lo que aceleraba el
ramo de las comunicaciones marítimas y
a las facilidades, que a su vez, le brindaban
las terrestres y ferroviarias.
Al mediar el siglo XIX existían buques
capaces de cargar hasta 800 cajas de azúcar,
cuatro veces más de las que anteriormente
se transportaba. No obstante, la incertidumbre
de los vientos la hacían demorar, y el
azúcar, principal riqueza de los cubanos,
se estancaba en los puertos durante días,
lo que aumentaba los costos de estadía.
Como respuesta a esta situación, se destinaron
unos buques de poco calado denominados Propeller
que fueron barcos de vela de fondo plano y con
máquina de vapor pequeña, cuya ventaja,
les permitía navegar por estrechos canales
que formaban los cayos de la costa norte y, sur
oriental, haciéndose la navegación
más segura.
Un cálculo de la época estimaba
que aquellos Propellers realizaban una tercera
parte más que los viajes que comúnmente
hacían los buques de vela en esa ruta.
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