PRENSA INDEPENDIENTE
Mayo 12, 2006
 

CULTURA
La voz y el silencio de Lino Novás Calvo (II y final)

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Pero España fue también la guerra, la lucha al servicio de la República, y una acusación infame de traición puso al borde del fusilamiento a Lino Novás. Luego de la derrota republicana, el escritor atraviesa los Pirineos y llega París "con toda la tragedia de España en el alma". Retorna a La Habana en 1940 y se reincorpora al periodismo, pero es un hombre escéptico que ha perdido su fe política y rechaza cualquier tipo de lucha social.

Ejerce como periodista en los diarios Noticias de Hoy e Información. Se desempeña como subdirector de la revista Ultra, órgano de la Institución Hispano-Cubana de Cultura, y colabora en Grafos y en Bohemia. En la revista Orígenes publicó relatos de gran interés que recrean el ambiente y la problemática insular: "A ese lugar donde me llaman", "El cuarto de morir" y "¡Trínquenme ahí a ese hombre!". En 1944 La Gaceta del Caribe incluyó tres relatos suyos que expresan una atmósfera menos vernácula: "Cuentos entre dos guerras", "Once síntomas" y "Tumultos racistas". Para Ultra y Bohemia realizó traducciones del inglés y el francés.

La cercanía humana y literaria de Lino Novás Calvo con Ernest Hemingway, de quien tradujo El viejo y el mar, y sus lecturas habituales de Proust, Joyce, Lawrence y los norteamericanos Anderson y Faulkner, le permitieron asimilar e introducir en nuestras letras algunas corrientes de ideas y estilos que elevaron su crédito como narrador. Al traducir Point Counter Point, de Aldous Huxley; Sanctuary, de Faulkner, y Kangaroo, de DH Laurence, no sólo difunde a estos autores, sino que asimila sus técnicas renovadoras, lo que influyó en su manera de contar.

El la década de los años cuarenta Lino se consolida como periodista y narrador. Recibe los premios periodísticos Enrique José Varona y Eduardo Zequeira. En 1942 se le concede el Premio Nacional Alfonso Hernández Catá a su relato Un dedo encima, y un año después, su libro La luna nona y otros cuentos (Buenos Aires, 1942) obtuvo el Premio Nacional de Cuento otorgado por el Ministerio de Educación. Publica también las noveletas No sé quién soy (México, 1945) y En los traspatios (La Habana, 1946), y el libro de relatos Cayo Canas (Buenos Aires, 1946), que lo consagran como uno de los grandes narradores de las letras cubanas.

Un dedo encima es uno de los textos más sugerentes y de fuerte acento testimonial escritos por Novás Calvo. En esta pequeña obra maestra el narrador es un niño que describe el juego a la guerra en un solar habanero. El dramatismo del relato, el gran poder que le concede a las palabras y la hondura humana de esos seres marginales, demuestran que el autor recrea una realidad muy próxima a su vida.

Salvador Bueno ha señalado que este autor pertenece a la especie de los escritores de cosas. Las cosas, los gestos, los objetos menudos, las acciones pequeñas e imperceptibles adquieren en su obra una alta estimación y trascendencia. Se acerca de tal modo a los objetos que el realismo se convierte en inflarrealismo, debido a que, al cambiar la perspectiva, las minúsculas partículas de la realidad toman características enormes y dimensiones extraordinarias. De ahí la densidad de sus cuentos. Esa minuciosidad, ese detallismo son rasgos distintivos de todos sus relatos.

El uso de las técnicas más novedosas de la cuentística norteamericana -bien asimiladas por nuestro autor- es evidente en Cayo Canas, y no menor en la novela En los traspatios. En el primero reúne un grupo de relatos de gran valor lingüístico, estilístico y compositivo, que se inscriben, por derecho propio, en lo mejor de la narrativa hispanoamericana; entre ellos El otro cayo, La visión de Tamaría, Un dedo encima y el relato homónimo que emplea como título.

En La visión de Tamaría nos conduce el creador por los entresijos psíquicos del mundo interior de un joven ciego inmerso en la soledad y el aislamiento, y en el complejo de su ceguera. En El otro cayo, nos convierte en testigos de la magia afrocubana, el sobrecogimiento del hombre ante la naturaleza y toda una situación social de la que el escritor fue partícipe. En otro relato patético, Cayo Canas, nos revela el drama de Oquendo, el viejo contrabandista enfrentado al fuego de sus perseguidores y a su conciencia culpable.

En ese complejo de culpa la violencia y la marginalidad constituyen el telón de fondo de otro cuento excelente, La noche de Ramón Yendía, donde un simple chofer, obligado por las circunstancias, deviene informante de la policía machadista y, creyéndose perseguido, huye de supuestos captores revolucionarios durante la insurrección de agosto. La tragedia de este hombre acorralado es un testimonio literario de la revolución antimachadista, que según Garrandés, "gravita tutelarmente sobre la noveleta El acoso, de Alejo Carpentier, discípulo de Lino Novás Calvo.

En su magnífica noveleta En los traspatios, transitamos por la cotidianidad de una familia pobre sumergida en la desesperanza. El montaje cinematográfico de las escenas, el misterio en torno a Jubito, el niño nervioso que graba con asombro y precisión las formas y los colores, y el vecino avaricioso y en amoríos con la hija mayor de Ulpania, acentúan el predominio de un ambiente claroscuro que vislumbra el trágico desenlace.

La vida de Novás Calvo, salvando las diferencias de tiempo y espacio, fue tan dramática como la de Horacio Quiroga (1878-1937). Tal vez por ello encontramos ciertos paralelos en algunos de los cuentos de estos gigantes de la narrativa hispanoamericana: la atmósfera, la vida, la tanda de aventuras, la dramaticidad de los relatos, la presencia de los perseguidos, los inmigrantes y, por supuesto, de la muerte; siempre la muerte en la mayoría de sus textos.

En Novás Calvo está casi todo lo que aconteció después en la narrativa escrita en lengua española. En él se anuncian prematuramente las poéticas mayores de lo "real maravilloso" y el "realismo mágico", la narrativa de la violencia que predominó en las letras cubanas a partir de los años sesenta, y el despliegue técnico y lingüístico de los creadores que posteriormente mezclan tendencias y estilos en aras de una desmitificación necesaria y esencial.

Pero los que escriben sobre este autor generalmente relegan su obra periodística. Debo anotar que sus artículos ensayísticos no sucumben en la inmediatez del periodismo. Constituyen reflexiones agudas y flexibles sobre un tema donde el pensamiento encarna en las palabras con una libertad formal que es expresión de su maestría expositiva. Esta parcela de su creación está presente en los esbozos críticos de Avance y en otras publicaciones habaneras entre 1935 y 1947, fundamentalmente. Sus ensayos más memorables son, en mi opinión: El pathos cubano, escrito en España en 1935; Novela por hacer, 1941, y la serie El lenguaje en la novela y La novela en su medio, ambos de 1945.

Cada uno de los ensayos citados representa un cuerpo reflexivo de gran valor estético. En su conjunto acreditan una visión de la vida y las letras cubanas que proponen una estrategia de inversión, una lectura fenomenológica muy crítica y ajena a las fórmulas transitadas en la interpretación de los problemas abordados.

Cuando en agosto de 1960 Novás Calvo pide asilo en la embajada de Colombia y se establece en los Estados Unidos, se impone en la Isla un doble silencio sobre su nombre y su obra. El primero se debe al propio autor, que desde hacía más de una década se sentía "trabado en todas partes, en todas las técnicas, en todos los temas". El segundo obedece al condicionamiento político de la cultura y a la negación de las figuras que parten al exilio, lo que está en sintonía con la lamentable retórica de "amigos y enemigos".

Sólo algunos de los discípulos y seguidores comentaron su obra en tres décadas de silencio. A Lisandro Otero se debe un artículo reparador que lo califica como "un fragmento del patrimonio literario insular". Mientras que Jesús Díaz escribió el prólogo de Obra narrativa de Novás Calvo, publicada en La Habana en 1990. Cinco años después aparece el volumen Ocho narraciones policiales, antologado por José M. Fernández Pequeño, que reúne igual número de relatos publicados en la revista Bohemia entre 1948 y 1952. En 1997 la editorial Letras Cubanas publica por primera vez en la Isla Pedro Blanco, el negrero, con prólogo de Alberto Garrandés, uno de los más lúcidos estudiosos del autor.

Para apreciar el itinerario estético de Novás Calvo es imprescindible la reedición de su obra narrativa y ensayística, pues muchos de sus textos son desconocidos en España y en Cuba. La reciedumbre y sobriedad de su prosa magistral requiere el encuentro con el lector a la luz de la nueva sensibilidad.


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