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CULTURA
La voz y el silencio de Lino Novás Calvo (II y
final)
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - Pero
España fue también la guerra, la
lucha al servicio de la República, y una
acusación infame de traición puso
al borde del fusilamiento a Lino Novás.
Luego de la derrota republicana, el escritor atraviesa
los Pirineos y llega París "con toda
la tragedia de España en el alma".
Retorna a La Habana en 1940 y se reincorpora al
periodismo, pero es un hombre escéptico
que ha perdido su fe política y rechaza
cualquier tipo de lucha social.
Ejerce como periodista en los diarios Noticias
de Hoy e Información. Se desempeña
como subdirector de la revista Ultra, órgano
de la Institución Hispano-Cubana de Cultura,
y colabora en Grafos y en Bohemia. En la revista
Orígenes publicó relatos de gran
interés que recrean el ambiente y la problemática
insular: "A ese lugar donde me llaman",
"El cuarto de morir" y "¡Trínquenme
ahí a ese hombre!". En 1944 La Gaceta
del Caribe incluyó tres relatos suyos que
expresan una atmósfera menos vernácula:
"Cuentos entre dos guerras", "Once
síntomas" y "Tumultos racistas".
Para Ultra y Bohemia realizó traducciones
del inglés y el francés.
La cercanía humana y literaria de Lino
Novás Calvo con Ernest Hemingway, de quien
tradujo El viejo y el mar, y sus lecturas habituales
de Proust, Joyce, Lawrence y los norteamericanos
Anderson y Faulkner, le permitieron asimilar e
introducir en nuestras letras algunas corrientes
de ideas y estilos que elevaron su crédito
como narrador. Al traducir Point Counter Point,
de Aldous Huxley; Sanctuary, de Faulkner, y Kangaroo,
de DH Laurence, no sólo difunde a estos
autores, sino que asimila sus técnicas
renovadoras, lo que influyó en su manera
de contar.
El la década de los años cuarenta
Lino se consolida como periodista y narrador.
Recibe los premios periodísticos Enrique
José Varona y Eduardo Zequeira. En 1942
se le concede el Premio Nacional Alfonso Hernández
Catá a su relato Un dedo encima, y un año
después, su libro La luna nona y otros
cuentos (Buenos Aires, 1942) obtuvo el Premio
Nacional de Cuento otorgado por el Ministerio
de Educación. Publica también las
noveletas No sé quién soy (México,
1945) y En los traspatios (La Habana, 1946), y
el libro de relatos Cayo Canas (Buenos Aires,
1946), que lo consagran como uno de los grandes
narradores de las letras cubanas.
Un dedo encima es uno de los textos más
sugerentes y de fuerte acento testimonial escritos
por Novás Calvo. En esta pequeña
obra maestra el narrador es un niño que
describe el juego a la guerra en un solar habanero.
El dramatismo del relato, el gran poder que le
concede a las palabras y la hondura humana de
esos seres marginales, demuestran que el autor
recrea una realidad muy próxima a su vida.
Salvador Bueno ha señalado que este autor
pertenece a la especie de los escritores de cosas.
Las cosas, los gestos, los objetos menudos, las
acciones pequeñas e imperceptibles adquieren
en su obra una alta estimación y trascendencia.
Se acerca de tal modo a los objetos que el realismo
se convierte en inflarrealismo, debido a que,
al cambiar la perspectiva, las minúsculas
partículas de la realidad toman características
enormes y dimensiones extraordinarias. De ahí
la densidad de sus cuentos. Esa minuciosidad,
ese detallismo son rasgos distintivos de todos
sus relatos.
El uso de las técnicas más novedosas
de la cuentística norteamericana -bien
asimiladas por nuestro autor- es evidente en Cayo
Canas, y no menor en la novela En los traspatios.
En el primero reúne un grupo de relatos
de gran valor lingüístico, estilístico
y compositivo, que se inscriben, por derecho propio,
en lo mejor de la narrativa hispanoamericana;
entre ellos El otro cayo, La visión de
Tamaría, Un dedo encima y el relato homónimo
que emplea como título.
En La visión de Tamaría nos conduce
el creador por los entresijos psíquicos
del mundo interior de un joven ciego inmerso en
la soledad y el aislamiento, y en el complejo
de su ceguera. En El otro cayo, nos convierte
en testigos de la magia afrocubana, el sobrecogimiento
del hombre ante la naturaleza y toda una situación
social de la que el escritor fue partícipe.
En otro relato patético, Cayo Canas, nos
revela el drama de Oquendo, el viejo contrabandista
enfrentado al fuego de sus perseguidores y a su
conciencia culpable.
En ese complejo de culpa la violencia y la marginalidad
constituyen el telón de fondo de otro cuento
excelente, La noche de Ramón Yendía,
donde un simple chofer, obligado por las circunstancias,
deviene informante de la policía machadista
y, creyéndose perseguido, huye de supuestos
captores revolucionarios durante la insurrección
de agosto. La tragedia de este hombre acorralado
es un testimonio literario de la revolución
antimachadista, que según Garrandés,
"gravita tutelarmente sobre la noveleta El
acoso, de Alejo Carpentier, discípulo de
Lino Novás Calvo.
En su magnífica noveleta En los traspatios,
transitamos por la cotidianidad de una familia
pobre sumergida en la desesperanza. El montaje
cinematográfico de las escenas, el misterio
en torno a Jubito, el niño nervioso que
graba con asombro y precisión las formas
y los colores, y el vecino avaricioso y en amoríos
con la hija mayor de Ulpania, acentúan
el predominio de un ambiente claroscuro que vislumbra
el trágico desenlace.
La vida de Novás Calvo, salvando las diferencias
de tiempo y espacio, fue tan dramática
como la de Horacio Quiroga (1878-1937). Tal vez
por ello encontramos ciertos paralelos en algunos
de los cuentos de estos gigantes de la narrativa
hispanoamericana: la atmósfera, la vida,
la tanda de aventuras, la dramaticidad de los
relatos, la presencia de los perseguidos, los
inmigrantes y, por supuesto, de la muerte; siempre
la muerte en la mayoría de sus textos.
En Novás Calvo está casi todo lo
que aconteció después en la narrativa
escrita en lengua española. En él
se anuncian prematuramente las poéticas
mayores de lo "real maravilloso" y el
"realismo mágico", la narrativa
de la violencia que predominó en las letras
cubanas a partir de los años sesenta, y
el despliegue técnico y lingüístico
de los creadores que posteriormente mezclan tendencias
y estilos en aras de una desmitificación
necesaria y esencial.
Pero los que escriben sobre este autor generalmente
relegan su obra periodística. Debo anotar
que sus artículos ensayísticos no
sucumben en la inmediatez del periodismo. Constituyen
reflexiones agudas y flexibles sobre un tema donde
el pensamiento encarna en las palabras con una
libertad formal que es expresión de su
maestría expositiva. Esta parcela de su
creación está presente en los esbozos
críticos de Avance y en otras publicaciones
habaneras entre 1935 y 1947, fundamentalmente.
Sus ensayos más memorables son, en mi opinión:
El pathos cubano, escrito en España en
1935; Novela por hacer, 1941, y la serie El lenguaje
en la novela y La novela en su medio, ambos de
1945.
Cada uno de los ensayos citados representa un
cuerpo reflexivo de gran valor estético.
En su conjunto acreditan una visión de
la vida y las letras cubanas que proponen una
estrategia de inversión, una lectura fenomenológica
muy crítica y ajena a las fórmulas
transitadas en la interpretación de los
problemas abordados.
Cuando en agosto de 1960 Novás Calvo pide
asilo en la embajada de Colombia y se establece
en los Estados Unidos, se impone en la Isla un
doble silencio sobre su nombre y su obra. El primero
se debe al propio autor, que desde hacía
más de una década se sentía
"trabado en todas partes, en todas las técnicas,
en todos los temas". El segundo obedece al
condicionamiento político de la cultura
y a la negación de las figuras que parten
al exilio, lo que está en sintonía
con la lamentable retórica de "amigos
y enemigos".
Sólo algunos de los discípulos
y seguidores comentaron su obra en tres décadas
de silencio. A Lisandro Otero se debe un artículo
reparador que lo califica como "un fragmento
del patrimonio literario insular". Mientras
que Jesús Díaz escribió el
prólogo de Obra narrativa de Novás
Calvo, publicada en La Habana en 1990. Cinco años
después aparece el volumen Ocho narraciones
policiales, antologado por José M. Fernández
Pequeño, que reúne igual número
de relatos publicados en la revista Bohemia entre
1948 y 1952. En 1997 la editorial Letras Cubanas
publica por primera vez en la Isla Pedro Blanco,
el negrero, con prólogo de Alberto Garrandés,
uno de los más lúcidos estudiosos
del autor.
Para apreciar el itinerario estético de
Novás Calvo es imprescindible la reedición
de su obra narrativa y ensayística, pues
muchos de sus textos son desconocidos en España
y en Cuba. La reciedumbre y sobriedad de su prosa
magistral requiere el encuentro con el lector
a la luz de la nueva sensibilidad.
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