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DISIDENCIA
El poder de los sin poder
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba - Mayo (www.cubanet.org) - En
nuestra Isla, donde la censura tiene la edad del
régimen que detenta el poder, hay libros
prohibidos; tan prohibidos, que la inmensa mayoría
de la población desconoce títulos
y autores imprescindibles para entender la propia
realidad insular. Es el caso, por ejemplo, de
obras como Rebelión en la granja y 1984,
del gran escritor inglés George Orwell.
Tales libros, sin embargo, circulan de mano en
mano como un desafío a los policías
del espíritu, que pretenden controlar las
expresiones más íntimas del ser
humano.
En esta cuerda divergente se inscribe la obra
del escritor y político checo Vaclav Havel
(Praga, 1-10-1936). Al lector cubano se le impide
el acceso a sus libros, pues el dramaturgo y poeta
se sumergió en la lucha pacífica
contra el régimen impuesto en su patria
por la antigua Unión Soviética.
El creador de Fiesta en el jardín, Memorandum,
El foniatra, Anticódigos, Los conspiradores,
La audiencia, El hotel de montaña y otros
textos de gran valor literario, fundó el
Círculo de autores independientes y la
Carta de los 77, en las que ejerció un
protagonismo que lo llevó a la cárcel.
Al caer la dictadura fue elegido presidente de
Checoslovaquia, en diciembre de 1989, y de la
República Checa en 1993 y en 1998.
A Vaclav Havel se deben, además, ensayos
de gran agudeza sociológica como Cartas
a Olga, La reconstrucción moral de la sociedad
y El poder de los sin poder. El último
es uno de esos libros medulares que sólo
pueden ser escritos por quienes han padecido en
su propia piel el problema que describe, por lo
cual el texto literario cobra vida y llena de
luz las experiencias de las multitudes que sufrieron
en silencio el fenómeno analizado. La mesura
de la prosa, el estilo conciso, los ejemplos empleados
y las formulaciones ideológicas de este
ensayo contribuyen a la comprensión del
desastre que representó la construcción
del socialismo en Europa del Este. La praxis del
modelo descrito por Havel se hizo extensiva a
otras latitudes, donde aún subsiste la
dictadura del proletariado.
Hemos localizado un ejemplar de El poder de los
sin poder, en La Habana. Corresponde a Ediciones
Encuentro, Madrid, 1996. Quiero compartir con
el lector las impresiones que me causa esta obra,
pues en sus páginas Havel desnuda con precisión
el carácter que distingue a nuestro modelo
socio-político y las herramientas que le
permiten sostenerse.
El autor reflexiona en torno al concepto de "disidencia",
su sentido excluyente, la "oposición
de los ciudadanos de segunda", su papel en
el cambio, el lenguaje como instrumento de poder,
el sistema de gobierno totalitario, la actuación
de los "sin poder" y la respuesta de
la élite burocrática ante estos
luchadores pacíficos.
El escritor checo señala que el socialismo
difiere de las dictaduras tradicionales, pues
no tiene una extensión limitada, sino que
es común a un bloque, aunque posee peculiaridades
temporales y locales. Se basa en la autenticidad
de los movimientos sociales que le dieron origen,
lo cual legitimiza su permanencia en el poder
mediante un grupo de principios comunes y una
red de instrumentos de manipulación que
le aseguran una estabilidad extraordinaria. El
sistema asume o hereda "la inteligencia de
la lucha originaria, pero dispone de una ideología
más concisa y mejor estructurada",
que adquiere la importancia de una religión
secularizada: ofrece al hombre una respuesta rápida
ante su incertidumbre y una gran sugestión
hipnótica.
Al valorar el peculiar lenguaje comunista, advierte
que "es uno de los instrumentos más
diabólicos de avasallamiento de los unos
y del embelesamiento de los otros. Es un lenguaje
lleno de señuelos, esquemas ideológicos,
flores retóricas y estereotipos idiomáticos;
un lenguaje capaz, por una parte, de maravillar
enormemente a las personas que no hayan descubierto
su falsedad, o a las que no hayan tenido que vivir
en ese mundo manipulado, y al mismo tiempo, un
lenguaje capaz de despertar en otras personas
el miedo y el terror, obligándolas a disimular
permanentemente". Y agrega: "La gran
ventaja de ese lenguaje es que todo está
enlazado en firmes acoplamientos mutuos de un
sistema cerrado de dogmas que excluye todo lo
que no encaja en él, calificándolo
de subversión ideológica".
Al margen de la caracterización del lenguaje
charlatán y seudo heroico -que aún
sufrimos en la Isla- hay que agradecerle al ensayista
checo otras coordenadas ideológicas que
pueden orientar la lucha pacífica contra
el sistema totalitario que justifica las persecuciones,
denuncias, censuras, elecciones de participación
obligatoria; mientras "califica la esclavitud
como una forma superior de libertad, al pensamiento
independiente una servidumbre al imperialismo,
al espíritu de iniciativa personal una
depauperación de los otros y a los derechos
humanos un invento de la burguesía".
Entre esas coordenadas de gran valor sicológico,
Havel demuestra la esencia inhumana de un régimen
cuyos dogmas exigen la incondicionalidad del ciudadano
al orden político, imponiendo el silencio,
la mentira, la purga, la cárcel o el exilio.
Cabe preguntarse entonces: ¿Cómo
romper las tabulaciones de un sistema cerrado?
¿Cómo vivir en la verdad, sin la
doblez ética y la incoherencia moral? ¿Cómo
desmentir el discurso de la nomenclatura oficial
que denigra el pensamiento liberador? El autor
se detiene en el amplio y difícil camino
de la liberación personal y de la necesidad
de una revolución espiritual para frenar
el totalitarismo rampante y emprender la reconstrucción
moral, a fin de poner el poder en servicio del
hombre y no a la inversa.
En El poder de los sin poder, Havel esclarece
el papel dominante que juega la ideología
bajo la dictadura de una burocracia política
sobre la sociedad igualitaria. La ideología
llega a situarse por encima del hombre y hasta
del poder al cual sirve. Advierte, asimismo, que
el régimen basado en la propiedad estatal
puede ser el único gestor de trabajo, invertir
en el mismo y manipular a su antojo la propia
existencia humana. Con ese propósito retoma
el ideal revolucionario y convierte al ciudadano
en rehén de una gran patria exclusiva con
rango de Dios omnisciente y omnipresente. El castrismo
es un ejemplo ilustrativo, pues es una dictadura
que finge no serlo: pregona la libertad, la igualdad
y otros valores y derechos universales que utiliza
y aplasta con habilidad de prestidigitador.
En el ensayo que glosamos, el escritor checo
revela otras peculiaridades del socialismo, desde
las consignas ideológicas del entorno habitual
que conectan al hombre con el poder, hasta el
abismo entre los planes del sistema y los planes
de la vida: la vida tiende al pluralismo y la
organización independiente, pero el sistema
exige uniformidad y disciplina; es decir, vuelve
sobre sí mismo, pues conservar el poder
exige la autocinesis: el mundo de la apariencia
se impone como realidad. Tan sugestivas y profundas
acotaciones ponen en evidencia la red de mentiras
e hipocresías que atraviesan la vida. "Al
poder de la burocracia se le llama poder del pueblo;
a la clase obrera se la esclaviza en nombre de
la clase obrera; la humillación total del
hombre se contrabandea como su liberación
definitiva; a la arbitrariedad, aplicación
del ordenamiento jurídico; a la farsa electoral
como la forma más alta de democracia; a
la ocupación como ayuda fraterna. El poder
es prisionero de sus propias mentiras, y el individuo
ha de comportarse como si creyera esas mistificaciones,
soportarlas en silencio, vivir en la mentira".
No escapan a la mirada de Havel los rituales
del sistema ni la lucha enmascarada por el poder,
que se deshumaniza y elige a hombres anónimos
y sin voluntad propia, quienes actúan como
víctimas y soportes del mismo. Analiza
la estructura alienante del socialismo y cómo
el alineado apoya automáticamente al sistema.
Señala que a pesar de la autocinesis y
la autodefensa de "la vida es la mentira",
pueden aparecen alternativas al totalitarismo,
pues "la vida es la verdad" llega a
alcanzar una dimensión existencial, ética,
moral y política, poniendo en peligro las
maquinaciones de la burocracia política
y revelando sus falsedades.
Se detiene al respecto en el caso de su país,
pero esboza cómo el desmontaje del esquema
totalitario atravesó experiencias similares,
pues en las naciones de Europa que sufrieron el
sistema socialista se fueron abriendo paso las
intenciones reales de la vida. Los opositores
ganaron poder desde la fuerza potencial oculta
en cada sociedad, incluidas sus estructuras del
poder. Tales fuerzas no compitieron por el poder:
operaron en la penumbra de la existencia humana,
revelaron los problemas ocultos tras las mentiras
oficiales y crearon estructuras alternativas que
vencieron la apatía y la desesperanza.
Estos movimientos se debieron más a la
acción de intelectuales que de políticos.
Los disidentes ganaron poder sin usar los métodos
políticos tradicionales. La lucha por los
derechos humanos tuvo otros matices.
Por analogía -para el caso cubano- resultan
de gran interés las formulaciones que hace
Havel sobre los conceptos de oposición
y disidencia, empleados bajo el socialismo como
sinónimos de enemigos. "La postura
del disidente es la del interés por el
otro, por la mayoría social que sufre,
por lo que no se hace sentir". Los disidentes
-aclara- poseen más valor ético,
pero no son una élite, ni una fauna protegida
por el gobierno, sino una fuerza que desafía
el orden y lo pone en peligro, por lo cual enfrenta
la represión. Otras personas colindan con
la vida independiente: escritores, periodistas,
artistas, científicos y sacerdotes, quienes
se caracterizan por un alto grado de emancipación
interior.
Para estimular la lectura del libro de Vaclav
Havel, sólo añadiremos que esta
obra es un verdadero antídoto contra la
indefensión a la que ha sido sometido el
hombre por un régimen burocrático,
que trató de atarlo todo mediante ordenanzas,
leyes, eslogan y manipulaciones, llegando al extremo
de robarle al ciudadano hasta los sueños
y las perspectivas de cambiar su vida. En nuestra
Isla, sin embargo, el modelo tocó fondo
y renacen desde el pozo de la miseria las estrellas
del cambio. Surge "otra cultura" independiente
y reprimida, que niega los rituales del sistema
y representa un viraje hacia el hombre concreto.
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