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CORRUPCION
El tigre y el cascabel
Rafael Ferro Salas, Abdala Press
PINAR DEL RIO, Cuba - Marzo (www.cubanet.org)
- A nivel de gobierno se habló de erradicar
la corrupción en Cuba, pero la realidad
sigue siendo otra: aumenta la corrupción.
Viene con fuerza de tsunami arrasándolo
todo, de arriba hacia abajo. Y precisamente, los
situados más abajo, son las principales
víctimas de la corrupción en la
isla.
Productos vitales para la subsistencia escasean
y por arte de magia aparecen en el mercado subterráneo
a precios astronómicos. Para muchos, la
corrupción es un negocio bien diseñado
desde arriba como estrategia de supervivencia
para un sistema de gobierno que colapsa irremediablemente.
En un sistema con economía centralizada,
como el sistema cubano, la mala distribución
de los productos esenciales es responsabilidad
del Estado. Lo es también la fuga de esos
productos a las manos de vendedores clandestinos
y especuladores.
A principios de los años sesenta se creó
en Cuba la libreta de racionamiento en los abastecimientos
de la canasta básica familiar. A los cubanos
se les planifica desde arriba lo que van o no
van a comer.
Pasan los meses y no se venden productos que
en la calle no faltan; hay que salir a comprarlos
y los precios son altos. Los vendedores exigen
buen dinero por el riesgo que corren.
El vendedor clandestino se cuida del policía,
la mejor manera es entregando al gendarme parte
de su mercancía y de manera gratuita. También
hay que gratificar al inspector popular (persona
designada por el estado para controlar los bienes
que circulan). Al final de la cadena está
el ciudadano común, el justo que paga caro
por los pecadores.
El Estado se aferra a la idea paternalista de
repartir a todos por igual, y eso ya no se lo
cree nadie. Lo cierto es que la miseria es lo
único en este mundo que repartido toca
a más y los cubanos tienen experiencia
de ello.
La escasez siempre será caldo de cultivo
para la corrupción. A los que no sufren
escasez en Cuba, no les preocupa la corrupción,
nunca serán sus víctimas. Para los
de abajo la tarea es bien difícil. Para
los de arriba, es cuestión de estrategia;
no han diseñado aún el cascabel
que hay que poner en el tigre que ellos crearon.
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