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SOCIEDAD
Fumar ya no es un placer
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Después
de saborear un delicioso café, fumar un
cigarrillo de calidad equivale a llegar al cielo,
para los aficionados a ambos placeres. En el mundo
de hoy, donde por un lado los civiles son eliminados
como moscas por considerárseles "bajas
colaterales"; y por el otro, embargan su
"libertad de expresión" en nombre
de cualquier causa, fumar ya no es un placer,
sino un crimen monstruoso.
Fumar un habano, un puro, un tabaco o un cigarro,
es suficiente para que llueva sobre el auténtico
buscador de placer la dura sentencia de la más
reciente de las inquisiciones.
Por el camino que vamos, el hábito de
fumar será relegado al secreto de las catacumbas,
al interior de los bosques más intricados.
Pero no. En los bosques no se puede fumar, para
evitar incendios forestales. En definitiva, quedará
restringido a una descripción más
en una de las enciclopedias que se puedan consultar
en Internet.
En Cuba, el pasado año, las autoridades
prohibieron fumar en lugares públicos,
aunque los fumadores siguen expeliendo humo como
chimeneas bípedas, lo mismo sobre un camello
-vehículo de transporte colectivo- que
en los restaurantes.
A pesar de los 160 millones de excelentes habanos
exportados en 2005 hacia Europa, Medio Oriente
y América, salvo los Estados Unidos, la
mejor campaña antitabaco que las autoridades
cubanas llevan a cabo es la mala calidad de la
producción destinada al consumo nacional.
Los otrora famosos cigarrillos Populares, fabricados
para el consumo nacional, hoy son desdeñados
por una marca de reciente aparición, Criollos.
Sin embargo, para adquirir una caja hay que pagarla
a 10 pesos, es decir, tres pesos más que
al precio oficial, si no quieres andar un buen
trecho de cafetería en cafetería
al encuentro feliz de una cajetilla.
La cuestión se soluciona si se tienen
60 centavos en divisa. Entonces se puede comprar
un paquete de Populares, H Upmann o Monterrey.
Estos cigarrillos sí garantizan su calidad
desde el envoltorio de celofán. Y aunque,
si usted es conocedor, me dirá que los
Criollos también muestran el celofán
como abrigo de la cajetilla, no me discutirá,
luego de fumar uno, que el riesgo de la falsificación
me empuje a invertir el ahorrito de los cigarrillos
en aquéllos que se venden en divisa.
A pesar de que los Criollos se fabrican en Holguín,
la policía ya ha desarticulado varias pequeñas
fábricas clandestinas en La Habana, según
ha informado la prensa oficial. Lo que significa
que el tráfico se extiende a lo largo y
ancho del país.
Lo más seguro es introducir la mano en
el bolsillo y sacar los sesenta centavos en moneda
convertible que cuesta una caja de cigarrillos
de calidad garantizada, y echar un humazo. Claro
está, evitando molestar a los que desdeñan
la vieja costumbre de aquel indio taíno,
a quien Rodrigo de Jerez encontró fumando
en un lugar de la isla de Cuba.
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