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POLITICA
El consejo de Maquiavelo
Alejandro Tur Valladares, Jagua Press
CIENFUEGOS, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) -
Nicolás Bernardo de Maquiavelo fue un político
italiano que vivió entre los siglos 15
y 16. Fue inmortalizado por su obra literaria
El Príncipe, donde expone unos principios
políticos en los que la moral se sacrifica
al interés. De ahí su máxima:
"No importan los medios que se utilizan si
los fines son loables".
En El Príncipe, Maquiavelo aconseja a
los políticos sobre los mejores modos de
gobernar. Existe una recomendación en particular
en la que considero aparece reflejada la esencia
de su filosofía política. Es aquélla
donde advierte al príncipe que más
le vale edificar su mandato sobre los pilares
del miedo que sobre los inconsistentes -según
él- pilares del amor. "Más
le vale al príncipe ser temido que amado,
pues el amor pronto se olvida, pero el temor acompaña
por siempre a los hombres". Las enseñanzas
de Maquiavelo resultan una suerte de hoja de ruta
para ejercer la dictadura perfecta.
Casi cinco siglos después de su muerte,
Maquiavelo encontraría en esta isla del
Caribe a sus más fieles adeptos. Se puede
asegurar que su recomendación fundamental
no fue olvidada ni cayó en el vacío.
Desde los mismos comienzos de este proceso histórico
conocido como "la revolución cubana",
sus promotores decidieron gobernar siguiendo los
preceptos del consejero, e instauraron su mandato,
que ya dura 47 años, sobre el susto de
las bayonetas y los calabozos. Desde el año
1958 la política de acoso y terror ha sido
una constante, y el diapasón de métodos
represivos ha incluido desde los fusilamientos
masivos, muy de moda en los inicios del experimento
comunista, hasta los actuales actos de repudio.
Hay que subrayar, sin embargo, que instaurar
el miedo no ha sido un fin en sí mismo,
sino el medio a través del cual poder eternizar
el reinado de los que gobiernan. Por medio del
miedo se ha atomizado a la sociedad cubana, llevando
a que nadie confíe de nadie e impidiendo
que se puedan concertar proyectos con la suficiente
fuerza para que sirvan de alternativa al proyecto
oficial.
El miedo ha sido usado en forma verdaderamente
creativa por quienes detentan el poder en Cuba.
Una de las jugadas más brillantes ha sido
sembrar artificiosamente en la población
un sentimiento de amenaza de un enemigo abstracto,
ya sea interno o externo. Así, cada vez
que los gobernantes han necesitado de grandes
movilizaciones populares han señalado algún
peligro inminente.
Tanto ha calado el miedo en la psiquis de los
individuos que muchas veces llegan a negar su
propia personalidad, en un fenómeno que
se manifiesta ampliamente en la sociedad cubana,
y que solemos llamar "doble moral".
No tiene por ello nada de raro ver las plazas
públicas llenas a tope en actos políticos
en apoyo de aquéllos que en verdad detestan.
Si los mismos congregados encontraran el escenario
adecuado donde pudieran actuar sin trabas ni miedo,
de seguro otras serían sus manifestaciones
y actos.
Aún cuando es cierto que el miedo marca
el alma humana en forma profunda, el espíritu
humano tiene una capacidad de regeneración
misteriosa, que lleva a los pueblos a crecerse
sobre sus propias limitaciones y lograr su libertad.
Me niego a creer que el pueblo cubano sea la
excepción de la regla. El pasado está
lleno de ejemplos de valor, y el presente -para
pesar de los que disponen en Cuba- cada vez se
muestra más favorable para aquéllos
que se atreven a pensar y a expresar lo pensado.
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