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HISTORIA
Crónicas de un verdugo (V)
Automutilaciones
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - "Tú
te empeñas en lo de la UMAP. Compadre,
hay cosas más interesantes. Puedo hablarte
de La Cabaña o de cualquier otra cosa.
"Bueno, tienes razón, la UMAP fue
mucho con demasiado
sí, yo recorrí
casi todos los campamentos
cuando decidieron
acabar con aquello me encargaron una investigación.
Fui campamento por campamento, los compañeros
no entendían lo que pasaba, muchos fueron
castigados. ¿No me crees? Unos pocos, mal
mirados, bocones, que no fueron dialécticos,
fueron a parar a la vida civil. ¿Qué
más tú querías? Ellos sólo
cumplieron con su deber. Esos tipos, los UMAP,
eran lacras sociales, lo peor de la sociedad.
Si te pones a mirar derecho, la Revolución
les daba la posibilidad de reeducarse. La idea
como tal fue buena, lo que pasa es que los hombres
que tenían que cumplir con la tarea cometieron
excesos por ignorancia, frustración, rencor.
"Sí, como tú dices, nada justifica
lo que pasó, pero lo que sucede es que
miras al problema con los ojos de hoy. En aquellos
años era diferente, construíamos
una sociedad superior, habíamos avanzado
un palmo en la escala humana, habíamos
ascendido en la evolución a la categoría
de comunistas, la más alta de la especie.
Para construir ese futuro necesitábamos
un hombre nuevo, y nosotros teníamos la
misión de formarlo.
"Claro que lo creí. No, no era analfabeto.
Yo había estudiado en la Universidad hasta
que la cerraron. Entonces subí a la Sierra.
Por eso, por estar preparado, fue que creí.
Estaba convencido de que construíamos una
sociedad superior, que éramos hombres selectos.
Si pasabas por la Rampa encontrabas a esos tipos
con sus melenitas, perdiendo el tiempo, escuchando
esa música decadente, del capitalismo.
Veías a los maricones, pervertidos, pura
escoria, y los comparabas con nuestros milicianos,
con los alfabetizadotes, los obreros revolucionarios,
y te dabas cuenta de que algo andaba mal, que
a las papas podridas había que sacarlas
del saco. No se podía tener piedad, estaba
en juego el futuro.
"Uno de los peores campamentos, en mi opinión,
era el de Manga Larga. Ahí los mosquitos
eran fieros, enormes, volaban en bandadas negras
y se cebaban en los prisioneros.
"Se castigaba a los confinados de diversas
formas. Los amarraban a los postes a la entrada
de los campamentos, desnudos. Permanecían
largas horas sin beber agua, a sol y luna, acribillados
por los mosquitos. Otro castigo era el cepo, que
consistía en un cajón de madera
con el piso de cemento, de medio metro cuadrado,
donde metían al soldado UMAP en cuclillas
y lo cerraban con candado. Amarraban a los UMAP
en las cercas de alambre de púas, los enterraban
vivos, los metían en la llamada 'perra',
un agujero donde cabían dos o tres personas.
Los ponían sentados, desnudos, luego colocaban
un saco arriba y les echaban tierra. Si no cumplías
con las normas de trabajo te quitaban la comida.
Las palizas eran habituales, las ofensas, las
humillaciones
sentaban desnudos a los que
se negaban a usar el uniforme militar encima de
hormigueros
hundimientos en las letrinas
llenas de excrementos, ahogamientos, falsos fusilamientos,
flagelaciones con cables eléctricos torcidos,
fracturas de miembros, etc. Formaban parte del
repertorio 'educativo' en las UMAP.
"Los confinados intentaban fugarse constantemente,
pero eran perseguidos por los LCB (unidades especiales
de Lucha Contra Bandidos). Capturados, eran sometidos
a bárbaros castigos. Los campesinos, influenciados
por la propaganda oficial, les negaban ayuda a
los 'delincuentes' fugados, y los entregaban a
las autoridades. Otra vía de 'escape' eran
las automutilaciones. Se cortaban los tendones
de la mano con el machete, se amputaban miembros.
Muchas veces solicitaban ese 'servicio' a su compañero
de faena. Existía un grupo de confinados
a los que decían 'los cirujanos', que cortaban
a sus correligionarios a solicitud de éstos,
desesperados por escapar de aquel infierno una
hora, un día, lo que fuera. También
abundaban los suicidios.
"Sí, recuerdo algunos nombres de
campamentos: Antón, Ceballos, Cunagua,
La Cien, Cubitas, Chambas, Gato Prieto, Guayabal,
Infierno, Kilo 8, Las Tumbas, Manga Larga, Purificación,
Mola, Tres Golpes. Era unos 60, aproximadamente,
en la antigua provincia de Camagüey. Más
o menos 35 mil pasaron por los campamentos. Creo
que fueron 720 los muertos. Duró del 65
al 68.
"Se ordenó guardar absoluto silencio.
Fidel mandó a destruir los campamentos
y borrar todas las huellas de la barbarie".
Crónicas
de un verdugo (I)
Crónicas
de un verdugo (II)
Crónicas
de un verdugo (III)
Crónicas
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de un verdugo (X y final)
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