PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 17, 2006
 

HISTORIA
Crónicas de un verdugo (V)

Automutilaciones

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - "Tú te empeñas en lo de la UMAP. Compadre, hay cosas más interesantes. Puedo hablarte de La Cabaña o de cualquier otra cosa.

"Bueno, tienes razón, la UMAP fue mucho con demasiado… sí, yo recorrí casi todos los campamentos… cuando decidieron acabar con aquello me encargaron una investigación. Fui campamento por campamento, los compañeros no entendían lo que pasaba, muchos fueron castigados. ¿No me crees? Unos pocos, mal mirados, bocones, que no fueron dialécticos, fueron a parar a la vida civil. ¿Qué más tú querías? Ellos sólo cumplieron con su deber. Esos tipos, los UMAP, eran lacras sociales, lo peor de la sociedad. Si te pones a mirar derecho, la Revolución les daba la posibilidad de reeducarse. La idea como tal fue buena, lo que pasa es que los hombres que tenían que cumplir con la tarea cometieron excesos por ignorancia, frustración, rencor.

"Sí, como tú dices, nada justifica lo que pasó, pero lo que sucede es que miras al problema con los ojos de hoy. En aquellos años era diferente, construíamos una sociedad superior, habíamos avanzado un palmo en la escala humana, habíamos ascendido en la evolución a la categoría de comunistas, la más alta de la especie. Para construir ese futuro necesitábamos un hombre nuevo, y nosotros teníamos la misión de formarlo.

"Claro que lo creí. No, no era analfabeto. Yo había estudiado en la Universidad hasta que la cerraron. Entonces subí a la Sierra. Por eso, por estar preparado, fue que creí. Estaba convencido de que construíamos una sociedad superior, que éramos hombres selectos. Si pasabas por la Rampa encontrabas a esos tipos con sus melenitas, perdiendo el tiempo, escuchando esa música decadente, del capitalismo. Veías a los maricones, pervertidos, pura escoria, y los comparabas con nuestros milicianos, con los alfabetizadotes, los obreros revolucionarios, y te dabas cuenta de que algo andaba mal, que a las papas podridas había que sacarlas del saco. No se podía tener piedad, estaba en juego el futuro.

"Uno de los peores campamentos, en mi opinión, era el de Manga Larga. Ahí los mosquitos eran fieros, enormes, volaban en bandadas negras y se cebaban en los prisioneros.

"Se castigaba a los confinados de diversas formas. Los amarraban a los postes a la entrada de los campamentos, desnudos. Permanecían largas horas sin beber agua, a sol y luna, acribillados por los mosquitos. Otro castigo era el cepo, que consistía en un cajón de madera con el piso de cemento, de medio metro cuadrado, donde metían al soldado UMAP en cuclillas y lo cerraban con candado. Amarraban a los UMAP en las cercas de alambre de púas, los enterraban vivos, los metían en la llamada 'perra', un agujero donde cabían dos o tres personas. Los ponían sentados, desnudos, luego colocaban un saco arriba y les echaban tierra. Si no cumplías con las normas de trabajo te quitaban la comida. Las palizas eran habituales, las ofensas, las humillaciones… sentaban desnudos a los que se negaban a usar el uniforme militar encima de hormigueros… hundimientos en las letrinas llenas de excrementos, ahogamientos, falsos fusilamientos, flagelaciones con cables eléctricos torcidos, fracturas de miembros, etc. Formaban parte del repertorio 'educativo' en las UMAP.

"Los confinados intentaban fugarse constantemente, pero eran perseguidos por los LCB (unidades especiales de Lucha Contra Bandidos). Capturados, eran sometidos a bárbaros castigos. Los campesinos, influenciados por la propaganda oficial, les negaban ayuda a los 'delincuentes' fugados, y los entregaban a las autoridades. Otra vía de 'escape' eran las automutilaciones. Se cortaban los tendones de la mano con el machete, se amputaban miembros. Muchas veces solicitaban ese 'servicio' a su compañero de faena. Existía un grupo de confinados a los que decían 'los cirujanos', que cortaban a sus correligionarios a solicitud de éstos, desesperados por escapar de aquel infierno una hora, un día, lo que fuera. También abundaban los suicidios.

"Sí, recuerdo algunos nombres de campamentos: Antón, Ceballos, Cunagua, La Cien, Cubitas, Chambas, Gato Prieto, Guayabal, Infierno, Kilo 8, Las Tumbas, Manga Larga, Purificación, Mola, Tres Golpes. Era unos 60, aproximadamente, en la antigua provincia de Camagüey. Más o menos 35 mil pasaron por los campamentos. Creo que fueron 720 los muertos. Duró del 65 al 68.

"Se ordenó guardar absoluto silencio. Fidel mandó a destruir los campamentos y borrar todas las huellas de la barbarie".

Crónicas de un verdugo (I)

Crónicas de un verdugo (II)

Crónicas de un verdugo (III)

Crónicas de un verdugo (IV)

Crónicas de un verdugo (V)

Crónicas de un verdugo (VI)

Crónicas de un verdugo (VII)

Crónicas de un verdugo (VIII)

Crónicas de un verdugo (IX)

Crónicas de un verdugo (X y final)


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