PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 13, 2006
 

POLITICA
Rubén el terrible

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Su nombre de pila era Rubén Zaldívar, pero firmaba FBZ. Sus símbolos eran una grulla y un indio. A los que le dijeron que parecía negro, Orestes Ferrara, socarrón, contestó: "No, Batista parece blanco".

A Batista le halagaba que sus corifeos lo llamaran un hombre providencial. En realidad, siempre fue un audaz arribista que medraba en el caos. Otro producto indeseable de las convulsiones de 1933, pudo ser otro caudillo más pero, sin proponérselo, abonó el terreno para un por estos lares, insólito totalitarismo.

La etapa más vigorosa y saludable del republicanismo cubano se extendió de 1940 a 1952. Doce años de relativa estabilidad política y ascenso democrático. Paradojas de la historia: Batista abrió y cerró el paréntesis.

Se inició con la convocatoria a una asamblea constituyente que redactó una de las mejores constituciones de su tiempo. Batista, coqueteando con la izquierda, ganó limpiamente las elecciones presidenciales al frente de una coalición de partidos que incluía a los comunistas.

El paréntesis lo cerró abruptamente la madrugada del 10 de marzo de 1952, cuando penetró por una de las postas del campamento de Columbia para encabezar un golpe militar contra el gobierno de Carlos Prío.

La coartada de Batista para la fractura del orden constitucional era acabar con el pandillerismo, el robo del tesoro público y la demagogia sindical.

La cordialidad de Prío había cometido el error de permitirle regresar a Cuba desde su exilio dorado en Daytona Beach para aspirar de nuevo a la presidencia.

A pesar del descenso de la popularidad de los auténticos y el debilitamiento ortodoxo tras el suicidio de Chibás, las posibilidades de Batista para los comicios eran casi nulas. Sólo le quedaba recurrir a la vía más expedita para llegar al poder: el cuartelazo.

Los azares de nuestra historia republicana, desde los tiempos de las guerritas entre liberales y conservadores, arbitradas por los marines, hasta el radicalismo revolucionario de 1933, habían patentado el axioma de que la fuerza legitimiza, aunque sea a punta de pistola.

Batista conocía bien el método. Tuvo la suerte de tener los dados casi siempre a su favor.

Nació con el siglo, en Veguitas, Banes. Su madre, Carmela, lo nombró Rubén y le puso su apellido, Zaldívar. Belisario, el padre, no quiso inscribirlo como un Batista.

En las actas del juzgado de Banes siguió siendo legalmente Rubén Zaldívar hasta que en 1939, al ser nominado a la candidatura presidencial, se descubrió que la inscripción de nacimiento de Fulgencio Batista no existía. Conseguirla le costó postergar la presentación de su candidatura y quince mil pesos para pagar al juez.

Luego de haber sido cortador de caña en Birán y retranquero de ferrocarril en Camaguey y recadero de los guardias del cuartel del Tercio Táctico de Holguín, inició su carrera castrense.

En 1921, ingresó en Columbia como soldado del Cuarto Batallón de Infantería. El presidente Alfredo Zayas, que solía verlo leyendo mientras custodiaba su casa de campo, lo apodó El Filomático.

En 1933, a la caída de Machado, era sargento taquígrafo, vivía en la esquina de Toyo, estaba casado con Elisa Godínez y presumía, con porte militar, de mulato lindo entre las féminas. Los domingos, tomaba cerveza y jugaba dominó con los vecinos.

De los cuatro sargentos que lideraron la asonada del 4 de septiembre, Batista era el único que tenía carro. Los sargentos Pablo Rodríguez, José Eleuterio Pedraza y Miguel López Migoya lo unieron a su grupo por el carro. Le permitía desplazarse rápido. Además, como buen taquígrafo, era veloz tomando dictados.

La principal demanda de los conjurados era que les subieran el salario de 19 a 24 pesos.

Sergio Carbó, sin consultar con sus colegas pentarcas, nombró a Batista, el 8 de septiembre de 1933, Coronel Jefe de Estado Mayor. Con polainas altas y capote napoleónico, su 18 Brumario le llegó con los combates del Hotel Nacional y el castillo de Atarés.

Formó parte de una azarosa ecuación con Grau y Guiteras hasta que derrocó el gobierno provisional. Por entonces, como era el hombre fuerte de Cuba, lo apodaron El Hombre.

Autoritario y populista, desde Columbia instauró el reino de la fusta, las ejecuciones extrajudiciales y el palmacristi. Fue sólo un pálido anticipo de lo que vendría después del 10 de marzo.

Fue lo suficientemente tozudo como para malograr el Diálogo Cívico con la oposición. Prefirió dejar el camino abierto a los partidarios de la guerra civil.

La ofensiva contra la Sierra Maestra, el súper ebbo de babalaos en Guanabacoa, los trabajos del taita Hermenegildo y la farsa electoral no lograron evitar el triunfo de los barbudos.

El "terrible" general se limitó a alzar su copa para desear salud en el nuevo año y se largó a Santo Domingo con su familia y algunos de sus más cercanos colaboradores.

Fidel Castro traía la partida de defunción de la democracia cubana. Un 10 de marzo, seis años antes, Rubén el terrible había rubricado por anticipado: FBZ.

Batista murió, millonario de jet set, en 1973, en Madeira. Castro vive como tal al cabo de 47 años de poder absoluto en La Habana.


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