PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 13, 2006
 

HISTORIA
Cuba 1975-1985: Los años de gloria

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - La entrada de Cuba al CAME y los consiguientes subsidios del Este produjeron algunos resultados positivos en los finales de los 70, se frenó la caída en picado de la economía y comenzó una relativa estabilización.

La sovietización del país se profundizó. Tecnócratas soviéticos inundaron la isla, y prácticamente nada se podía hacer sin una consulta previa a los "estimados camaradas". Según cuenta un ministro de esos años, la decisión final sobre cualquier asunto debía aprobarla el asesor soviético. Los graduados en la URSS -ingenieros, técnicos y obreros calificados- se contaban por millares. Un gigantesco plan de formación de técnicos y especialistas cubanos se desarrolló en Europa del Este. Los trabajadores cubanos que se iban a formar allá, fundamentalmente en la República Democrática Alemana y Checoslovaquia, constituían una fuente inagotable de mano de obra barata para la industria de esos países.

Se comenzó en toda la isla una intensa campaña de aprendizaje del idioma ruso, que llegó incluso a sustituir a la enseñanza del inglés en la secundaria básica. El cine, la radio, la televisión se llenaron de programación proveniente del campo socialista, principalmente de la URSS. Los uniformes del ejército se copiaron del uniforme soviético, el himno de los pioneros cubanos fue desechado y se utilizó en su lugar el de los pioneros rusos. El culto a lo soviético alcanzó niveles altísimos. Cuba marchaba a paso acelerado hacia la integración con Europa del Este.

Todo parecía marchar bien para Castro y su grupo. Los subsidios cada vez mayores de la URSS le permitían llevar a vías de hecho su sueño de conquista revolucionaria. En 1975 Castro se involucra en el conflicto angolano, aventura que duraría 15 años y se extendería a otras regiones de Africa. Las tropas cubanas, armadas por los soviéticos, apuntalaban los regímenes marxistas del continente y se anotaban victoria tras victoria. Miles de jóvenes cubanos perdieron la vida, otros quedaron mutilados.

La mayor victoria de Castro en esos años la obtiene con el triunfo de los sandinistas en Nicaragua en 1979. Fidel Castro, que entonces era presidente del Movimiento de Países no Alineados, vivía momentos de euforia y delirante optimismo.

En 1977 Fidel Castro se reunía en La Habana con jóvenes exiliados cubanos integrantes de la Brigada Antonio Maceo, organización de izquierda de marcado radicalismo que reunía a exiliados simpatizantes con Castro. Era la primera ocasión desde el triunfo de la revolución en 1959 que una organización del exilio visitaba la isla.

La dinámica de algunos exiliados a favor del diálogo con Castro se vio favorecida con la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Jimmy Carter. Para Carter, la política hacia Cuba debía estar inserta en la visión globalista que propugnaba el trilateralismo. El proceso de mejoramiento de las relaciones entre el gobierno de La Habana y Washington favoreció el auspicio por parte del gobierno cubano de un Diálogo con Figuras Representativas de la Comunidad.

Las reuniones se efectuaron a finales de 1978 e inicios de 1979. Entre los acuerdos del Diálogo estuvo la liberación de cerca de 3,500 presos políticos, la flexibilización de la política migratoria y la autorización de las visitas a Cuba de los exiliados cubanos. Se fundó la Operación Reunificación Cubana, la cual se ocupó de recaudar fondos y organizar el traslado de los ex presos y sus familiares a los Estados Unidos. Cien mil cubanos exiliados pudieron visitar su patria en 1979. Muchos de ellos no veían a sus familiares desde hacía más de 15 años.

Pronto comenzó a deshacerse el cuadro de euforia. La sociedad cubana no estaba preparada para asumir las consecuencias de un cambio tan brusco en la política hacia el exilio. La idea original de Castro de propinarle un golpe irreversible a la resistencia anticastrista no resultó. Los acontecimientos dieron un giro inesperado, y el arma dirigida contra el exilio beligerante se volvió contra su creador.

El cubano de la isla había sido profundamente adoctrinado durante años. Le habían convencido de que era un ser superior, que estaba construyendo una sociedad superior. Los cubanos que habían marchado al exilio eran unos traidores y por tanto habían dejado de ser cubanos. En el capitalismo norteamericano se morían de hambre y eran discriminados por su condición de latinos. Las imágenes que llegaban esporádicamente de "la otra orilla", las cosas que algunos escuchaban a escondidas por las emisoras "enemigas" eran pura propaganda. Cantos de sirena del capitalismo para atraer incautos.

De golpe, los traidores estaban aquí. Ya no eran gusanos, ahora eran comunitarios. La imagen que presentaban era bien distinta al modelo que habían diseñado del cubano exiliado. Venían cargados de cosas que parecían de ensueño para el empobrecido habitante de la isla. Era la época de la libreta de productos industriales, eran los tiempos más feroces del racionamiento. Los efectos electrodomésticos provenientes de Europa del Este eran tecnológicamente obsoletos, había que ganárselos en el centro de trabajo en asambleas de méritos que eran un verdadero circo. La alimentación del cubano de la isla era magra y poco variada. La comparación entre los cubanos de las dos "orillas" era muy desfavorable para el cubano de este lado, para qué hablar de libertades y derechos. El impacto sobre las mentalidades fue profundo. Muchos descubrieron que habían sido lastimosamente engañados.

Los síntomas del estancamiento económico se empezaban a hacer visibles. El asesoramiento soviético no estaba dando los resultados esperados, y Castro intenta pasar de nuevo a posiciones más centralistas y conservadoras.

La crisis era evidente. En abril de 1980, en sólo tres días, casi 11 mil cubanos se asilaron en la embajada del Perú en La Habana. En esos días se produce una de las famosas crisis migratorias, que tan bien ha sabido manejar el régimen de La Habana, la crisis del Mariel. Castro autoriza la salida masiva de cubanos desafectos, y Carter les ofrece hospitalidad. Más de 130 mil cubanos se marchan por el puerto de Mariel. El régimen, asustado por la fuerza de los acontecimientos, recurre a la represión de los que se quieren marchar, en un intento por detener la ola migratoria. A los ojos del mundo se estaba realizando el mayor plebiscito de la historia revolucionaria, y era desfavorable al sistema. Castro recurre a los actos de repudio. Grupos armados de palos, cabillas y bates de béisbol, verdaderas turbas, cercan en sus viviendas a los que quieren emigrar, les cortan el agua, la luz y el gas, les impiden salir de las casas. No se detienen ante nada, ni ante mujeres, niños ni ancianos. Golpea, humillan, matan a golpes. Las escenas más deleznables de la historia patria se viven en esos días. Los individuos, no importa la edad ni el sexo, capturados por las turbas frenéticas, son obligados a caminar desnudos, en plena vía pública, entre insultos y golpes. Les arrojan huevos, tomates, pintura, excrementos. Nunca se ha sabido la cifra total de muertos y heridos en esos días, pero debe de ser significativa, teniendo en cuenta las referencias de testigos presenciales.

Ante la crisis, Castro se mueve hacia el pasado; ante el estancamiento económico y el fracaso de la sovietización, lanza una campaña, llamada de "rectificación de errores y tendencias negativas", intentando mantenerse a flote.


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