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DEPORTES
Los espartanos
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - El equipo que representará a Cuba en el Clásico Mundial de Béisbol ya está en San Juan, Puerto Rico. Comprometidos con el Comandante a vencer. Vigilados como rehenes por segurosos anónimos para que ninguno pueda desertar.
Los bautizaron Los espartanos. Los abanderaron como si partieran a emprender una riesgosa misión militar. Les hablaron de honor y moral, como si el destino de la Patria dependiera de ellos.
Afirmaron que, como los guerreros de la belicosa Esparta, volverían con el escudo o sobre el escudo.
Demasiado tremebunda la frase. El deporte y la política no ligan, aunque suene ingenuo al oído de los jerarcas afiebrados. En el deporte se gana o se pierde. Triunfan los mejores. Así de sencillo. ¿Cómo se supone que sea volver sobre el escudo? ¿Y si no ganan? ¿Morirán en el empeño y serán sepultados como héroes de la Patria?
El Máximo Líder se reunió con los peloteros de la selección y los alentó a vencer. Altos dirigentes del estado y el partido los despidieron en la losa del aeropuerto de Rancho Boyeros. Allí volvieron a insistir en lo de los escudos.
Se supone, es la gran esperanza del régimen, que regresen como campeones y repitan el ritual de dedicar, entre sollozos emocionados, sus trofeos y medallas a "Fidel y la Revolución".
La manía comunista por las hazañas deportivas y el entrenamiento deportivo no es fortuita. El deporte se exhibe como uno de los logros de la revolución.
Los triunfos del deporte cubano, ampliamente propagandizados, entrañan un mensaje ideológico: la alegada superioridad del sistema social cubano sobre el capitalismo.
Las proezas cubanas deben hacer suponer que el comunismo de Fidel Castro produce seres fuertes y sanos, con mejores puños, músculos de acero, capaces de saltar y correr más que sus competidores. Por supuesto, también deben ser mejores bateadores.
De ahí el interés en la leyenda del deporte cubano nacido con la revolución. Su inscripción de nacimiento es la misma que la del INDER. Condenaron al olvido a las glorias deportivas anteriores a 1959. Como si antes de Teófilo Stevenson, Enrique Figarola, Alberto Juantorena, Ana Fidelia Quirós y Javier Sotomayor no hubieran existido Raúl Capablanca, Kid Chocolate, Martín Dihigo, Camilo Pascual, Willy Miranda y Orestes Miñoso.
Como si antes de Industriales y Santiago no hubieran existido dos equipos nombrados Habana y Almendares.
Los nombres de Liván y el Duque Hernández, Kendry Morales y los demás jugadores que desertaron de la pelota de la Revolución, fueron automáticamente borrados de las actas de la historia deportiva oficial.
En la Cuba fiscalizada por los mandamases, la pelota mayor de las Grandes Ligas ha sido una herejía, un hobby anómalo, costoso y penalizado.
Toda la afición cubana está pendiente de la actuación del equipo insular en el Clásico Mundial. Para los cubanos, el béisbol es una pasión nacional. Casualmente, lo es también para el Comandante en Jefe.
El torneo constituye un reto crucial para los peloteros cubanos. Ha despertado apasionamientos y discusiones callejeras.
Algunos aseguran que ésta será la primera vez que los cubanos jugarán al duro después de 1959. Que ahora no chocarán con amateurs universitarios poco fogueados.
Pienso que es demasiado categórica la afirmación. Olvidan los juegos con los Orioles. Negar la demostrada calidad de los peloteros cubanos es un disparate. Después de todo, la pelota cubana es otra forma de profesionalismo.
Los peloteros cubanos, presiones, prebendas, y claro, calidad mediante, pueden deparar sorpresas.
Por lo pronto, durante varios días, los cubanos se distraerán un poco de sus penurias, y en el caso de los habaneros, se olvidarán de los desmanes del "corta caras" para concentrar su atención en el Clásico Mundial.
Si la selección cubana triunfa, el gobierno preparará un recibimiento apoteósico. En el caso contrario, es decir, si vuelven sobre el escudo, se anotará "otra victoria moral". Ya hemos visto esa película también.
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