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HISTORIA
El fracaso de los sesenta
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Fidel
Castro declaró el carácter socialista
de su gobierno el 15 de abril de 1961, dos días
antes del desembarco de Playa Girón. A
lo largo de los años sesenta fueron confiscados
los medios de comunicación, las escuelas
privadas y las principales empresas industriales,
agrícolas y comerciales del país.
Había desaparecido todo vestigio de libertad
de expresión, y las cárceles estaban
repletas de prisioneros políticos en condiciones
infrahumanas.
Los sesenta fueron los años de la UMAP
(GULAG castrista) y de la ofensiva revolucionaria
del 68, que barrió con todas las pequeñas
empresas privadas, y no perdonó ni a las
quincallas ni a los timbiriches.
Durante el verano del 61 el Movimiento 26 de
Julio, el Directorio Revolucionario y el Partido
Socialista Popular se funden en una sola organización,
las Organizaciones Revolucionarias Integradas
(ORI). Aníbal Escalante, nombrado secretario
de organización de las ORI, utiliza la
estructura del PSP para organizar el nuevo partido,
y favorece a los cuadros comunistas en la conformación
de la dirección de las ORI, lo que crea
grandes tensiones con el 26 de Julio y el Directorio.
En marzo de 1962, poco después de la purga
llevada a cabo contra los viejos comunistas a
partir de la acusación hecha por Fidel
Castro de la existencia de deformaciones sectarias
en las filas revolucionarias, se comienza la construcción
de lo que sería el Partido Unido de la
Revolución Socialista (PURS), que daría
paso en 1965 al Partido Comunista de Cuba.
En un inicio, la estrategia estaba clara para
los comunistas cubanos: utilizar la economía
planificada y la propiedad estatal sobre los medios
de producción para avanzar rápidamente
hacia la industrialización y el desarrollo
económico. El Che pronosticaba en Punta
del Este en julio de 1961: "En una década
Cuba alcanzará a los Estados Unidos".
Un país tan desarrollado económicamente
como los Estados Unidos, pero con una distribución
igualitaria de la riqueza y con una sociedad espiritualmente
superior. Para lograr estos objetivos, para construir
la nueva sociedad ideal, era necesario construir
un hombre diferente, el "hombre nuevo".
Un tipo suprahumano, perfecto, terrible.
Una sociedad perfecta, superior, no podía
coexistir con desviaciones del pasado capitalista,
con rezagos burgueses que entorpecían la
llegada del futuro luminoso comunista. El tiempo
apremiaba y a los rezagados les pasaría
por encima la rueda de la historia. Para eso se
crearon las Unidades Militares de Apoyo a la Producción
(UMAP), la terrible GULAG castrista a donde fueron
a parar los considerados "lacras sociales"
por la férrea moral comunista.
En enero del 62, Cuba deja de ser miembro de
la Organización de Estados Americanos (OEA).
En febrero, en su Segunda Declaración de
La Habana, Fidel Castro insta a los pueblos latinoamericanos
a que se levanten contra el imperialismo.
La decisión de instalar cohetes nucleares
soviéticos en Cuba en octubre de 1962 pone
al mundo al borde del holocausto nuclear.
La Segunda Ley de Reforma Agraria, decretada
en noviembre de 1963 por el gobierno, expropia
todas las fincas privadas de más de 167
acres. Once mil propiedades son confiscadas.
En los años sesenta se alteró el
ritmo de la vida nacional, se afectaron las costumbres
y las tradiciones, se produjo una ruptura con
el pasado, se fomentó una educación
atea, se prohibieron las celebraciones religiosas,
se cambiaron los textos de historia y las efemérides
patrióticas, se acabó con el pluripartidismo.
Más allá de la simple colectivización
de los medios de producción, más
allá de nacionalizaciones, intervenciones,
confiscaciones y ofensivas revolucionarias, más
allá de la sustitución de la economía
de mercado, de la desaparición de la propiedad
privada, se destruyó la cultura cristiana,
el modo de vida occidental, se extirparon creencias,
tradiciones y valores.
La extrema izquierda imponía sus criterios.
A la controversia que existía en el campo
socialista, a las preguntas planteadas por la
experiencia soviética de si actuaba en
el socialismo la ley del valor, de si debían
existir relaciones monetarias mercantiles y cuál
era el papel del dinero en la nueva sociedad,
respondieron en 1965 con que no se requería
cobrar impuestos, no hacía falta elaborar
presupuestos ni llevar estadística económica
o financiera, que eran innecesarios los cobros
y pagos entre empresas, por lo que no hacía
falta la contabilidad. Se llegó a discutir
la necesidad de la existencia del dinero. La escasez
se hizo crónica y prosperó el mercado
negro. El país entró en una economía
de tiempo de guerra.
El PCC rechazaba los viejos dogmas del movimiento
comunista internacional. Llevar la revolución
a todo el mundo se convirtió en uno de
los pivotes de la política castrista. Cuba
iba a construir el socialismo y luego el comunismo
en unos años. Luchar contra la burocracia,
extirpar de raíz los valores pequeño
burgueses, lograr una zafra de 10 millones de
toneladas de azúcar para 1970, organizar
el poder local bajo la dirección carismática
del máximo líder constituyeron las
líneas principales que llevarían
a Cuba al gran objetivo de liderar el movimiento
revolucionario internacional. El poder local se
conformaría mediante una selección
sometida al severo escrutinio del PCC. Nada de
elecciones directas ni de voto secreto para elegir
a los delegados del poder local.
Crear una nueva conciencia, un individuo que
pusiera sobre todas las cosas la moral socialista,
desprendido, ajeno a los intereses materiales.
Crear una cultura colectivista que, acompañada
de la socialización de los bienes de producción,
llevaría a Cuba a ser el primer país
comunista.
Dentro de este experimento no concebían
la menor relación entre esta nueva conciencia
que construían a pasos agigantados y la
democracia formal. La participación popular
se circunscribía a la amplia y entusiasta
participación y colaboración de
todos los individuos en el proyecto, guiados por
Fidel Castro y el partido. La democracia era una
execración en esas circunstancias.
La industrialización acelerada con que
soñaran Castro y sus partidarios en los
primeros años de la década de 1960
fracasó rápidamente, y Castro optó
por centrar su economía en el azúcar.
La combinación entre la desaparición
de la clase empresarial, los caprichos de Castro,
la crasa ignorancia de los administradores estatales
-elegidos por su fidelidad más que por
su capacidad- arruinó el aparato productivo
del país, provocando niveles altísimos
de inflación y de carestía, situación
que hizo crisis en 1970.
En 1970 debían producirse 10 millones de
toneladas de azúcar, y a ese arbitrario
fin consagró todos los recursos económicos
del país. Aquella zafra, la más
larga de la historia del país, rindió
8.4 millones de toneladas de azúcar y hundió
la economía nacional.
El 26 de julio de 1970 Castro realizó
otro de sus audaces gestos dramáticos.
Ante el pueblo concentrado en la Plaza de la Revolución
hizo una valoración de la situación
del país, situación realmente compleja,
y propuso su renuncia al puesto de Primer Ministro
si el pueblo así lo deseaba. Todos gritaron
"¡No renuncies!", y él
consideró entonces que el pueblo le había
ratificado democráticamente su confianza.
Los sindicatos fueron prácticamente disueltos
entre 1967 y 1968. ¿Para qué hacían
falta, si estaba en el poder el partido de los
obreros y los campesinos? El énfasis de
los incentivos morales y la reducción de
los cuadros sindicales contribuyó a la
desaparición. No existían fronteras
institucionales entre el gobierno, el partido
y los sindicatos. El fin más alto, la meta
real, era construir el comunismo a partir del
modelo cubano. Para qué detenerse en asuntos
secundarios, en problemas laborales y en la defensa
de los derechos de los trabajadores, si estaban
construyendo el comunismo, ¿no?
A fines de la década de 1960 la cifra
de presos políticos ascendió a 60
mil. Nunca antes en la historia de Cuba se habían
colmado de tal forma las cárceles. Además
de las tradicionales prisiones de Isla de Pinos,
La Cabaña y el Príncipe, 200 nuevas
prisiones se construyeron a lo largo y ancho del
país.
El presidio político, creado con el fin
de quebrantar el espíritu de resistencia
del pueblo, atemorizar a los opositores y a los
disidentes, tiene además la función
de castigar. Es un sistema carcelario arcaico
que desconoce todos los adelantos logrados por
el derecho penal en el mundo moderno, y se le
puede calificar de vengativo, arbitrario y cruel.
La revolución fue sofocando sin miramientos
legales ni humanos cualquier manifestación
de resistencia.
Una parte de la élite ciudadana nacional
se vio precisada a abandonar el país. Otro
grupo prefirió luchar en defensa de su
cultura, de sus valores, de sus creencias. La
vieja idea de dejar en manos de la hermana nación
del norte la solución de los problemas
nacionales le prestó un flaco servicio
a la nación. Castro se alió con
la plebe, comenzaron a proliferar los sans culottes,
la cultura occidental cristiana fue sustituida
por la concepción radical violenta y delirante
del castrismo.
Cuba llegó a los 70 sumergida en el fracaso
económico de Castro. Su experimento industrializador
no había conducido a ninguna parte. La
famosa zafra de 1970 terminó en un desastre,
su intento de convertirse en líder de la
revolución mundial finalizó con
la muerte del condotiero Guevara. El nuevo profeta
de la revolución permanente enfrentaba
la derrota de sus guerrillas latinoamericanas,
capturados y liquidados sus focos guerrilleros
en muchas regiones. Su sueño de ejercer
el liderazgo mundial del movimiento comunista
se le escapaba de las manos. No le quedaba más
remedio que obedecer las órdenes del Kremlin
y portarse bien.
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