PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 9 , 2006
 

HISTORIA
El fracaso de los sesenta

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Fidel Castro declaró el carácter socialista de su gobierno el 15 de abril de 1961, dos días antes del desembarco de Playa Girón. A lo largo de los años sesenta fueron confiscados los medios de comunicación, las escuelas privadas y las principales empresas industriales, agrícolas y comerciales del país. Había desaparecido todo vestigio de libertad de expresión, y las cárceles estaban repletas de prisioneros políticos en condiciones infrahumanas.

Los sesenta fueron los años de la UMAP (GULAG castrista) y de la ofensiva revolucionaria del 68, que barrió con todas las pequeñas empresas privadas, y no perdonó ni a las quincallas ni a los timbiriches.

Durante el verano del 61 el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular se funden en una sola organización, las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI). Aníbal Escalante, nombrado secretario de organización de las ORI, utiliza la estructura del PSP para organizar el nuevo partido, y favorece a los cuadros comunistas en la conformación de la dirección de las ORI, lo que crea grandes tensiones con el 26 de Julio y el Directorio.

En marzo de 1962, poco después de la purga llevada a cabo contra los viejos comunistas a partir de la acusación hecha por Fidel Castro de la existencia de deformaciones sectarias en las filas revolucionarias, se comienza la construcción de lo que sería el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS), que daría paso en 1965 al Partido Comunista de Cuba.

En un inicio, la estrategia estaba clara para los comunistas cubanos: utilizar la economía planificada y la propiedad estatal sobre los medios de producción para avanzar rápidamente hacia la industrialización y el desarrollo económico. El Che pronosticaba en Punta del Este en julio de 1961: "En una década Cuba alcanzará a los Estados Unidos". Un país tan desarrollado económicamente como los Estados Unidos, pero con una distribución igualitaria de la riqueza y con una sociedad espiritualmente superior. Para lograr estos objetivos, para construir la nueva sociedad ideal, era necesario construir un hombre diferente, el "hombre nuevo". Un tipo suprahumano, perfecto, terrible.

Una sociedad perfecta, superior, no podía coexistir con desviaciones del pasado capitalista, con rezagos burgueses que entorpecían la llegada del futuro luminoso comunista. El tiempo apremiaba y a los rezagados les pasaría por encima la rueda de la historia. Para eso se crearon las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), la terrible GULAG castrista a donde fueron a parar los considerados "lacras sociales" por la férrea moral comunista.

En enero del 62, Cuba deja de ser miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA). En febrero, en su Segunda Declaración de La Habana, Fidel Castro insta a los pueblos latinoamericanos a que se levanten contra el imperialismo.

La decisión de instalar cohetes nucleares soviéticos en Cuba en octubre de 1962 pone al mundo al borde del holocausto nuclear.

La Segunda Ley de Reforma Agraria, decretada en noviembre de 1963 por el gobierno, expropia todas las fincas privadas de más de 167 acres. Once mil propiedades son confiscadas.

En los años sesenta se alteró el ritmo de la vida nacional, se afectaron las costumbres y las tradiciones, se produjo una ruptura con el pasado, se fomentó una educación atea, se prohibieron las celebraciones religiosas, se cambiaron los textos de historia y las efemérides patrióticas, se acabó con el pluripartidismo. Más allá de la simple colectivización de los medios de producción, más allá de nacionalizaciones, intervenciones, confiscaciones y ofensivas revolucionarias, más allá de la sustitución de la economía de mercado, de la desaparición de la propiedad privada, se destruyó la cultura cristiana, el modo de vida occidental, se extirparon creencias, tradiciones y valores.

La extrema izquierda imponía sus criterios. A la controversia que existía en el campo socialista, a las preguntas planteadas por la experiencia soviética de si actuaba en el socialismo la ley del valor, de si debían existir relaciones monetarias mercantiles y cuál era el papel del dinero en la nueva sociedad, respondieron en 1965 con que no se requería cobrar impuestos, no hacía falta elaborar presupuestos ni llevar estadística económica o financiera, que eran innecesarios los cobros y pagos entre empresas, por lo que no hacía falta la contabilidad. Se llegó a discutir la necesidad de la existencia del dinero. La escasez se hizo crónica y prosperó el mercado negro. El país entró en una economía de tiempo de guerra.

El PCC rechazaba los viejos dogmas del movimiento comunista internacional. Llevar la revolución a todo el mundo se convirtió en uno de los pivotes de la política castrista. Cuba iba a construir el socialismo y luego el comunismo en unos años. Luchar contra la burocracia, extirpar de raíz los valores pequeño burgueses, lograr una zafra de 10 millones de toneladas de azúcar para 1970, organizar el poder local bajo la dirección carismática del máximo líder constituyeron las líneas principales que llevarían a Cuba al gran objetivo de liderar el movimiento revolucionario internacional. El poder local se conformaría mediante una selección sometida al severo escrutinio del PCC. Nada de elecciones directas ni de voto secreto para elegir a los delegados del poder local.

Crear una nueva conciencia, un individuo que pusiera sobre todas las cosas la moral socialista, desprendido, ajeno a los intereses materiales. Crear una cultura colectivista que, acompañada de la socialización de los bienes de producción, llevaría a Cuba a ser el primer país comunista.

Dentro de este experimento no concebían la menor relación entre esta nueva conciencia que construían a pasos agigantados y la democracia formal. La participación popular se circunscribía a la amplia y entusiasta participación y colaboración de todos los individuos en el proyecto, guiados por Fidel Castro y el partido. La democracia era una execración en esas circunstancias.

La industrialización acelerada con que soñaran Castro y sus partidarios en los primeros años de la década de 1960 fracasó rápidamente, y Castro optó por centrar su economía en el azúcar. La combinación entre la desaparición de la clase empresarial, los caprichos de Castro, la crasa ignorancia de los administradores estatales -elegidos por su fidelidad más que por su capacidad- arruinó el aparato productivo del país, provocando niveles altísimos de inflación y de carestía, situación que hizo crisis en 1970.


En 1970 debían producirse 10 millones de toneladas de azúcar, y a ese arbitrario fin consagró todos los recursos económicos del país. Aquella zafra, la más larga de la historia del país, rindió 8.4 millones de toneladas de azúcar y hundió la economía nacional.

El 26 de julio de 1970 Castro realizó otro de sus audaces gestos dramáticos. Ante el pueblo concentrado en la Plaza de la Revolución hizo una valoración de la situación del país, situación realmente compleja, y propuso su renuncia al puesto de Primer Ministro si el pueblo así lo deseaba. Todos gritaron "¡No renuncies!", y él consideró entonces que el pueblo le había ratificado democráticamente su confianza.

Los sindicatos fueron prácticamente disueltos entre 1967 y 1968. ¿Para qué hacían falta, si estaba en el poder el partido de los obreros y los campesinos? El énfasis de los incentivos morales y la reducción de los cuadros sindicales contribuyó a la desaparición. No existían fronteras institucionales entre el gobierno, el partido y los sindicatos. El fin más alto, la meta real, era construir el comunismo a partir del modelo cubano. Para qué detenerse en asuntos secundarios, en problemas laborales y en la defensa de los derechos de los trabajadores, si estaban construyendo el comunismo, ¿no?

A fines de la década de 1960 la cifra de presos políticos ascendió a 60 mil. Nunca antes en la historia de Cuba se habían colmado de tal forma las cárceles. Además de las tradicionales prisiones de Isla de Pinos, La Cabaña y el Príncipe, 200 nuevas prisiones se construyeron a lo largo y ancho del país.

El presidio político, creado con el fin de quebrantar el espíritu de resistencia del pueblo, atemorizar a los opositores y a los disidentes, tiene además la función de castigar. Es un sistema carcelario arcaico que desconoce todos los adelantos logrados por el derecho penal en el mundo moderno, y se le puede calificar de vengativo, arbitrario y cruel. La revolución fue sofocando sin miramientos legales ni humanos cualquier manifestación de resistencia.

Una parte de la élite ciudadana nacional se vio precisada a abandonar el país. Otro grupo prefirió luchar en defensa de su cultura, de sus valores, de sus creencias. La vieja idea de dejar en manos de la hermana nación del norte la solución de los problemas nacionales le prestó un flaco servicio a la nación. Castro se alió con la plebe, comenzaron a proliferar los sans culottes, la cultura occidental cristiana fue sustituida por la concepción radical violenta y delirante del castrismo.

Cuba llegó a los 70 sumergida en el fracaso económico de Castro. Su experimento industrializador no había conducido a ninguna parte. La famosa zafra de 1970 terminó en un desastre, su intento de convertirse en líder de la revolución mundial finalizó con la muerte del condotiero Guevara. El nuevo profeta de la revolución permanente enfrentaba la derrota de sus guerrillas latinoamericanas, capturados y liquidados sus focos guerrilleros en muchas regiones. Su sueño de ejercer el liderazgo mundial del movimiento comunista se le escapaba de las manos. No le quedaba más remedio que obedecer las órdenes del Kremlin y portarse bien.


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