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CORRUPCION
Entre pillos anda el juego
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - El
tema de la corrupción, manipulado por el
gobierno cubano, toma la connotación de
un turbio asunto íntimo a ventilar en confianza.
Más que un proceso político o legal,
parece tratarse de otro escabroso y retorcido
asunto de "arriba". En Cuba, los asuntos
de arriba, permanecen convenientemente "arriba",
fuera del alcance de "la gente".
Para el pueblo, el gobierno y sus figuras son,
en su imaginario, "esta gente". Para
el grupúsculo gobernante, el pueblo es
de forma genérica "la gente".
Me temo que hoy día, ésta es toda
la identificación que existe entre gobernantes
y gobernados.
La más reciente Asamblea de Balance Anual
del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) celebrada
el pasado mes de febrero, y el despacho que en
tal sentido se publicó en BBC Mundo, firmado
por su corresponsal Fernando Ravsberg, son el
estímulo para formularnos algunas dudas.
Luego de la destitución de la elegante
Bárbara Castillo de su sillón ministerial
al frente del Comercio Interior, fue nombrado
Marino Murillo. El flamante ministro, hasta donde
se sabe, es un conocedor experimentado del tema
corrupción.
Como resulta habitual en un régimen militar
totalitario, Murillo fue militar en sus orígenes.
En su momento se desempeñó como
un destacado policía de Seguridad con rango
de oficial. Cuenta o contaba (téngase en
cuenta purgas y fallecimientos) con muy buenas
relaciones dentro del aparato represivo castrista.
Pero su mejor aval para asumir desde una poltrona
ministerial la "batalla contra la corrupción",
no es éste.
Desde que salió de los azares represivos
Mariano Murillo se ocupa de cuestiones económicas.
Se convirtió en un burócrata avezado
en prácticas poco ortodoxas al servicio
de los suyos.
El flamante ministro, que hoy calza los arreos
y viste traje de campaña para la actual
"batalla anticorrupción", fue
tolerante y comprensivo con este fenómeno
en su momento.
Por ejemplo, entre los años 1997 y 1999,
detuvo el curso de tres auditorías realizadas
por la Asociación Nacional de Economistas
de Cuba (ANEC) en la Unión de Vegetales
y en la Unión de Bebidas. El saldo en el
momento en que éstas fueron abortadas era
de 4 millones, y más, de pesos en faltantes.
Como personaje ducho y conocedor de los procedimientos
zurdos y oficiosos del arte de desviar recursos
y acogerse a los cien años de perdón,
prometidos para quien robe al estado en Cuba,
Murillo tuvo su participación en el elenco
del lavado de leche, denunciado el pasado año
por la abogada Niurka Brito.
Este no fue cualquier casting. El equipo de lavado
de leche, denunciado en su momento por la abogada
Brito, fue uno de los más experimentados
y capaces. Se trató de artistas consumados
en el arte de desaparecer cosas. Perdón,
de desaparecer toneladas de cosas.
En esta nueva etapa de su desarrollo no ponemos
en duda las maravillas que Murillo desplegará.
Como aquel célebre filme protagonizado
por Michael Caine -nos referimos a "Entre
pillos anda el juego"- Murillo no ha dicho
su última palabra. Paciencia, él
no nos defraudará.
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