PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 7, 2006
 

CRIMEN
Corta Caras al acecho

Shelyn Rojas

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - En la capital se desató el terror. Cómo sucedió en Centro América y en la Florida con el Chupacabras, en La Habana ha surgido el ubicuo e incapturable Corta Caras.

Hasta el momento la radio, los canales televisivos, la Mesa Redonda y el Gramma no han dado noticia al respecto. El suceso se destapó luego de ser anunciado por las pantallas lumínicas puestas recientemente en la Sección de Intereses de Norte América (SINA). Quizás éste sea uno de los motivos por el cual el gobierno se irrita tanto por dichos carteles. Le molesta la información.

Ante la coyuntura, el hecho se dio a conocer por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y a través de la red informática conocida como intranet. Los usuarios de la misma y parte de la población han recibido un retrato hablado del agresor.

Es un mulato aindiado de bigote poblado y mirada de pasquín, de una edad comprendida entre los 35 y 40 años. Se trata del biotipo corriente en alguien proveniente de las regiones orientales. Al menos ése es el rumor echado a rodar.

Según las informaciones, los límites de acción del "Corta Caras" son los municipios Arroyo Naranjo y Boyeros. Dicen que ataca aprovechando las altas horas de la noche.

El sujeto ha agredido a más de cuatro personas. Su arma es un machete modificado, medio curvo, con doble filo y forma que remeda vagamente una hoz. Con él ataca el rostro de sus víctimas, que son regularmente muchachas agraciadas.

Sin embargo, Cuba informa al mundo la tranquilidad y seguridad que reina en ella. Invita a transitar por sus calles a paisanos y viajeros sin peligro.

Cuando la verdad se revela, las calles ya no garantizan seguridad. A la caída del sol, existe el peligro de ser víctima de asaltos, robos y atentados contra tu vida. Todo sin garantías.

Los jóvenes son los más propensos a ser víctimas del Corta Caras. Se les puede ver por las noches rastreando fiestas y discotecas. Una forma sana de diversión. O no. Son cosas de la edad.

La policía, ajena a esta situación, centra su labor en otros menesteres. Presta toda su atención al decomiso de los ancianos retirados, que de una forma honrada tratan de subsistir.

Los viejos venden caramelos y maní. Aportan una forma entretenida de esperar durante horas interminables el paso del ómnibus. Sin pasar por alto que estos caramelos y maníes calzan el hambre imperante en la ciudad.

Los policías, después de confiscarle lo que venden, los multan con cuotas hasta de 1,500 pesos en moneda nacional. Ignoran o no ponen asunto a la violencia. Eso no es con ellos.

El alza en la tasa de robos y violencias en la ciudad es cada vez más significativa. El Corta Caras está al acecho.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
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