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SALUD
PUBLICA
La Quinta Dependiente: pintura y remiendo
Odelin Alfonso Torna
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Mientras
el gobierno cubano dona veinte hospitales de moderna
tecnología a Bolivia y dos centros oftalmológicos
con equipamiento de la Isla a Ecuador, el Hospital
Clínico Quirúrgico Diez de Octubre,
antigua Quinta Dependiente, en el Cerro, yace
como Partenón sobre la Acrópolis.
Esta obra, que data de mediados del Siglo 19,
fue construida durante la ocupación española.
Desde entonces cientos de miles de cubanos han
recibido servicios sanitarios en la centenaria
Quinta Dependiente.
Este centro hospitalario cuenta con 18 pabellones
asistenciales, ocho de ellos utilizados como salas
de ingreso. Hasta el momento, sólo cinco
prestan este tipo de servicio.
Tres pabellones están clausurados por
derrumbe. La sala de Reumatología del pabellón
Martínez Villena sufre de reuma en sus
columnas y cubiertas. Pedazos de hormigón
caen constantemente sobre el piso. Considerándose
la edificación proclive a un derrumbe total.
Otro de los clausurados es el antiguo Hospital
de Día para enfermos mentales. Este corre
la misma suerte del Martínez Villena. En
sus techos se puede apreciar una especie de jardín
botánico que brota del aislante térmico.
Gran parte del pabellón Carlos J. Finlay
se encuentra inhabilitado. Sólo unos cuantos
cubículos prestan servicios de Angiologìa.
Este pabellón fue uno de los primeros en
construirse, junto con la desaparecida biblioteca.
El pabellón Avelino González, donde
el que entra no sale, así dicen, cuenta
con cuatro pisos, divididos en dos secciones.
Una sección del edificio está clausurada,
igualmente en peligro de derrumbe. La otra sección
presta servicios de Terapia Intermedia y Medicina
General.
Antes de 1959 se realizaban misas a los difuntos
en la capilla, que colinda con Anatomía
Patológica. Ahora es un vertedero de tarecos,
el resultado de la autopsia arrojó que
la capilla murió por abandono.
En el pabellón José Antonio Echeverría,
funcionan las oficinas de consulta. En su cúpula
habitan colonias de murciélagos. A diario,
asientos y paredes amanecen llenos de excrementos
de estos mamíferos voladores.
Casi la totalidad de los pabellones corren peligro
de derrumbe. Sucede que hay que continuar con
la asistencia, sin importar el riesgo que se corre.
Una inversión capital en la Quinta Dependiente
requiere de millones de pesos. Quizás sea
más rentable colocar en cada pabellón
una sala de primeros auxilios para casos de derrumbe.
Los pacientes de la tercera edad son los más
favorecidos por la arquitectura. El pabellón
Pérez Pérez de Geriatría
cuenta con dos pisos de puntal alto, recientemente
remodelados. Los ancianitos están más
conformes.
Otro de los remodelados es el pabellón
Julio Antonio Mella, que funciona como Instituto
Nacional de Reumatología.
Estas remodelaciones son catalogadas de bajo
costo por el frecuente robo de materiales de construcción.
La magnitud del esfuerzo que realiza el gobierno
sólo es comparable con los pedazos de techos
que caen.
El reuma arquitectónico se extiende a
varios hospitales: La Covadonga, Calixto García,
Fructuoso Rodríguez, Miguel Henríquez,
Hospital Nacional, La Quinta Canaria.
Vista hace fe. Aunque queda suficiente pintura
y remiendo para las fachadas coloniales, el interior
no importa. Los sanitarios con sarro, los putrefactos
colchones y el estafilococo pueden esperar.
Continuarán los ministros tijera en mano,
cortando la cinta inaugural de nuevos hospitales
o clínicas oftalmológicas, donde
quiera que el comandante ordene.
Cuarenta y siete años de Revolución
no han bastado para un mantenimiento serio en
la centenaria Quinta. Sin embargo, el dichoso
Evo Morales recibió como obsequio veinte
hospitales, quince de los cuales ya están
en ejecución.
Los cubanos tendrán que conformarse con
las viejas instalaciones y la atención
de los obstinados galenos cubanos.
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