|
SOCIEDAD
La antifamilia
Aimée Cabrera
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Las
personas unidas por algún parentesco se
consideran parientes. El lazo de la familia parecía
ser indestructible para muchos cubanos, criados
a la usanza de hace un siglo, donde se sabían
nombres, apellidos y cómo localizar a primos
de generaciones distantes, dentro y fuera del
país.
Ahora es diferente, a veces se conoce a buena
parte de la parentela, pero no hay tiempo de visitarla,
o al menos de comunicarse. Situaciones críticas
con el transporte, la falta de teléfonos,
el tiempo que apenas alcanza para cumplir con
los más cercanos del círculo familiar
han deteriorado las costumbres y comportamientos
en pro de la unión y armonía entre
los miembros de una familia.
El tema es reflejado una y otra vez en programas
de la radio y la televisión, aunque éstos
no se proponen el debate y la reflexión.
Es generalizada la idea de que la familia es lo
más cercano, el que vive alrededor, con
el que se mantiene un contacto frecuente. No es
común ver primos y hermanos reunidos para
pasar vacaciones o compartir buenos o malos momentos.
A lo sumo, la reunión es para despedir
definitivamente a un ser querido; por eso, más
común es salir y visitar a colegas, vecinos
o amigos, así el cerco afectivo queda en
los entornos.
Otro punto a destacar es el no deseo de formar
una nueva familia después del divorcio;
en la Isla, la tasa de divorcio, según
datos del año 2000, oscila entre 3 y 3,4
por cada mil habitantes, cifra que no concuerda
con la realidad cubana. Es muy común conocer
personas adultas hijos de padres divorciados,
y ellos están a su vez, en el mismo estado;
es normal, y se considera una complicación,
asumir nuevamente roles de padre o madre, atender
otra casa, convivir con otras personas, compartir
lo poco que hay, volver a un estado civil que
puede no ser conveniente en otro momento. De ahí
deriva el problema de la vivienda que, como manzana
de la discordia, ha provocado desde agresiones
verbales o físicas hasta rompimientos definitivos.
Quedan muchas personas viviendo de mala gana
bajo un mismo techo. Hermanos que apenas se hablan
tienen que compartir la estrechez y otros inconvenientes,
pues no hay la posibilidad de alquilar un apartamento
o una casa. Por tal motivo, como único
pueden resolver la desarmonía es permutando,
pero la permuta no es fácil, ya que en
muchos casos las personas tienen que pagar fuertes
sumas de dinero para adquirir la habitación
de más que necesitan u otras facilidades.
Entre toda esta agonía hay poco tiempo
para dedicarle a la familia, no sólo por
lo ya expuesto, sino por la distancia, que se
abre como un gran abismo entre padres e hijos
que viven en diferentes países; muchos
en naciones desarrolladas, pero sin la estabilidad
que pueda tener un nativo. La familia en Cuba
tiene que contentarse con lo que puedan enviarle
y ver, un día remoto, al familiar que al
fin pudo hacer el gasto y venir a Cuba.
La familia cubana precisa de amor, bonanza, armonía,
unión, que cada miembro se haga el propósito
de echar leños de afecto al fuego filial,
para que vuelva a brotar el encanto que nos caracterizó
hace muchas décadas.
|