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POLITICA
Llegado el momento
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - El
ex miembro del Buró Político del
Partido Comunista de Cuba Juan Carlos Robinson
fue condenado el pasado 16 de junio a 12 años
de privación de libertad, acusado por un
delito de tráfico de influencias de carácter
continuado.
Según el periódico Granma, en una
nota del Buró Político, durante
la vista oral declararon dieciséis testigos
y fue analizada una amplia prueba documental.
Lamentablemente, estas evidencias no se han presentado
a la opinión pública nacional, como
debiera ser, por la alta responsabilidad pública
del encartado.
Según la nota de prensa, y como es normal
en estos casos desde que existe la inquisición
y las purgas estalinistas, "el acusado se
declaró responsable de los hechos imputados
y agradeció el tratamiento recibido durante
la instrucción del expediente de fase preparatoria".
Al incriminado se le impuso una sanción
de doce años de privación de libertad,
con unas llamativas "accesorias de privación
de derechos públicos", consistentes
en la pérdida del derecho al sufragio activo
y pasivo, así como a ocupar cargos de dirección
en los órganos correspondientes a la actividad
administrativa del estado, en unidades económicas
y en organizaciones sociales y de masas.
Según la sentencia dictada, quedó
demostrado que el procesado, en franco proceso
de debilitamiento ideológico, con abuso
de su cargo, olvido de sus altas responsabilidades
y de la probidad exigida a un cuadro revolucionario,
hizo uso de sus influencias con el propósito
de obtener beneficios.
La nota del Buró Político señala
que "durante el proceso se cumplieron los
términos procesales y se actuó con
estricto respeto de los derechos y las garantías
establecidas en la ley de procedimiento penal".
Sin embargo, llama la atención que el
condenado es el primer miembro del Comité
Central y el Buró político del Partido
Comunista llevado a la cárcel. Además,
no se ha dicho una palabra sobre la acusación;
y definitivamente no es clara la figura delictiva
que maneja la nota de prensa.
Si en Cuba las encuestas se dedicaran a medir
los rangos de popularidad de los políticos
y fueran fiables, éstas reportarían
que el relevado, ni en la cumbre de su carrera
política, gozó del afecto de sus
conciudadanos. Su manera autoritaria, poco inteligente
de dirigir, apegada a la mayor ortodoxia, lo hacían
impopular en cualquier escenario.
Sin embargo, su destitución y envío
a prisión no tiene que ver con su impopularidad
y rechazo de la población, sino con el
fin de la confianza política que la élite
gobernante depositó en él. Quizás
no seguir al pie de la letra las instrucciones
emanadas del liderazgo revolucionario pudo ser
un motivo para su defenestración.
Ejemplos anteriores de este tipo fueron las destituciones
de Diocles Torralba (ministro de Transporte, 1989)
y Gary González (director de Publicitur,
1986). Ambos fueron separados de sus funciones
debido a su manera poco ortodoxa de asumir las
orientaciones.
Como en la historia reciente de la isla la corrupción
existe a todos los niveles es difícil que
se incrimine a unos comunistas y a otros no. Es
posible que Robinson obtuviera y lucrara con algunos
beneficios que le daba el cargo, al igual que
lo hace la mayoría de sus correligionarios
que se mueven en las alturas del poder.
Producto de esta misma forma autocrática
de organizar la sociedad, los líderes (directores
de empresas, ministros, primeros secretarios del
Partido Comunista y el mismo Comandante en Jefe)
tienen cuentas bancarias a discreción.
Pero, ¿por qué acusar a Robinson?
Algunos consideran que al encarcelar a Robinson
no sólo lo golpeaban a él, sino
que se estaba golpeando a la cúpula gobernante,
para imponer disciplina, de cara a la transición.
Esta percepción convertiría al convicto
en el chivo expiatorio del momento, como lo fueron
Portales, Robaina, Ochoa, La Guardia, Aldana,
Luis Orlando Domínguez, Borrego.
La expulsión del Partido y la condena
a Robinson puede ser un mecanismo dentro de las
más altas esferas de la administración
para sembrar el miedo en los hombres del estado,
amenazar a los líderes comunistas del gobierno
y a la burocracia socialista, y someterlos a la
misma situación de indefensión e
inseguridad a la que se enfrentan los vecinos
de un disidente cuando le orquestan un mitin de
repudio.
El juicio y condena a prisión de Juan
Carlos Robinson, basados en un delito poco entendible
y no claramente tipificado en el código
penal, les recuerda a los partidarios del actual
régimen que la bota de la represión
está dispuesta a pisar a sus acólitos
con total impunidad, y que los opositores pacíficos
no son las únicas victimas del régimen.
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