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SOCIEDAD
La
crisis, el negro y el grano de maíz
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Los
implicados en el escándalo de la leche
sucia, denunciado por la joven abogada Niurka
Brito el pasado año, no fueron procesados
por estos hechos. El desvío de más
de 34 toneladas de leche en polvo, pasó
felizmente a través de toda una madeja
de policías políticos, policías
regulares, auditores, inspectores, curiosos, periodistas
independientes y extranjeros, amigos y enemigos.
Desde el ministro de la Industria Alimenticia
y el director del Complejo Lácteo hasta
el último eslabón de aquella cadena
de personas comprometidas en mayor o menor medida
en aquel episodio encontraron perdón y
olvido.
Juan Carlos Robinson Calvet, no tuvo suerte.
Algunos opinan que su desgracia estuvo dada en
ser negro. Ser negro es agravante para todo en
Cuba, pero en su caso no. Su ascenso estuvo dado
en la necesidad de reforzar la presencia de la
etnia a esos niveles. Por tanto, el color le beneficiaba.
Fue sancionado a doce años de privación
de libertad por algo más relevante que
ser negro. Es en este punto en que discrepo con
el colega Abel Escobar Ramírez. Aunque
coincido en que la figura de delito imputada es
algo más que una burla a la inteligencia
del pueblo cubano, hay mucho más que tráfico
de influencias en el hado adverso de Robinson.
Digamos que sufrió una medida ejemplarizante
en tiempos de crisis o simplemente en tiempos
que la preludian. La mala noticia es que le impusieron
12 años de cárcel que no cumplirá.
La buena es que no fue fusilado. Resulta muy interesante
que ascendió por un nombramiento inconsulto
y cayó, por una decisión de este
mismo carácter.
Las crisis del poder con más peso que
se han producido en el espacio cubano son de dos
tipos: las sociales y las cortesanas. Las sociales
son fruto de contradicciones entre gobernantes
y gobernados, las cortesanas son pugnas dramáticas
en que el pueblo participa poco o no participa.
Las crisis de 1980 y de 1994 fueron sociales.
Las de 1965, 1989 y 2003, cortesanas. Las tres
últimas tuvieron su cuota de sangre. En
1965 fue ejecutado Marcos Rodríguez -Marquitos-
en 1989 dos altos oficiales de las Fuerzas Armadas
y el Ministerio del Interior, en 2003, tres infelices
negros, Los Tres Negritos de La Habana.
Parece una constante la efusión de sangre
siempre que el régimen se siente amenazado.
Fundamentalmente por alguna crisis en sus estructuras
internas.
Resulta inobjetable que se respira una atmósfera
turbulenta. Para percibirla, sólo es necesario
poner juntos los últimos incidentes "aislados".
Todo parece apuntar a una purga en el aparato
de gobierno castrista. Las últimas sustituciones
de ministros y funcionarios así lo afirman.
A esto debe agregarse las últimas fricciones
entre el gobierno de Fidel Castro y la Sección
de Intereses de Norteamérica.
Como un dato interesante para sumar a un análisis
retrospectivo de la situación presente,
existió un fuerte consenso entre círculos
muy serios de la oposición interna sobre
una eventual decisión de fusilar opositores
en 2003, al amparo de la Ley 91.
En aquel momento se manejó el carácter
oportunista de los arrestos, realizados al calor
del comienzo de las acciones bélicas en
Irak. El zarpazo supuestamente sería engullido
mediáticamente por el desarrollo de las
operaciones militares. Pero no fue así.
Entonces, y siempre de acuerdo a estas personalidades,
es que el gobierno decidió fusilar a los
pobres negros y de esta forma dar un ejemplarizante
y necesario escarmiento.
No están claros todos los entresijos de
la última crisis diplomática entre
los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos. Para
un grupo se trata de que los norteamericanos deseen
irse. Otro pretende que el gobierno cubano desea
cerrar la instalación. De esta forma, estaría
más aislado y a salvo de la inquisidora
observación diplomática norteamericana.
Ambos enfoques tienen fundamento lógico.
El estilo de Castro es espectacular para los
rompimientos. El que todos conocemos, hubiera
organizado una marcha y en medio de una dramaturgia
adecuada hubiera expulsado a los yanquis. Todo
esto con la carga emocional y efectista que ya
todos conocemos.
Pero además, también existe el
Castro sabio y taimado y la posibilidad de que
pretenda que sean los norteamericanos los que
den el primer paso. En este caso adoptaría
la muy bien cotizada posición de víctima
tercer mundista del voraz Imperio.
A todo esto súmese la creciente tendencia
del gobernante Fidel Castro por agrupar en torno
suyo a jóvenes ambiciosos dispuestos a
aportarle la lealtad incondicional a que aspira.
La sustitución de José Millar Barruecos
y su subsiguiente reemplazo por uno de los llamados
jóvenes talibanes, refuerza esta apreciación.
Barruecos no anda lo suficientemente enfermo
o senil. De hecho está en la plenitud de
su potencial para la política de salón,
en la que es verdaderamente hábil.
Otro hecho de relevancia fue la inusual declaración
del general de ejército Raúl Castro.
En un reciente, breve e interesante discurso,
el vice en jefe alimentó el ego insaciable
de su hermano. El discurso marcó cuáles
serán las pautas cuando se produzca su
ansiada ausencia.
La tesis esbozada por el colega Aleaga Pesant,
en su trabajo "Y si muero primero",
sobre lo que pasaría si el menor de los
Castro se va antes, no deja de ser sugestiva.
A fin de cuentas, en España lo que enterró
al franquismo no fue la muerte de Franco. El franquismo
voló por los aires con el almirante Carrero
Blanco, su segundo y heredero designado. Su entierro
fue en realidad el entierro de aquella dictadura.
¡Bravo por la CIA y por ETA!
Insisto en que Dios escribe torcido en renglones
derechos. Este es el punto que quita el sueño
a más de un general, doy fe de que es así.
El fantasma de una crisis política de
imprevisibles consecuencias toma cuerpo. Aprensiones
más o menos justificadas señalan
una opción en las más altas esferas
por un final apocalíptico y por todo lo
alto. Este final cerraría las puertas tanto
a la sucesión como a los posibles escenarios
para una transición ordenada y pacífica.
Castro suele repetir que todas las glorias del
mundo caben en un grano de maíz. Veamos
cómo combina en esta oportunidad un negro
"tronao", una crisis en ciernes y su
grano de maíz.
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