PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 16, 2006
 

HISTORIA
Los dioses vencidos: Causa I

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Han transcurrido 17 años desde el 13 de junio de 1989. Este día comenzó la purga más espectacular de cuantas habían tenido lugar hasta ese momento en 30 años de régimen comunista en Cuba. Fueron juzgados y condenados un grupo de destacados oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior. La parte visible de este iceberg, fue sin dudas, la Causa I.

El Ministerio del Interior quedó descabezado y absorbido por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Los dioses del silencio y del poder omnímodo cayeron estrepitosamente de su pedestal. Los playboys de gafas polarizadas y relojes vistosos mordieron el polvo. Regresaron por sus fueros los peleadores de gallos de valla y guateque selecto. Comenzó un nuevo ordenamiento en las estructuras de poder militar en la Isla.

Siguiendo el patrón en estos casos, a los caídos se les vinculó con sórdidos episodios de corrupción.

Cuatro oficiales fueron supliciados, dos por el Ministerio de las Fuerzas Armadas y dos por el Ministerio del Interior. Por las Fuerzas Armadas fueron ejecutados el general y Héroe de la República de Cuba Arnaldo Ochoa Sánchez y el capitán Jorge Martínez Valdés. Por el Ministerio del Interior, el coronel Antonio de La Guardia Font y el mayor Amado Padrón.

El resto de los encartados fue condenado a penas diversas de cárcel. La plantilla del Ministerio del Interior fue renovada. Los jefes fueron sustituidos por oficiales de las FAR que disfrutaban de la confianza de Raúl y Fidel Castro.

Aunque la información pública brindada se centró en la participación de los presuntos implicados en actividades de tráfico de drogas, quedaron algunos cabos sueltos que minaron la credibilidad de esta posición oficial.

Se proclamó poco antes del proceso que se lavaría con sangre una supuesta afrenta. El juicio nació viciado y fue denunciado en su momento por activistas defensores de los derechos humanos. De acuerdo a esas denuncias, no hubo garantías procesales para los acusados, condenados a priori.

A fin de cuentas, a algunos de los encartados se les ocupó dinero en grandes cantidades que no trataron de poner a buen recaudo de las autoridades. A ninguno de los implicados se le ocurrió siquiera escapar. Extraña conducta en narcotraficantes. Tanto la Causa I, como la Causa II, abierta poco después contra el finado ex ministro del Interior, José Abrantes abrieron grandes interrogantes

Sobre ella han escrito cubanos y extranjeros. Los periodistas Oppenheimer y Rosenthal, entre otros, dejaron una pintura de tonos sombríos sobre aquellos sucesos. Ileana de la Guardia, la hija del fusilado coronel Tony de la Guardia, denunció en su momento interesantes aristas del caso.

Su esposo, el hijo de Jorge Ricardo Masseti, un icono del revolucionarismo latinoamericano, destapó el verdadero carácter de sus actividades, como miembro de la Inteligencia castrista. Quedó clara la índole terrorista en la actividad internacional del gobierno cubano. Pero sin embargo, la nomenklatura de poder obtuvo lo que quería.

La clase militar es poco probable que se pronuncie por cambios o se aparte un milímetro de la ortodoxia oficial. Al menos en vida de Fidel Castro. Un discurso pronunciado por el hombre # 2 en aquellos días e increíblemente televisado, mostró al mundo los rostros aterrorizados de una clase militar que optó por vivir, hacerlo con prebendas y pagar el costo que se les exigió.

El saldo más importante de la Causa I, es que marca el punto de no retorno entre el final del sueño y el despertar a la realidad. Desde una supuesta revolución a la realidad de una dictadura militar personal. Del servicio desinteresado a Cuba, al servicio de utopías ajenas al interés nacional de los cubanos.

Queda aún en la memoria colectiva, una efímera racha, de bienestar material, allá por los 80. No pocos se la achacan a las actividades del binomio Ochoa-La Guardia. Cierto o no, el imaginario colectivo así lo asegura. Aquél fue el momento en que el cubano de a pie pudo comprar un reloj de pulsera sin pulsearlo en una asamblea. O que pudo adquirir en moneda nacional un blue jean, llamado pitusa a nivel local.

Cada día resultan menos creíbles las versiones oficiales en Cuba. Pocos creen que los fusilamientos y la crisis de 1989 estuvieron dados por la supuesta participación no autorizada en narcotráfico de aquellos oficiales.

Se impone la convicción de que hubo algo más. En algún recodo del futuro cercano, abriremos archivos y se despegarán labios hoy sellados, que revelarán la verdad sobre uno de los episodios más sórdidos de la historia cubana más reciente. Historia que debemos conocer, para que no se repita.


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