PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 15, 2006
 

SOCIEDAD
Nuestra piñata socialista

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - El colega José Aurelio Paz, del periódico Juventud Rebelde, ha llamado piñata a nuestra realidad social. No se quedó ni corto ni perezoso. Nuestra realidad social o socialista es una verdadera piñata, pero hueca. Lo que se agarra no proviene precisamente de la piñata, sino de otro sitio.

El colega me ha robado la idea. Ya la había expuesto a unos amigos hace algún tiempo. La realidad cubana me recordaba aquellas piñatas de cumpleaños de familias muy pobres, donde eran muy pocos los que agarraban caramelos.

En su crónica del pasado 27 de mayo, el colega recuerda una piñata en forma de pez grande de cartón, con muchos colores, de donde él salía, casi siempre, con las manos vacías y todo golpeado Exactamente así ocurre en nuestro país con nuestra gran piñata vacía, en medio de una jauría infernal, o una verdadera olla de grillos a la criolla.

Explica Paz en su escrito cómo buceaba entre codazos y cabezazos para alcanzar a duras penas una cajita de regalo, que cuando la abrió, ante los ojos de su mamá, estaba vacía. Lo engañaron. Dijo que jamás volvería a participar de una piñata.

A partir de aquella fiesta infantil el periodista está en contra de esos diabólicos objetos, porque los considera "una atracción tribal que exacerba la superposición de la fuerza sobre la inteligencia". ¡Bravo por él! Estamos plenamente de acuerdo. Puedo asegurarle que como mismo yo las miraba de lejos, cuando niña, miro de lejos también la piñata socialista, sin participar de la jauría. Ni compro cerveza a granel ni hago colas para adquirir menudencias.

Paz describe precisamente lo que ocurre en la dictadura cubana, pero sin mencionarla, y llama síndrome de piñata social a la enfermedad que sufre nuestro país desde hace casi medio siglo a causa del racionamiento, pero sin explicar el origen de la enfermedad y mucho menos el largo tiempo que lleva contaminando a tantos ciudadanos.

No, señor colega, usted se equivoca cuando afirma que se trata de una inclinación natural del pueblo por el salvajismo, el empujaempuja, las palabras obscenas a todo pulmón y otras yerbas que es mejor ni decir.

En Cuba eso no ocurría antes de 1959. Eran otros los problemas -no hay sociedad perfecta-, pero esta conducta bárbara que usted critica, no existía. El pueblo se comportaba decentemente, por lo que no había necesidad de tantas cárceles como ocurre hoy, llenas no sólo de pueblo, sino también de disidentes pacíficos y de personas que escriben lo que piensan, porque son hombres honrados. Son, téngalo por seguro, cubanos que reclaman con el tono adecuado y en el lugar exacto sus derechos -lo que usted recomienda en su crónica-, y que por tales razones son calificados por la dictadura como asalariados del imperialismo yanqui.

Me parece, con todos mis respetos, que usted sueña o delira cuando termina su crónica, acertada hasta ese momento, echándole con el rayo a los revendedores y refiriéndose a las tiendas recaudadoras de divisas -se supone, porque no hay otras- y sus rebajas de precios, cuando dice: "Toma por sorpresa al simple trabajador que no tiene tiempo de hacer colas en el horario laboral".

En primer lugar, los revendedores existen porque forman parte de un engranaje diabólico permitido por el gobierno. Se trata de un convenio bien oculto entre jefes, empleados y revendedores. En segundo lugar, los trabajadores no compran en esas tiendas porque el dinero de su salario no es aceptado en ellas; y en tercer lugar, los más fuertes no son precisamente los revendedores, sino los más débiles, porque son quienes caen en chirona.

Deje el síndrome de la piñata para nuestra realidad social engendrada por el socialismo y no por al acaparamiento y la especulación, síntomas propios de un sistema económico improductivo, donde el Estado es el patrón y los trabajadores simulan que trabajan.

Para finalizar, me pregunto si le pasó por la mente al colega cómo terminan siempre las historias de las piñatas: Entre muchos la hacen reventar con una gran explosión de alegría, hasta que por último la pisotean y la convierten en añicos. Sobre todo a la triste piñata de cajitas vacías y sin caramelos.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente
.

IMPRIMIR



PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster