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SOCIEDAD
Los "Llega y Pon" de La Habana
Ernesto Roque Cintero, UPECI
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - En
la capital del país proliferan los "Llega
y Pon", lugares en Ciudad de la Habana donde
los ciudadanos, utilizando la imaginación,
construyen viviendas que infringen normas legales
y de urbanidad.
Las "viviendas" se construyen con esfuerzos
propios y con diferentes materiales, desde cartones
tablas y pedazos de zinc, hasta de cartón
y poli espuma. Es decir, con cuanta materia reciclable
se encuentre por los entornos, las que el régimen
no recicla.
Por supuesto que los constructores de estas
"viviendas" no han recibido ayuda alguna
del gobierno. Ni conforman una organización
de artistas plásticos o diseñadores,
que realizan estas construcciones por hobby.
Estas personas vienen huyendo de las necesidades
y calamidades que azotan la región oriental
del país, que son mucho mayores que en
la capital. El hambre, la sequía, la falta
de transporte y la no retribución del pago
por sus esfuerzos hacen que la inmigración
se vuelva una pandemia nacional.
En más de una oportunidad las autoridades
han desalojado por la fuerza a sus moradores y
demolido sus casas. Pero la necesidad es mucha
y las viviendas otorgadas por el estado casi no
existen.
Una funcionaria del Consejo de Estado, ante el
reclamó de un matrimonio desalojado de
un "Llega y Pon", expresó: "En
la ciudad se levantan 113 de estos lugares y los
casos a solucionar son muchos".
De esos 113 "Llega y Pon" existen algunos
muy famosos como El Bachiplán, de la Habana
del Este, Blumer Caliente, en Boyeros, y el San
Miguel, en San Miguel del Padrón.
En el poblado de Casa Blanca, hace 18 años,
se comenzaron a construir las primeras viviendas
de estos peculiares asentamientos, según
relata Manuel Rodiles, uno de los residentes más
longevos de esta villa miseria.
En una época se construyeron 1,500 viviendas,
pero desde hace 4 ó 5 años comenzaron
los desalojos y las demoliciones. Hoy sólo
quedan 500.
Manuel, con un impedimento físico en su
pierna, trabaja como vendedor por cuenta propia,
aunque aclara que lo hace "al pecho"
-sin licencia- vendiendo bisuterías en
la calle Monte.
Manuel, quien reside legalmente en La Maya, Santiago
de Cuba, manifiesta que no le gusta entrar en
temas políticos, pero señaló
que él, de forma independiente, ha realizado
una especie de censo en esta ciudadela, para poder
hablar con propiedad cuando lo desalojen.
"Según mis averiguaciones -me muestra
una hoja con varias enmiendas, nombres, apellidos,
tachaduras y cálculos matemáticos-
la población en este lugar la conformamos
945 personas. De ellas, hasta donde he podido
atestiguar, existen 244 niños de 0 a 10
años, 15 impedidos físicos, 48 discapacitados,
8 embarazadas, 10 personas con tratamiento psiquiátrico,
230 amas de casa, 90 personas de la tercera edad
y 400 hombres aproximadamente, trabajando en la
actualidad.
Allí residen jóvenes y viejos,
niños y ancianos, disidentes y comunistas,
blancos y negros, trabajadores y desempleados.
Para el régimen todos son ilegales. En
cambio, ese mismo régimen que los desaloja,
los desampara y los reprime, pone ómnibus
en todos estos lugares para los días de
concentraciones políticas en la Plaza de
la Revolución.
Y qué decir de las elecciones del Poder
Popular. Para ellos (los ilegales) se abren las
puertas de los colegios electorales y son recibidos
con los brazos abiertos para que voten. "Para
eso sí no somos ilegales", expresa
Manuel.
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