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SOCIEDAD
En Cuba hay una pila de locos
Roberto Santana Rodríguez
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - En
Cuba hay una pila de locos y de aseres, ambias,
yuntas, cúmbilas.
La frase preocupa a cualquier ciudadano que posea
dos dedos de frente. Se puede decir que tiene
visos de realidad si nos atenemos a la novísima
manera que han adoptado muchos cubanos, sobre
todo niños y jóvenes, unidos a algunos
que no lo son tanto, a la hora de dirigirse a
un semejante.
A diario y en disímiles lugares se escuchan
las nuevas frases en saludos y conversaciones:
"Dímelo, loco", "Deja eso,
loco", "No, loco", "Oye, loco"
y cualquier otra, pero siempre con la palabrita
loco incluida.
Algo hay que hacer al respecto si no queremos
que la Isla se convierta en un manicomio rodeado
de agua por todas partes, para que no se pueda
decir en el mundo que en Cuba hay una pila de
locos. El tema da para profundas investigaciones
de calificados especialistas en varias ramas del
saber humano, para que finalmente logren obtener
la verdad sobre el asunto.
Atrás han quedado aparentemente el empleo
de otras formas de saludo como asere, cúmbila,
ambia, yunta, consorte, todas demostrativas del
empobrecimiento y el maltrato a que se somete
el idioma español en Cuba.
Porque una cosa son los cubanismos que, lejos
de afear contribuyen a adornar la lengua, y otra
bien diferente son las barbaridades que frecuentemente
se escuchan. Y sólo me estoy refiriendo
a algunas aristas del asunto, porque el problema
suele ser mayor, hasta el punto de que muy pronto
necesitaremos de traductores de esta jerga para
comunicamos.
Veamos un ejemplo: "Oye, loco, ese curralo
se está poniendo fulísimo, hay que
buscarse otra pega, que la jeva está al
darme la pira". Usted seguramente no entendió
nada. Aquí el "original", el
"distinto", el españolicida está
diciendo que no le va bien en su trabajo, por
lo que su esposa lo dejará si no busca
uno mejor remunerado.
Realidad contraproducente, porque según
el gobierno se han obtenido y se obtienen significativos
logros en la educación y el desarrollo
cultural en general en estos 47 años que
lleva en el poder la llamada revolución
de la nación. Cuando la realidad es que
cada vez se pierden más la educación
formal, los valores, los hábitos y las
buenas conductas y costumbres que se transmitieron
de generación en generación.
Cuántas veces escuché decir a mi
abuelita: "Cuando era niña nos quedábamos
en el cuarto si había visitas en la casa
y por nada del mundo desmentía a mis mayores".
Debemos salvaguardar las buenas tradiciones y
el idioma para que el país no se convierta
en un manicomio rodeado de agua por todas partes,
y en una pila de locos.
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