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HISTORIA
La flor de piedra
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Desde
niño escuché muchas veces hablar
de Celia Sánchez Manduley. Se tejió
toda una leyenda sobre su supuesta bondad y servicio
desinteresado a los más desfavorecidos.
Con tiempo y manipulación, la fábula
echó raíces. La mano derecha del
gobernante Fidel Castro devino en hada protectora
de los más humildes.
A Celia Sánchez, la inventaron como la
Wendy popular, dentro de una sui generis pesadilla
revolucionaria del Nunca Jamás.
Fue la hija de un médico mediocre de Manzanillo.
El Dr. Manuel Sánchez, no fue ni peor ni
mejor que otros tantos médicos rurales
de provincia, que atendían a la población
campesina cubana. Por cierto, en aquel momento,
el campo de Cuba era en muchas regiones más
desarrollado, que localidades similares de los
prósperos Estados Unidos de la época.
Las inquietudes humanísticas y políticas
de la joven Celia rebasaron con creces el marco
estrecho de su Manzanillo natal. Nació
en medio de una familia provinciana, en Media
Luna, antigua provincia de Oriente y actual provincia
Granma, el 9 de mayo de 1920. Eran 8 hijos en
total, seis hembras y dos varones.
Sus biógrafos y la gente que la conoció
coinciden en que amaba el riesgo, la naturaleza
y que no se sintió cómoda en el
rol que la sociedad asignaba a la mujer.
Nació para la política casi inmediatamente
que se produjo el golpe de estado del 10 de marzo
de 1952. Fue fundadora y dirigente del Movimiento
26 de julio. Integró el grupo de "Valkirias"
guerreras que acompaño a la tropa fidelista
en la Sierra Maestra.
Estas mujeres entre las que se contó a
la finada Haydee Santamaría, Vilma Espín
y otras, desempeñarían roles destacados
en el equipo de gobierno de Fidel Castro luego
de su triunfo. Sólo una de ellas alcanzó
grados de general en las Fuerzas Armadas, Teté
Puebla, que aún se mantiene activa. Haydee
Santamaría se suicidó en 1980 en
un oscuro episodio a raíz de los sucesos
de la embajada del Perú en La Habana.
Celia Sánchez comenzó a trabajar
con Castro (Fidel) en 1957. No se separó
de su sombra hasta su fallecimiento el 11 de enero
de 1980. Durante todo este tiempo (23 años)
no se conoce una intervención personal
de la dama a favor de algún prisionero
político. Esto, en momentos que existían
poblaciones penales con miles de reclusos por
motivos políticos.
Tampoco hizo algo por salvar al menos una vida,
entre las muchas que fueron segadas en aquellos
primeros años en los paredones de fusilamiento.
Nadie puede afirmar en qué momento cristalizaron
los más puros ideales de su primera juventud.
O en qué momento el sueño libertario
desembocó en una pesadilla totalitaria.
Su generosidad, si es que así puede llamarse
al reparto voluntarista de casas y destinos laborales,
estuvo limitado a partidarios incondicionales,
amigos y conocidos de la familia.
Intervino a favor de algunos homosexuales de
forma casuística. A esos afortunados les
impuso compromisos que les ataron y condicionaron
una conducta política futura.
No está registrado que intentara seriamente
ponerle fin a las persecuciones cíclicas
ordenadas por el régimen contra rockeros,
religiosos, homosexuales, etc.
Quien fuera llamada "la flor más
autóctona de la revolución",
tampoco se conmovió cuando los jóvenes
cubanos comenzaron a morir en las aventuras militares
africanas. La "flor" se petrificó
ante la tragedia que representó la familia
cubana dividida.
El halo de santidad con que se pretende consagrar
a la difunta Sánchez Manduley, constituye
uno de los mitos más difundidos del panteón
revolucionario castrista. Pero lo que sí
es verificable es que contribuyó al desarrollo
de las prácticas voluntaristas desde los
más altos niveles de la administración
castrista.
Si algo hay que señalarle a la Sra. Sánchez
Manduley es su contribución al desarrollo
incipiente de la doble moral que lastra el alma
nacional en la actualidad.
Su participación como militante en un
partido que proclamaba el "ateísmo
científico" la descalifica moralmente
a muchos niveles. No olvidar que era un secreto
a voces su compromiso con las prácticas
de santería afro cubana y otras manifestaciones
de lo milagroso.
Estas contradicciones entre el decir y el hacer,
marcan la pauta de cómo fue realmente esta
flor de piedra. Su contribución a la consolidación
de la dictadura militar personal que sufrimos
habla por sí sola. Que descanse en paz,
en el equilibrio de una justa valoración
de sus aciertos y de sus muchos errores.
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