PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 8, 2006
 

HISTORIA
La flor de piedra

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Desde niño escuché muchas veces hablar de Celia Sánchez Manduley. Se tejió toda una leyenda sobre su supuesta bondad y servicio desinteresado a los más desfavorecidos. Con tiempo y manipulación, la fábula echó raíces. La mano derecha del gobernante Fidel Castro devino en hada protectora de los más humildes.

A Celia Sánchez, la inventaron como la Wendy popular, dentro de una sui generis pesadilla revolucionaria del Nunca Jamás.

Fue la hija de un médico mediocre de Manzanillo. El Dr. Manuel Sánchez, no fue ni peor ni mejor que otros tantos médicos rurales de provincia, que atendían a la población campesina cubana. Por cierto, en aquel momento, el campo de Cuba era en muchas regiones más desarrollado, que localidades similares de los prósperos Estados Unidos de la época.

Las inquietudes humanísticas y políticas de la joven Celia rebasaron con creces el marco estrecho de su Manzanillo natal. Nació en medio de una familia provinciana, en Media Luna, antigua provincia de Oriente y actual provincia Granma, el 9 de mayo de 1920. Eran 8 hijos en total, seis hembras y dos varones.

Sus biógrafos y la gente que la conoció coinciden en que amaba el riesgo, la naturaleza y que no se sintió cómoda en el rol que la sociedad asignaba a la mujer.

Nació para la política casi inmediatamente que se produjo el golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Fue fundadora y dirigente del Movimiento 26 de julio. Integró el grupo de "Valkirias" guerreras que acompaño a la tropa fidelista en la Sierra Maestra.

Estas mujeres entre las que se contó a la finada Haydee Santamaría, Vilma Espín y otras, desempeñarían roles destacados en el equipo de gobierno de Fidel Castro luego de su triunfo. Sólo una de ellas alcanzó grados de general en las Fuerzas Armadas, Teté Puebla, que aún se mantiene activa. Haydee Santamaría se suicidó en 1980 en un oscuro episodio a raíz de los sucesos de la embajada del Perú en La Habana.

Celia Sánchez comenzó a trabajar con Castro (Fidel) en 1957. No se separó de su sombra hasta su fallecimiento el 11 de enero de 1980. Durante todo este tiempo (23 años) no se conoce una intervención personal de la dama a favor de algún prisionero político. Esto, en momentos que existían poblaciones penales con miles de reclusos por motivos políticos.

Tampoco hizo algo por salvar al menos una vida, entre las muchas que fueron segadas en aquellos primeros años en los paredones de fusilamiento.

Nadie puede afirmar en qué momento cristalizaron los más puros ideales de su primera juventud. O en qué momento el sueño libertario desembocó en una pesadilla totalitaria.

Su generosidad, si es que así puede llamarse al reparto voluntarista de casas y destinos laborales, estuvo limitado a partidarios incondicionales, amigos y conocidos de la familia.

Intervino a favor de algunos homosexuales de forma casuística. A esos afortunados les impuso compromisos que les ataron y condicionaron una conducta política futura.

No está registrado que intentara seriamente ponerle fin a las persecuciones cíclicas ordenadas por el régimen contra rockeros, religiosos, homosexuales, etc.

Quien fuera llamada "la flor más autóctona de la revolución", tampoco se conmovió cuando los jóvenes cubanos comenzaron a morir en las aventuras militares africanas. La "flor" se petrificó ante la tragedia que representó la familia cubana dividida.

El halo de santidad con que se pretende consagrar a la difunta Sánchez Manduley, constituye uno de los mitos más difundidos del panteón revolucionario castrista. Pero lo que sí es verificable es que contribuyó al desarrollo de las prácticas voluntaristas desde los más altos niveles de la administración castrista.

Si algo hay que señalarle a la Sra. Sánchez Manduley es su contribución al desarrollo incipiente de la doble moral que lastra el alma nacional en la actualidad.

Su participación como militante en un partido que proclamaba el "ateísmo científico" la descalifica moralmente a muchos niveles. No olvidar que era un secreto a voces su compromiso con las prácticas de santería afro cubana y otras manifestaciones de lo milagroso.

Estas contradicciones entre el decir y el hacer, marcan la pauta de cómo fue realmente esta flor de piedra. Su contribución a la consolidación de la dictadura militar personal que sufrimos habla por sí sola. Que descanse en paz, en el equilibrio de una justa valoración de sus aciertos y de sus muchos errores.


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