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LABORALES
Inversiones y ética
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - La
Asociación de Empresarios Españoles
en Cuba emitió recientemente un comunicado
donde justifica su papel en la Isla, a la vez
que protesta por declaraciones del Sr. Ramón
Jáuregui, diputado del PSOE, sobre la ejecutoria
de esos empresarios ibéricos.
El portavoz del PSOE en la Comisión Constitucional
del Congreso emitió sus preocupaciones
y críticas en una conferencia del Grupo
Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa
en Cuba, efectuada en Madrid a fines de mayo.
Indudablemente, las inversiones extranjeras pueden
representar un factor de desarrollo económico
y jugar un papel importante desde el punto de
vista político y social. Cuba, país
pobre y subdesarrollado, necesita recursos para
impulsar su economía, así como tecnologías
que no le son accesibles. Paralelamente, la iniciativa
empresarial extranjera, comprendida la española,
puede ayudar a establecer el tejido empresarial
indispensable para el avance de las naciones,
en un mundo interconectado, donde la competitividad
y la lucha por los mercados es cada día
más fuerte.
Al mismo tiempo, es bien conocido que sin relaciones
humanas resulta imposible la concreción
de inversiones y el establecimiento de acuerdos
económicos y comerciales. Las mercancías
no viajan solas. Van acompañadas de seres
humanos, ideas y concepciones, por lo que procedentes
de un país como España, estos vínculos
pueden ser fuente adicional de influencia positiva
para el futuro de Cuba.
Algo similar podría decirse del turismo
español, aún en una escala más
importante. No puede olvidarse que los cubanos
provenimos en gran parte del tronco hispánico,
del que nos sentimos orgullosos. Compartimos la
misma lengua y sentimientos extremadamente cercanos.
Posiblemente los más próximos a
nuestra idiosincrasia.
Por este motivo somos absolutamente defensores
de las relaciones económicas, culturales
y de todo tipo con España, nación
que además hasta muy recientemente sufrió
el totalitarismo, y puede entender muy bien los
sufrimientos del pueblo cubano en la actualidad.
Sin embargo, habría que considerar que
tanto la inversión extranjera, específicamente
la española, como las visitas de nuestros
hermanos hispanos, no pueden dejar a un lado aspectos
éticos relacionados con la situación
afrontada por los cubanos hoy. Algunas inversiones
realizadas en la esfera del turismo realmente
no concuerdan con lo que aspiramos de España.
En hoteles administrados por españoles
se discrimina a los cubanos, y ni siquiera se
les permite alojarse, en el marco de un apartheid
que estamos muy seguros de que no tolerarían
en su propio suelo.
En el ambiente de "tranquilidad social"
imperante en Cuba existe la contratación
de personal basada, principalmente en el clientelismo
político, que obliga al trabajador, en
la mayoría de las ocasiones, a aparentar
lo que no siente para lograr el puesto de trabajo.
Asimismo, los cubanos reciben la baja remuneración
en la moneda nacional depreciada, mientras las
operaciones y la gestión de las inversiones
extranjeras se realizan en monedas sólidas,
o sea, el gobierno cubano a través de una
empresa contratadora recibe los salarios y otros
beneficios en divisas y paga en el peso corriente,
estableciéndose la explotación consciente
de la mano de obra, tolerada solamente por el
ambiente represivo imperante. No se admite ninguna
protesta de los empleados ni reclamación
directa a los empresarios, por lo que éstos
tienen garantizada la total "tranquilidad
y seguridad laboral".
No pueden soslayarse tampoco hechos que desmeritan
la inversión extranjera, por ejemplo está
el vergonzoso caso sucedido en octubre de 2005
en el Hotel Meliá Habana, cuando la administración
canceló a la embajada checa el contrato
para la celebración de la recepción
por la fiesta nacional checa sólo una horas
antes de efectuarse y a pesar de haber sido comprometido
con muchos días de anticipación,
alegando que habían sido invitados representantes
de sectores de la sociedad civil cubana, como
las Damas de Blanco.
Lamentablemente, nunca hemos leído comunicados
de la Asociación de Empresarios Españoles
en Cuba sobre estos importantísimos asuntos.
Ni se realizó una adecuada explicación
a la embajada checa ni a los cubanos sobre el
reprobable hecho.
Reiteramos que soy partidarios de las inversiones
extranjeras, y las españolas fundamentalmente,
pero creemos que debe existir una base ética.
Sería ingenuo suponer que los negocios
se hacen por amor al arte. Es justo y correcto
procurar determinados niveles de ganancia y retribución,
pero no debe darse la espalda a las realidades
de los países receptores, y menos aún
al pueblo. Es lógico el respeto a las leyes
nacionales, pero siempre y cuando tengan en cuenta
los acuerdos internacionales vigentes, más
aún si ambas naciones son signatarias de
los mismos, en particular en el marco de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT).
No puede soslayarse en los convenios, acuerdos
y contratos, lo establecido en documentos tan
importantes como la Declaración Universal
de Derechos Humanos y las obligaciones morales
que de ella se derivan. Que en otros países
se hagan cosas indebidas no exime a nadie de cumplirlas.
Una actitud contraria convierte de facto a las
empresas en colaboradoras del totalitarismo.
En el caso de las empresas de España,
las obligaciones y responsabilidades son aún
mayores, por los vínculos de sangre, historia
y cultura, así como la traumática
experiencia de decenios de totalitarismo en ese
querido país.
A nuestro juicio, no se trata de dirimir responsabilidades
en el futuro, cuando se produzca el inevitable
cambio. El cubano es un pueblo noble, sin mezquindades.
Se trata de vivir un presente con ética
y honorabilidad. Comprendemos las justas preocupaciones
del diputado Ramón Jáuregui, miembro
de un partido que sufrió en carne propia
las persecuciones de la dictadura y que junto
a todos los españoles con mucha sabiduría
supo contribuir a resolver los problemas en un
plano de reconciliación y paz. Gracias
a ello, hoy en un ambiente democrático,
en España se construye una sociedad próspera
y plural.
Estoy seguro de que muchas de estas preocupaciones
son compartidas por la inmensa mayoría
de los españoles.
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