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CULTURA
La magia de Juana Bacallao
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - Juana
Bacallao es una cubana con 74 años de vida
artística. Recuerdo haberla escuchado cantar
por primera vez a finales de la década
del cincuenta en un club del Vedado.
Resultaba para todos un verdadero enigma aquella
muchacha negra, que para sonreír hacía
una mueca, de muy baja estatura, regordeta, barrigoncita,
pero con una gracia descomunal sobre el escenario.
Y resultaba un enigma porque Juanita Bacallao
ni canta, ni baila, ni se ha podido aprender jamás
un guión musical de cabaret. Siempre ha
hecho en el escenario lo que le viene en ganas,
ha cantado como le parece, desafinando a todo
tren y hasta olvidando la letra de las canciones.
Cuando no está de venas, ofende a cualquiera
del público, cosa que ha inspirado tremendas
carcajadas a todo un auditórium, sobre
todo cuando se le escapa alguna mala palabra.
Juana siempre ha sido todo un espectáculo,
pero un espectáculo fuera de lo común,
extravagante. A mi entender, yo que recuerdo sus
mejores tiempos, cuando nadie le ponía
bridas a su escasa y pícara imaginación,
lo que gustaba de Juanita Bacallao era su espontaneidad,
su falta de artificio, su forma tan natural de
actuar.
En sus actuaciones vestía, todavía
lo hace, de forma chabacana y un poco ridícula,
detalle que venía bien con su cuerpo redondo
y caricaturesco. Cuando sale a escena -famosa
se hizo desde sus primeras apariciones en público-
Juanita tiene el poder de transformarse en un
ser explosivo y fulminante, sobre todo por su
vocabulario de artillería, y su boca de
pura candela.
Ni siquiera el timbre de su voz, áspero,
es melodioso y agradable al oído. Es, según
un colega y amigo, la expresión callejera
de Cuba. Quizás en eso radica la explicación
de su éxito, del misterio de esta mujer
de 85 años que todavía recibe aplausos
donde quiera que se presente a cantar, ahora con
su propio grupo Tiembla Tierra.
En los 74 años que lleva trabajando en
los cabarets de todo el país Juanita Bacallao
siempre ha sido un caso raro y único en
la historia de nuestro arte vernáculo.
Hay quien atribuye su éxito y su larga
trayectoria de trabajo profesional al cariño
que le rinden sus amigos personales. No lo creo.
En su vida privada Juana Bacallao no es tan sociable
como parece que lo es cuando canta y se mueve
en escena. Yo conversé con ella muchas
veces a lo largo de varios años, y pude
captar su carácter introvertido y tímido.
Juana Bacallao es original. He ahí la
razón de su éxito, su carta de triunfo.
Vienen a mi mente aquellos tiempos en que el Ministerio
de Cultura, a través de su empresa artística,
evaluó a Juana Bacallao a través
de un jurado compuesto por personas conocedoras
de la música y del baile. Fue desaprobada
a los efectos de recibir un determinado salario.
A Juana le tocó el escalafón más
bajo. Dicen que de las categorías A, B
y C que otorgaban, de puro milagro alcanzó
la última letra.
Sin embargo, aquel jurado se equivocó
con la Bacallao. Juana siguió siendo la
atracción del Salón Rojo del Hotel
Capri, y divertía y hacía carcajear
al tipo más avinagrado y sonso del público,
a pesar de que no se le consideró tampoco
como cómica. De forma chillona decía
cualquier barbaridad que se le ocurriera, y sin
darse cuenta acertaba. Hasta las pesadeces que
soltaba a boca de jarro caían bien.
Una maga puede que haya sido, aunque siempre
esos poderes, tan ocultos, son más conocidos
por la naturaleza que por el hombre.
Su atractivo y encanto ante las candilejas conjuraron
siempre su buena estrella, la que ha tenido a
través de más de siete décadas,
y su hechizo, por supuesto, se debe a su originalidad,
un don que quizás le obsequiaron sus santos.
Por estos días se le rinde homenaje a
esta artista en teatros y plazas municipales de
La Habana para celebrar su cumpleaños 85.
Se lo merece. Mucha risa le debemos a esta mujer,
tan peculiar y fantástica.
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