|
Un
país destrozado
Víctor Llano, Libertad
Digital, España, 05 de junio de 2006.
" Si aciertan a crear una sociedad que respete
las libertades individuales, la iniciativa privada
y las reglas del estado de derecho, les resultará
mucho más fácil recuperar los principios
que la larguísima tiranía que sufrieron
les llevó a abandonar. "
Carlos Franqui presentó en Madrid su último
libro: "Cuba, la revolución: ¿mito
o realidad?". No puede ser más pesimista
respecto al futuro de Cuba. Según el que
fue director de Radio Rebelde y estrecho colaborador
del régimen castrista hasta 1963, "el
país está destrozado material, moral
y espiritualmente". Franqui coincide con
dos millones de exiliados que son conscientes
de que a los rehenes de Castro no les queda más
remedio que mentir, robar y prostituirse, si es
que pretenden sobrevivir en la Isla de las doscientas
cárceles. El escritor y periodista se culpa
de haber contribuido a que sus compatriotas -por
los que creyó luchar- no encuentren otro
modo de ofrecer un plato de comida a sus hijos,
"como participante en esa revolución
destructora tengo una responsabilidad que mi conciencia
no olvida ni un minuto".
Después de 47 años de tiranía,
son los jóvenes los que más sufren
los efectos de una robolución que sólo
ha sabido ofrecerles miseria, propaganda y odio.
Acierta Franqui cuando recuerda su desesperación,
"en la juventud cubana hay un sentimiento
de que vive en el infierno, de que nada puede
hacer para cambiarlo y de que, por lo tanto, la
única solución es marcharse".
Él se marchó en 1968, y si bien
es cierto que en un principio ayudó al
triunfo de la gran patraña, desde el exilio
siempre denunció los crímenes que
degeneraron en la peor de las barbaries.
Dios quiera que Franqui viva más que los
carceleros y alcance a comprobar que, a pesar
de tanto horror, los cubanos fueron capaces de
aprender a vivir en una sociedad en la que para
"resolver" antes necesitaron tener principios
y confiar en el esfuerzo, el sacrificio y el ahorro.
Nadie les va a regalar nada. Pero si aciertan
a crear una sociedad que respete las libertades
individuales, la iniciativa privada y las reglas
del estado de derecho, les resultará mucho
más fácil recuperar los principios
que la larguísima tiranía que sufrieron
les llevó a abandonar.
Puede que el pesimismo de Fraqui esté
más que justificado; en cualquier caso,
después de tanto remar no vamos a resignarnos
con morir en la orilla. Los jóvenes cubanos
aprenderán a vivir en libertad. No hay
mal que cien años dure. Ochenta va a ser
que sí. No muchos más son los años
que le quedan de vida al máximo líder
de los multimillonarios. Los exiliados no pueden
caer en la desaliento ahora que todo termina.
Los que no pudieron escapar confían en
que les ayuden a crear una sociedad libre y próspera.
Queda todo por hacer. Lo primero, sacar de la
cárcel a Óscar Elías Biscet
y a cientos de disidentes que, como él,
no perdieron la esperanza. Lo segundo, crear una
comisión de la verdad que ayude a clasificar
los crímenes del castrismo. Ojalá
Carlos Franqui pueda formar parte de ella.
|