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POLITICA
El vice en jefe
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - No
caben dudas de que el general de ejército
Raúl Castro Ruz ha ganado en las lides
adecuadas la condición de segundo en jefe
en la cadena de mando del gobierno de Fidel Castro.
Su posición, que nunca fue débil,
se fortaleció a partir de las purgas de
1989. Este fue el punto de viraje desde una discutible
revolución, hasta una dictadura personal
militar.
Aquí es donde sería conveniente
detenerse en el análisis de esta interesante
personalidad. Raúl y Fidel Castro se complementan
de forma muy armónica. Al igual que en
la maravillosa antinomia bíblica representada
por Caín y Abel, los hermanos se complementan.
Uno representa el ente sin afectos, el otro, un
rostro más humano con el que puede establecerse
una precaria empatía.
El vice en jefe representa el rostro humano del
poder castrista. Si no lo consigue por virtudes,
en el sentido teologal del término, se
humaniza a partir de los defectos. No es que la
primera figura carezca de ellos, sólo que
le faltan las debilidades que le harían
humano. El vice, por su parte consigue la necesaria
identificación a partir de que ama los
gallos, el licor y es compatible a una identidad
común entre pecadores. Es humano porque
puede pecar, en el mismo sentido teologal del
término.
Las fábulas políticas en la Isla
siguen un patrón que apunta a la justificación
en términos no de lo que es correcto, sino
en un avizorar lo que supuestamente sería
peor. Siguiendo este razonamiento, no tendría
sentido luchar por la libertad. ¿Para qué
hacerlo? Fidel Castro es malo y esto es inevitable,
Raúl puede ser mejor y la democracia es
desconocida y no ha mostrado credenciales creíbles
en Cuba. Así razonan los castristas.
El punto discutible es si el vice en jefe es
mejor. Si esto fuera así, la pregunta sería:
¿Mejor para quien? Me parece que no sería
mejor para los presos políticos, en celdas
de castigo de cárceles dantescas y medievales.
Tampoco para los jóvenes negros, mestizos
y blancos abusados por la policía y condenados
a prisión por supuestos delitos de peligrosidad.
Mucho menos para los casos singulares de ciudadanos
abusados en sus derechos por miembros de la casta
militar o política del régimen.
Entonces: ¿Para quién resulta mejor
el vice en jefe?
He señalado en otras ocasiones cómo
la intervención oportuna del vice en jefe
lanzó la toalla salvadora a los caídos
en desgracia por incurrir en el enojo, justificado
o no del # 1.
Ahí reside el problema, el vice en jefe
restringe su humanidad al espacio selecto de sus
amiguetes o de los arios en jefe, ubicados en
las altas esferas.
El general de ejército nos hace un flaco
servicio de esta forma. Personalmente no creo
que sea mejor o peor, sólo distinto. No
ha sido mejor para evitar conductas reprobables
en el Ministerio del Interior, tanto en las cárceles
o fuera de ellas.
Para citar un ejemplo, no hemos sabido de una
crítica a las tropas guardafronteras que
en fecha reciente masacraron a unos ilegales.
No ha dicho si los responsables de este hecho
serán juzgados por un evidente uso inadecuado
de fuerza extrema.
En fín, no hay hechos que avalen un mérito
en él, válido para un voto de confianza,
en el momento de encabezar el gobierno de transición
de una Cuba post Castro. Nunca se ha visto al
vice en jefe actuar contra episodios de corrupción
que involucren a miembros de la corte castrista
en el disfrute pleno del favor del Máximo.
La pregunta es: ¿Bueno para quién?
¿Mejor para quién? Decididamente
no lo es para el cubano de a pie. Con el general
de ejército ocurre algo similar a lo que
sucedió con la finada Celia Sánchez
Manduley: limitó una eventual misericordia
y comprensión al espacio estrecho y limitado
de sus afines políticos.
Tanto en uno como en otro brilla por su ausencia
el principio martiano en su fórmula de
amor triunfante. Ninguno de los dos fue con todos
y para el bien de todos. En el sentido teologal
del término, deben el destello falso de
sus luces cortesanas, a la presencia de detestables
pecados, que humanizan. Jamás a virtudes
que elevan y purifican.
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