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AGRICULTURA
La inseguridad ciudadana rural
Antonio Alonso, PDCR
SANTIAGO DE CUBA - Junio (www.cubanet.org) -
Los daños contra la propiedad y las personas,
ya sea por robo, asalto y demás componentes
de la violencia, hacen totalmente insegura la
vida de las personas en el campo cubano. La depauperación
moral y económica son las principales causas
de este estado delincuencial, sin que las autoridades
tomen las menores medidas de protección
y seguridad ciudadana.
Cuando me refiero a medidas, presupongo la investigación
y esclarecimiento de los hechos, porque realmente
las medidas necesarias a tomar son de carácter
político, que aseguren un cambio en lo
económico y social dentro de la comunidad
rural.
No hace falta ser sociólogo para determinar
este comportamiento humano, los jóvenes
no tienen una infraestructura económica
que les permita obtener algún ingreso.
La agricultura no resulta atractiva como fuente
de empleo, es muy rústica, atrasada y los
salarios son prácticamente irrisorios.
De igual forma se comporta la parte privada, los
bajos precios que pagan las empresas estatales
por los productos impide que los propietarios
de tierras puedan pagar salarios justos a sus
trabajadores.
Las prisiones se mantienen llenas durante años,
principalmente por personas que han cometido hurto
y sacrificio de ganado mayor, pero sus actos delictivos
en su mayoría están vinculados directamente
con bienes de la propiedad estatal. Las regulaciones
legales para el sector privado empiezan por multar
a los propios dueños, so pretexto de que
no cumplieron con las normas de seguridad y protección
para con los animales. Más de tres robos
de animales contra una persona lo llevan automáticamente
a la venta forzosa del resto de su ganado.
Los campos de Cuba se han convertido en el caldo
de cultivo de la delincuencia. En mi caso particular,
contra mis bienes se han perpetrado todo tipo
de actos delictivos, que por su impunidad, puede
asegurarse que gozan de la anuencia de las autoridades
gubernamentales. En los cuatro últimos
años, de forma consecutiva se han producido
en mi finca incendios muy raros e injustificados,
que han puesto en peligro hasta la casa de vivienda.
Se ha quemado todo el pasto del ganado, muchas
veces se ha logrado sacar el ganado a punto de
quemarse; se arruinaron por el fuego las plantaciones
de café y otros cultivos.
Los ataques contra mi propiedad incluyen la matanza
en varias ocasiones de los perros que custodiaban
la casa, el robo de todos los utensilios de cocina,
las monturas para los caballos y de varios animales.
El pasado 12 de mayo me robaron una novilla, el
19 un buey y el 28 una yunta de bueyes. Todos
estos animales fueron sacados de su corral, que
está contiguo a la vivienda, mientras nos
mantenían bajo un fuego de piedras, por
lo que el hecho se puede catalogar de robo con
fuerza o un asalto.
El lunes 20 de mayo acudí a hacer la acusación
formal ante la PNR (Policía Nacional Revolucionaria)
y el Jefe de Sector, Teniente José Angel
Cleger, con una actitud altanera y prepotente
me informó que hacía tiempo que
ya él había informado y según
él me lo había hecho saber, que
no podía tener más animales, por
lo que se presume que dentro de poco me llegará
la notificación de su venta forzosa al
estado.
Así están las cosas por los montes
y caminos de Cuba, y hoy, a la hora de este recuento
no puedo dejar de leer un artículo que
como un tesoro conservo de Carlos Quintela titulado:
El campesino y el policía.
El
campesino y el policía / Carlos Quintela
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