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SOCIEDAD
Sin solución por el momento
Aimée Cabrera
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) -
El transporte urbano en la capital está
cada vez peor. Un día priorizan una ruta
y es casi la única que pasa. En la siguiente
jornada es ésa la que más demora
en pasar. Los autobuses de centros de trabajo
han mermado y hasta los almendrones están
difíciles de conseguir.
En la céntrica zona del Capitolio hay varias
piqueras improvisadas, como la que va para Alamar,
o la de Prado y Neptuno, En ambas, ningún
hombre mira a la joven del cha cha chá.
Concentran sus fuerzas en empujar para irse lo
antes posible. Atrás quedó la caballerosidad
proletaria.
Una madre con un niño cargado o de la mano,
una señora que por su edad tiene que caminar
despacio, o un señor con bastón
no le pueden hacer el juego al chofer particular
que llega de prisa, tratando de escapar a los
agentes del tránsito e inspectores del
transporte que aprovechan para quitar licencias
de conducción o imponer multas.
A nadie se le ocurre poner a una persona que organice
la cola de quienes esperan los almendrones. Es
más fácil atropellarse o colarse.
"A río revuelto...". Y qué
decir de la mayoría que no puede pagar
los diez o veinte pesos que cuesta la carrera.
Se rumora que en ciertos horarios los chóferes
han aumentado sus tarifas considerablemente. Lo
tomas o lo dejas, parecen decir los que ya se
sienten imprescindibles.
En fecha reciente, el Ministerio de Transporte
adquirió diferentes vehículos, pero
ninguno ha sido comprado para aliviar las penurias
del transporte. Existen las rutas invisibles,
como la 67, 15, 27, 20. Sus usuarios llaman al
paradero y preguntan a qué hora salen-
si es que salen. Las personas quedan embarcadas
en la mayoría de las paradas, ya que salen
de la base completamente llenas y así llegan
al final del recorrido.
Los habaneros que tienen obligación de
trabajar en el verano y no poseen transporte en
sus centros laborales se las ven negras, como
un grupo de trabajadores de una instalación
turística que tienen alquilado un carro
que los deja de madrugada en las puertas de sus
casas. La jugada es cara pero segura para evitar
asaltos y agresiones.
Amanece temprano y el sol quema a las ocho. Por
eso, los que deben ir para Alamar se levantan
bien temprano, cogen el metrobús No. 1
o el camello de Alamar antes que los veraneantes
comiencen a marcharse a la playa. La gestión
o visita familiar debe culminar, por supuesto,
antes de las dos de la tarde. Muchos le dicen
a esto "ir contrario a la muchedumbre",
y lo aplican para cualquier otra zona a donde
tengan que desplazarse.
Los más pesimistas prefieren quedarse cerca
de sus casas. Si no hay teléfono en el
hogar, no queda más remedio que hacer la
cola en la cabina y realizar la visita telefónicamente.
Y dejar un final abierto para el encuentro familiar,
a ver si antes de que termine el año mejora
el transporte.
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