PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 28, 2006

SOCIEDAD
Mirada de rey

Amarilys C. Rey, Cuba-Verdad

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) – La jaula le queda inmensa al pequeño sinsonte que un amigo recogió junto al tronco de un árbol en el parque Lenin, en las afueras de Ciudad de La Habana.

Me cuenta que temió por los depredadores. Al parecer el ave tenía una pata lastimada, y además, no podía volar.

- Llévatelo –me dijo, retándome. A ti te gustan los animales, hay que alimentarlo constantemente y no tengo tiempo para eso.

Entonces me asaltó la misma duda que a cualquiera de los que habitamos esta isla. De pronto nos llega un pariente del interior, una amistad que viene a visitarnos, o como en este caso, una nueva mascota: ¿Qué le doy de comer?

En esa disyuntiva estaba cuando miré a los ojos del crío, y me gustó su arrogancia. Allí, encerrado frente a dos gigantes, no mostraba miedo.

Abriendo el pico constantemente exigía su alimento. “Aquí me trajeron. Ahora, quiero comer”. Me gustó su porte, a pesar de lo maltrechas de algunas plumas. Y sí, tenía mirada de rey.

Una caja de cartón con algunos orificios, una rastra utilizada como transporte (camello), para llevarla a casa, una jaula, que desde hacía meses colgaba vacía, y ya estaba instalado el sinsonte con su nueva familia.

Sisi, la cotorra; Adys, la perra, y yo, ahora convertida en súbdita, tratando de conseguir como alimentar al pájaro.

Fueron muchas las recetas de quienes me aconsejaban: papa y huevo, pan y leche, frutas, semillas, etc. Pero en la práctica estos manjares no se consiguen con facilidad. Como creo que la necesidad hermana, salí con una jaba y reuní, entre varias amistades, algunas cucharadas de leche en polvo, papas, boniatos, y hasta dos huevos criollos.

En esos trámites me encontraba cuando una amiga, que tuvo que botar su gato porque no tenía comida para alimentarlo, me comentó:

- Yo no me complico tanto, es como si estuvieras pidiendo limosnas para un sinsonte.

Al regreso con mis mascotas, y tratando de alimentar al sinsonte, voces infantiles en mi portal se hacían sentir con fuerza: “¡Compañera, compañera!”

Eran dos niñas de diez años. Una de ellas sostenía una jaba en sus manos. Ambas lucían atareadas. Una niña me preguntó:

- ¿Tendrá usted una vianda o algo que se le pueda echar a la caldosa del comité, cualquier cosa?

Se preparaba la actividad para recibir el 26 de julio. Y la caldosa era el plato principal. Pensé que uno de los boniatos que había conseguido para el sinsonte podría ayudar a la gestión de las pequeñas.

Al entregarles el boniato, indagué sobre si conocían el motivo de la actividad cederista que estaban preparando. Me miraron muy fijo. Una de las niñas movió la cabeza negativamente, y abriendo sus ojos se encogió de hombros.

Se marcharon apresuradas, después de enterarse que la madrugada del 26 de julio de 1953 habían muerto muchos cubanos.

Regresé a mis tareas algo pesarosa por la indiferencia que mostraban las infantes y la mentira en que vivimos. Y me fui a darle de comer al sinsonte con mirada de rey. Según me han dicho, son muy delicados estos pájaros cuando viven en cautiverio.


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