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SOCIEDAD
Mirada de rey
Amarilys C. Rey, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org)
La jaula le queda inmensa al pequeño sinsonte
que un amigo recogió junto al tronco de
un árbol en el parque Lenin, en las afueras
de Ciudad de La Habana.
Me cuenta que temió por los depredadores.
Al parecer el ave tenía una pata lastimada,
y además, no podía volar.
- Llévatelo me dijo, retándome.
A ti te gustan los animales, hay que alimentarlo
constantemente y no tengo tiempo para eso.
Entonces me asaltó la misma duda que a
cualquiera de los que habitamos esta isla. De
pronto nos llega un pariente del interior, una
amistad que viene a visitarnos, o como en este
caso, una nueva mascota: ¿Qué le
doy de comer?
En esa disyuntiva estaba cuando miré a
los ojos del crío, y me gustó su
arrogancia. Allí, encerrado frente a dos
gigantes, no mostraba miedo.
Abriendo el pico constantemente exigía
su alimento. Aquí me trajeron. Ahora,
quiero comer. Me gustó su porte,
a pesar de lo maltrechas de algunas plumas. Y
sí, tenía mirada de rey.
Una caja de cartón con algunos orificios,
una rastra utilizada como transporte (camello),
para llevarla a casa, una jaula, que desde hacía
meses colgaba vacía, y ya estaba instalado
el sinsonte con su nueva familia.
Sisi, la cotorra; Adys, la perra, y yo, ahora
convertida en súbdita, tratando de conseguir
como alimentar al pájaro.
Fueron muchas las recetas de quienes me aconsejaban:
papa y huevo, pan y leche, frutas, semillas, etc.
Pero en la práctica estos manjares no se
consiguen con facilidad. Como creo que la necesidad
hermana, salí con una jaba y reuní,
entre varias amistades, algunas cucharadas de
leche en polvo, papas, boniatos, y hasta dos huevos
criollos.
En esos trámites me encontraba cuando
una amiga, que tuvo que botar su gato porque no
tenía comida para alimentarlo, me comentó:
- Yo no me complico tanto, es como si estuvieras
pidiendo limosnas para un sinsonte.
Al regreso con mis mascotas, y tratando de alimentar
al sinsonte, voces infantiles en mi portal se
hacían sentir con fuerza: ¡Compañera,
compañera!
Eran dos niñas de diez años. Una
de ellas sostenía una jaba en sus manos.
Ambas lucían atareadas. Una niña
me preguntó:
- ¿Tendrá usted una vianda o algo
que se le pueda echar a la caldosa del comité,
cualquier cosa?
Se preparaba la actividad para recibir el 26
de julio. Y la caldosa era el plato principal.
Pensé que uno de los boniatos que había
conseguido para el sinsonte podría ayudar
a la gestión de las pequeñas.
Al entregarles el boniato, indagué sobre
si conocían el motivo de la actividad cederista
que estaban preparando. Me miraron muy fijo. Una
de las niñas movió la cabeza negativamente,
y abriendo sus ojos se encogió de hombros.
Se marcharon apresuradas, después de enterarse
que la madrugada del 26 de julio de 1953 habían
muerto muchos cubanos.
Regresé a mis tareas algo pesarosa por
la indiferencia que mostraban las infantes y la
mentira en que vivimos. Y me fui a darle de comer
al sinsonte con mirada de rey. Según me
han dicho, son muy delicados estos pájaros
cuando viven en cautiverio.
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