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SOCIEDAD
Original y Copia: Más de lo mismo
Odelin Alfonso Torna
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) -
Al pan, pan y al vino, agua. Una especie de metamorfosis
sufren algunos productos en la red de Comercio
Interno, por obra y gracia de inventores despiadados.
El cubano es vivo, pero el que compra no es bobo.
Por lo regular, algunos detalles propios de la
falsificación pueden delatar al producto
introducido ilegalmente en el mercado.
Trabajadores de comercios, tiendas y cafeterías
introducen esos productos, confeccionados en fábricas
clandestinas con materia prima y embalajes del
estado, en estantes de exhibición o almacenes,
generalmente con la autorización de administradores
o gerentes.
Con frecuencia, cuando se adquiere un producto,
digamos un paquete de refresco o detergente, éste
pasa como un producto original. Cuando uno llega
al hogar, se da cuenta de que ha sido estafado
al percatarse del contenido o anomalías
en su cobertura.
El cubano es timado por donde quiera, desde una
Tienda Recaudadora de Divisas (TRD), hasta en
una simple cafetería de mala muerte. Productos
en divisa de aseo personal, como desodorante,
champú, acondicionador, jabón, son
los pioneros de la fabricación casera.
Luego penetraron en el mercado algunas copias
de comestibles como galletas, el refresco Piñata,
sorbetos, caramelos y otros. Realmente, la duda
está sembrada con todo tipo de producto,
cualquier artículo que compremos puede
ser clandestino. El ingenio del cubano es capaz
de reproducir cualquier artículo a su imagen
y semejanza.
Las fábricas clandestinas de cervezas y
refrescos de botella han mantenido surtidas a
las cafeterías en moneda nacional y algunas
en divisas, durante años. Claro, nadie
cree estar tomando cerveza Hatuey, Polar o Tropical
de la propia industria cervecera. Los fabricantes
clandestinos de refresco gaseado también
se las ingenian para envasar pomos plásticos
de Tukola o Naranja Fres. Hoy en día, la
mayoría de las personas optan por las bebidas
enlatadas.
Igual sucede con los rones. Las botellas de ron
de algunas de las marcas originales aparentan
ser auténticas. Los envases plásticos
o botellas recuperados se rellenan con una jeringuilla
y son enviados otra vez a los estantes. El líquido
puede ser casero, pero generalmente es sustraído
de los toneles originales, administrados por el
estado.
En 47 años siempre hemos consumido los
generosos manjares orientados por la Revolución.
Nuestro paladar está ajustado a la incipiente
variedad de productos alimentarios que oferta
el estado cubano.Las copias son algo más
de lo mismo.
Las bodegas o tiendas de productos normados también
son partícipes del doble suministro. El
Cafetín, la nueva cara del café
normado, también es envasado clandestinamente.
Yolanda, una vecina de Mantilla, devolvió
su cuota de café al darse cuenta de que
contenía chícharo tostado. Los consumidores
aseguran que es el mismo café de siempre,
sin embargo desconocen su procedencia.
La leche en polvo normada para menores de siete
años es otro de los renglones adulterados.
Es frecuente que en las bodegas capitalinas los
infantes reciban leche para diabéticos
en lugar de la leche acostumbrada, según
se plantea "por errores de suministro".
Se rumora que, de la vaca a la boca, la lactosa
es muy poca.
¡Créalo o no!, la empresa que produce
fármacos para animales (LABIOFAM) ya tiene
sucursales en la calle. Vendedores clandestinos
ofertan antibióticos y antiparasitarios
de amplio espectro para perros por sólo
20 ó 30 pesos el frasco. Clientes temerosos
ante tal oferta preguntan por su procedencia.
Los vendedores alegan que son envasados clandestinamente,
pero al mismo tiempo aseguran que el medicamento
es original de LABIOFAM.
¿Quién tiró la tiza? es la
frase de un Rap, que en Cuba equivale a preguntar
¿Quién es el culpable? No se puede
culpar a los fabricantes clandestinos por introducir
estos productos en el mercado estatal. Generalmente,
la materia prima utilizada por los fabricantes
clandestinos proviene del estado.
El estado controla de manera centralizada toda
la materia prima del país. Esta materia
prima se canaliza, hasta llegar a manos del fabricante
clandestino, mediante la vía más
rápida y segura, el dinero. Los envases
y etiquetas originales de una marca registrada
son los mismos de un producto pirata.
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