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POLITICA
El Cordobán del Cordobaso
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba – Julio (www.cubanet.org) - Fidel Castro asistió a la llamada “Cumbre de los pueblos”. De paso participó en la reunión de MERCOSUR, bajo la mirada cansada y tolerante de los presidentes elegidos democráticamente. Castro rubricó algunos acuerdos comerciales de poca monta con algunos países. Todo parece indicar que la agenda que lo trajo fue más política que económica.
Los medios oficiales de la Isla se apresuraron para sobre dimensionar su participación en el cónclave. Aunque bueno es decir que fueron todo lo consecuentes que las circunstancias les permiten. El acento fue puesto en los aspectos políticos más que en la parte económica.
El show pagado por Venezuela y denominado “Cumbre de los pueblos”, casi ocupó toda la agenda del gobernante cubano. Castro volvió a hablar y a discursear contra los Estados Unidos. Entre Chávez y el anciano mandatario de Cuba, vaticinaron el fin del mundo libre. Chávez fijó el evento para los próximos 50 años; Castro, que obviamente tiene prisa, lo adelantó.
La destrucción del mundo libre y, por supuesto, de los Estados Unidos, es el sueño recurrente de Fidel Castro desde sus años juveniles. La contrapartida de este sueño, lo que crea el necesario equilibrio, es la pesadilla corporizada en el temor patológico a que lo maten. Quizás pensando en Cuba, Castro alertó sobre la inconveniencia del uso de siquitraques y cohetes en actos públicos.
Estimó que su empleo podría enmascarar a un eventual tirador. Es la lógica de la cabeza visible de un régimen totalitario. De acuerdo con esta lógica y su terror irracional a la muerte, cualquier prohibición y cualquier medida para preservar su existencia es poca. Esto explica que se mueva en medio de una parafernalia sin igual de pistoleros, ayudantes y guardaespaldas. O que someta a los cubanos a una lista inacabable de prohibiciones y limitaciones derivadas de su miedo a que le maten.
Todos los dictadores se parecen o tienen rasgos semejantes. Siguen un patrón o un perfil. Así lo aseguran los que estudian a esta categoría de personas. A falta de triunfos reales en el terreno firme de la economía, las finanzas o la industria, los dictadores se transan con el oropel efímero de las puestas en escena.
Castro dijo, y los medios al servicio de su gobierno repiten, que la Cumbre chavista de los pueblos fue un “Cordobaso”. Algo que para ellos da la medida de un éxito en el terreno político. Lo que no se dijo es que los cubanos a falta de Cordobasos, muerden el Cordobán. Esto es algo muy desagradable: equivale a resignarse a ser un perdedor a tiempo completo.
Parece ser que los presidentes elegidos democráticamente, limitan su censura a Castro y a su dictadura a mudas miradas que podrían interpretarse como reconvención. Ninguno demandó la libertad de los presos políticos cubanos. Ninguno levantó su voz en defensa del derecho de los cubanos.
Este silencio les iguala a los que callan en la Isla por temor a la respuesta represiva de la dictadura. Tanto unos como otros muerden el mismo Cordobán. La diferencia, si es que la hay, estriba en la calidad del mordisco, o en su estilo. Nada más.
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