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CULTURA
Delirio habanero
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) -
La introducción fantasmagórica a
la realidad cubana de tres baluartes culturales
de la República -Benny Moré, Celia
Cruz y Varilla- es el tema central de la obra
escrita por Alberto Pedro y dirigida en estos
días por Raúl Martin en la Sala
Llauradó del Vedado. Su nombre: "Delirio
habanero".
En la obra, tres muertos regresan a su querida
Habana a través de unos supuestos locos
(quienes sino ellos para decir a los cuerdos las
verdades que no reconocen). El trío de
delirantes y enigmáticos seres se reúnen
cada noche en un antiguo local clausurado desde
el año 1967. Ellos creen ser quienes son:
Varilla, un emblemático cantinero de la
Bodeguita del Medio de la "época de
los malos", y dos grandes leyendas de la
música cubana: Celia Cruz y Benny Moré.
Ella, Celia, la Reina, cree haber regresado de
su trágico destierro en forma clandestina,
por un punto de la costa norte. Él, Bartolo,
el Bárbaro del Ritmo, un muerto vivo del
que se apoderó un espíritu. En el
medio de ambos, Varilla, chiflado obsesionado
con ser el dueño de un lujoso bar.
Ante Delirio Habanero se ampliarán las
fronteras de la imaginación, y el tiempo
se convertirá en entelequia. Renacerá
entonces el concepto cultural de nación,
destruido por la dictadura. Se podrá viajar
tan lejos como se quiera, y se entrará
en una articulación de acuerdos y meditaciones.
Lo dramático estará presente en
los movimientos cíclicos de los personajes,
"atrapados sin salida" en su jaula insular.
Los protagonistas, en medio de su cosmos existencial,
desentierran espíritus ausentes, entretejiendo
una multitud de perspectivas, acosos y angustias
megalómanas. Entre ellos se niegan, se
afirman y se aproximan, creando una estructura
profundamente discontinua y vital.
Se percibe en la obra una evocación a la
nocturnidad de La Habana tan bien descrita por
Guillermo Cabrera Infante en su novela Tres Tristes
Tigres. Las actuaciones logran notas estelares.
Celia Cruz, interpretada por Laura de la Uz; Benny,
actuado por Mario Guerra, y Varilla, interpretado
por Amarilys Núñez.
Las relaciones entre el dramaturgo Alberto Pedro
y Raúl Martin comenzaron hace tres años
y se interrumpieron con la sorpresiva muerte del
escritor. El primer trabajo en conjunto, titulado
El Abrazo Infinito, aún está por
estrenarse.
La puesta en escena es un culto a la música
cubana del siglo veinte: el son, la guaracha,
el bolero, como identidad de la nación,
a la cual el grupo de teatro La Luna rinde especial
homenaje con esta puesta en escena.
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