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POLITICA
Con cabeza propia
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Es
un lugar común que el gobierno de Fidel
Castro pone a enemigos y amigos, a tirios y troyanos,
a bailar con su melodía. Las últimas
medidas anunciadas por el gobierno de los Estados
Unidos, con su tema de ayuda incluido, dan la
medida de esta situación.
Algunas personas muy dignas y sinceras se han
pronunciado de forma muy crítica en relación
a este particular. La esencia de tales conductas
y razonamientos se reduce a que como el gobierno
de Fidel Castro se comporta mal es peligroso provocarlo.
Así, los norteamericanos perjudican a
la oposición interna cuando hablan de ayudar.
También lo hacen cuando crean comisiones
y nombran coordinadores.
De acuerdo al esquema mental de estas buenas
personas, los americanos deben cuidar su conducta.
Castro podría ordenar una nueva oleada
represiva. Dicen: "Si al menos la ayuda llegara
a su destino
pero no va a llegar y todo es
muy perjudicial".
Se escuchan cosas verdaderamente lastimosas.
A alguno, la policía de Seguridad lo persigue
en la Iglesia, ¡qué cosa! Otro teme
-no sin razón- una degollina tipo San Bartolomé.
Ronda el fantasma de una nueva oleada represiva.
En fin, puede hasta llover por culpa de los americanos,
de la ayuda que no se verá y del coordinador
que nombró el presidente de allá.
Lo que cuesta trabajo oír es un razonamiento
sereno que libere a los norteamericanos de responsabilidad
por la conducta impropia del gobierno de Fidel
Castro. O una actitud de verdadera consecuencia
frente a cada desplante del régimen de
La Habana.
Se ha hecho costumbre que el gobierno norteamericano
apruebe la entrega de dineros, a sabiendas de
que éstos no se entregarán. Por
otra parte, se acepta que Castro castigue cubanos
por lo que hicieron, hacen o harán los
norteamericanos. Se vive con angustias y no se
piensa de forma apropiada.
Me pregunto para empezar: ¿Por qué
los americanos que aprueban dar la ayuda no se
han preocupado porque ésta llegue a donde
debe llegar? ¿Por qué no se le hace
el afeite necesario a las regulaciones del embargo
para dar solución a este problema? ¿Por
qué se llegó a este patético
extremo?
¿Cómo es posible que el régimen
de Fidel Castro imponga su agenda de terror sin
que alguien proponga algo razonable, éticamente
correcto y por encima de todo funcional, en el
trato con gobierno de tal historial y características?
¿Se dispondrá algún día
del contra discurso que neutralice el matonismo
político del régimen castrista?
Recuerdo que cuando Ronald Reagan presidía
y Mas Canosa vivía, el régimen se
conducía con una cordura de ensueño.
Eso a pesar de que dicen que en esa época,
el SR 71 realizaba un tour diario no autorizado
(¿o sí?) a lo largo de toda la Isla.
Hoy nos ahogan con retórica. Por cobardía,
conveniencia o pereza, se asume el discurso ajeno.
Pensar con cabeza propia es inconveniente, peligroso
o poco útil.
Cuando el inevitable y necesario momento del
gran entierro sea una realidad, se echará
de menos la coherencia, la eticidad y la firmeza
ausentes en este instante. Habrá que improvisar
algo. ¡Que Dios nos asista para entonces!
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