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POLITICA
Tan cerca y tan lejos
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - Lo
confieso, tiemblo cada vez que el gobierno norteamericano
anuncia nuevas medidas para acelerar la llegada
de la democracia a Cuba.
Dichas medidas generalmente son impracticables,
inefectivas y contraproducentes. Sus únicos
resultados son ganar votantes entre el electorado
cubano americano y dar coartadas adicionales al
régimen de La Habana para seguir apretando
el dogal.
Ha sido así durante casi medio siglo.
El embargo norteamericano aún sigue siendo
la justificación del régimen para
cualquiera de sus excesos represivos.
El nuevo informe de la Comisión para una
Cuba Libre del Departamento de Estado es más
de lo mismo. Los 80 millones de dólares
destinados a apoyar la disidencia y un inquietante
capítulo secreto han vuelto a exacerbar
la paranoia de la dictadura.
Quizás no sea tanta. Es parte del juego.
Las nuevas medidas convienen al régimen
más de lo que lo preocupan. Le da nuevos
argumentos para calificar otra vez más
de "mercenarios al servicio del imperialismo
yanqui" a todo aquel que se le oponga.
La dictadura se siente amenazada o quiere aparentarlo.
Es lo mismo. En un régimen compulsivamente
represivo como el cubano, eso no hace augurar
nada bueno derivado de las nuevas medidas. Digo,
a no ser que su verdadero objetivo sea poner nervioso
y hacer rabiar al régimen.
Me temo que esta vez hay algo más bajo
el mantel. Sólo un poco más. Lo
suficiente para activar los gatillos de la represión.
Por lo pronto, el presidente de la Asamblea Nacional,
Ricardo Alarcón, no dejó lugar a
dudas. Algunos pagarán con años
de cárcel los platos rotos.
La nueva ola represiva puede estarse incubando.
Esta vez sería en verano y probablemente
no tan espectacular como la de la Primavera Negra
de 2003. Algo deben haber aprendido de su error
en cuanto a costos políticos.
De nuevo, la declarada intención del gobierno
norteamericano de ayudar a traer la democracia
a Cuba puede ocasionar más daños
que beneficios.
El asunto lució mal desde el comienzo.
La mera creación en Washington de una Comisión
para implementar la transición a la democracia
en Cuba, con coordinador norteamericano incluido,
es inquietante.
La dictadura utilizó una implícita
injerencia extranjera como razón para agitar
el espantajo nacionalista y patriotero. Atizó
en la población el miedo al cambio utilizando
todos los medios a su alcance, desde discursos
hasta animados de TV. De paso, a propósito
de las limitaciones de los viajes y remesas a
Cuba, trató de erigirse hipócritamente
en el artífice de la unidad de la familia
cubana.
La cuestión de los fondos para ayudar
a la oposición está siendo explotada
por el régimen. Ha creado una polémica
entre los disidentes. La ayuda económica
es necesaria, venga de donde venga, el problema
es su costo. Muchos líderes opositores
han advertido que debe ser sin condicionamientos.
La ayuda económica no debe ser el meollo
del asunto. Primero que todo, porque realmente
no lo es. Con fondos o sin ellos, la oposición
al régimen no desaparecerá, y tampoco
el régimen les descolgará el sambenito
de "mercenarios".
Tanto el régimen cubano como sus opositores
saben que la mayor parte de ese dinero no llegará
a Cuba. Se quedará trabado por los caminos
de proyectos inviables. Se enredará en
los vericuetos legales del embargo. Los disidentes
seguiremos siendo rehenes de Fidel Castro y la
TV Martí seguirá siendo invisible
en Cuba.
El coordinador Caleb McCarry no logró tranquilizar
a muchos con su explicación de que el Plan
no se impone a los cubanos, sino que se implementaría
si un futuro gobierno de transición solicita
ayuda a Estados Unidos. Respondiendo a un periodista
indiscreto, no descartó que esta ayuda
incluyera un eventual envío de tropas norteamericanas.
La ayuda norteamericana, si es desinteresada
y sin condicionamientos, será muy necesaria.
Quién lo duda. Sólo me pregunto,
a este paso, quiénes integrarán
el gobierno de transición que la solicite.
Si Washington sigue generosamente brindando coartadas
al régimen cubano para el aniquilamiento
de la disidencia interna, llegada la hora de la
transición, quizás el diálogo
sea con la facción verde olivo que triunfe
en la guerra civil... Probablemente, será
tan plattista como los que aplauden el Plan Bush
o los que preparan la nueva ola represiva en La
Habana.
Fidel Castro se acerca a los 80 años,
los mandarines levantan el cadalso para los disidentes.
Mientras, los herederos designados escogen el
modelo de sucesión más ilegítimo
y chapucero que se les ocurra, Estados Unidos
espera su momento de ocupar un sitio en la ecuación
Elija usted su pesadilla.
Cuba, como México, todavía más,
sigue estando lejos de Dios y demasiado cerca
de los Estados Unidos.
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