PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 4, 2006

SALUD PUBLICA
Sinsabores de una suicida cubana

Juan Carlos Linares Balmaseda

LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - El 16 de enero de 1996 Maira quiso dar fin a su vida. Se sentía frustrada, desamparada hasta por Dios. Fue a la intersección de las Avenidas 100 y Boyeros. Caminó hacia el centro del puente. Poco antes de media noche se desvistió, subió a la baranda y se dejó caer al vacío desde una altura de más de seis metros.

Asegura haber percibido el impacto contra el pavimento, y que suplicó al socorrista apenas en un murmullo: "Ya que no me maté, por favor lléveme para un hospital".

"Dos meses antes de eso, yo trabajaba como técnico medio de estadísticas, en la Policlínica del Capri. Me explotaban. Los trabajos más difíciles siempre me tocaban a mí. Un día discutí con mi jefa y me aplicó una sanción. No fui más. Nunca nadie de la Dirección ni del Sindicato vino a saber de mí", manifiesta Maira con ademanes de actriz y una dicción tan clara como la de una locutora radial.

"Yo alternaba la labor de la policlínica con los trabajos en una micro-brigada para tener mi domicilio una vez construido el edificio. Con la sanción perdía esa oportunidad. Conjuntamente estudiaba por las noches. Tengo terminados cursos de idioma inglés y de Esperanto, de artes escénicas en la Casa de la Cultura municipal y además soy obrera calificada en reparaciones y mantenimiento de hornos y calderas de vapor.

"Cuando los médicos me preguntaron el motivo que me impulsó al intento de suicidio me explayé en criticas a esta sociedad, y conté por lo que estaba pasando. Hablé de las muchas cartas enviadas a múltiples niveles del Ministerio de Salud Pública y del gobierno, explicando mis vicisitudes económicas, entre ellas una dirigida a Fidel Castro. Al cabo diez años para que al fin me otorgaran una pensión.

"Otra vez protesté en la Plaza de la Revolución, cuando entregaba una de las cartas. Dije todo lo que tenía en mi corazón, que estaba pasando hambre, que no percibía un centavo. Me llevaron presa para la estación de la policía en Calle Zapata y de allí para el hospital psiquiátrico Mazorra. Me dieron electro-sueños, según ellos 'para variarme las ideas'. Escapé. Varios días después me entrevisté con Lorenzo, uno de los que por aquel tiempo era jefe en Mazorra. Recuerdo haberle echado en cara que lo que hicieron conmigo allí había sido una agresión, una tortura.

"Me prescribieron como enferma de esquizofrenia paranoide", aduce Maira con sus 44 años, mientras exhibe un fardo que contiene cada prueba de sus sinsabores. Los mantiene atesorados en esa pequeña habitación 318 de la calle Estrella, en el Barrio de Párraga, Municipio de Arroyo Naranjo.

"La primera vez que oí hablar de cortar mis trompas me asusté. Me opuse rotundamente. La única justificación que me dieron era que eso se hacia así.

"A pesar de que nunca me he casado, sí he tenido algunas relaciones de pareja. Tuve un compromiso del cual luego me di cuenta que era un mentiroso, pero no antes de salir embarazada.

"El feto tenía más de cinco meses y buenas condiciones, cuando ingresé en el Hospital Nacional Enrique Cabrera el 6 de octubre de 2004. Pedí hacerme una interrupción de embarazo. Presenté remisión del médico de la familia, informe social del área, ultrasonidos, examen de serología y exudados, carta de solicitud del paciente, carné de identidad, certificación de psiquiatría, informe social que me eximía de la donación de sangre, la que exigen a toda mujer que quiera hacerse una interrupción.

"En el hospital me atendió el Dr. Gambino, quien pidió la presencia del médico de la familia Este no se presentó porque tenía que ir a cumplir una misión en el extranjero, pero envió a un estudiante de Medicina que se quedaría ejerciendo por él. Yo seguía acorralada por los problemas económicos. Me ingresaron para subirme la hemoglobina, pero la comida era malísima. Me subí la hemoglobina yo sola, un fin de semana que vine a la casa y preparé un garrafón de cocimiento de hierba de la sangre. Después me dijeron que tenía que expulsar gases y como eso tampoco se realizó con los métodos médicos, tomé cocimiento de anís estrellado.

"Otro fin de semana que me permitieron salir fui hasta Matanzas. Allí tengo familia que trabajan en el sector de la salud. Varios doctores de esa provincia me respondieron lo mismo que me habían dicho en La Habana, que si abortaba, me esterilizarían. Eso es inconcebible.

"Por fin a mediados de octubre se me hizo la interrupción. Todavía convaleciente, una doctora se me acercó a la cama y confirmó que me habían cortado las trompas. En cuanto me recuperé comencé de nuevo a reclamar a todas las Instancias Mis resúmenes médicos no se saben si están perdidos o escondidos. Siempre me han negado las copias.

"Pero nunca lograrán variar mi idea: ¡ansío que se haga justicia conmigo!"


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