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SALUD
PUBLICA
Sinsabores de una suicida cubana
Juan Carlos Linares Balmaseda
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubanet.org) - El
16 de enero de 1996 Maira quiso dar fin a su vida.
Se sentía frustrada, desamparada hasta
por Dios. Fue a la intersección de las
Avenidas 100 y Boyeros. Caminó hacia el
centro del puente. Poco antes de media noche se
desvistió, subió a la baranda y
se dejó caer al vacío desde una
altura de más de seis metros.
Asegura haber percibido el impacto contra el
pavimento, y que suplicó al socorrista
apenas en un murmullo: "Ya que no me maté,
por favor lléveme para un hospital".
"Dos meses antes de eso, yo trabajaba como
técnico medio de estadísticas, en
la Policlínica del Capri. Me explotaban.
Los trabajos más difíciles siempre
me tocaban a mí. Un día discutí
con mi jefa y me aplicó una sanción.
No fui más. Nunca nadie de la Dirección
ni del Sindicato vino a saber de mí",
manifiesta Maira con ademanes de actriz y una
dicción tan clara como la de una locutora
radial.
"Yo alternaba la labor de la policlínica
con los trabajos en una micro-brigada para tener
mi domicilio una vez construido el edificio. Con
la sanción perdía esa oportunidad.
Conjuntamente estudiaba por las noches. Tengo
terminados cursos de idioma inglés y de
Esperanto, de artes escénicas en la Casa
de la Cultura municipal y además soy obrera
calificada en reparaciones y mantenimiento de
hornos y calderas de vapor.
"Cuando los médicos me preguntaron
el motivo que me impulsó al intento de
suicidio me explayé en criticas a esta
sociedad, y conté por lo que estaba pasando.
Hablé de las muchas cartas enviadas a múltiples
niveles del Ministerio de Salud Pública
y del gobierno, explicando mis vicisitudes económicas,
entre ellas una dirigida a Fidel Castro. Al cabo
diez años para que al fin me otorgaran
una pensión.
"Otra vez protesté en la Plaza de
la Revolución, cuando entregaba una de
las cartas. Dije todo lo que tenía en mi
corazón, que estaba pasando hambre, que
no percibía un centavo. Me llevaron presa
para la estación de la policía en
Calle Zapata y de allí para el hospital
psiquiátrico Mazorra. Me dieron electro-sueños,
según ellos 'para variarme las ideas'.
Escapé. Varios días después
me entrevisté con Lorenzo, uno de los que
por aquel tiempo era jefe en Mazorra. Recuerdo
haberle echado en cara que lo que hicieron conmigo
allí había sido una agresión,
una tortura.
"Me prescribieron como enferma de esquizofrenia
paranoide", aduce Maira con sus 44 años,
mientras exhibe un fardo que contiene cada prueba
de sus sinsabores. Los mantiene atesorados en
esa pequeña habitación 318 de la
calle Estrella, en el Barrio de Párraga,
Municipio de Arroyo Naranjo.
"La primera vez que oí hablar de
cortar mis trompas me asusté. Me opuse
rotundamente. La única justificación
que me dieron era que eso se hacia así.
"A pesar de que nunca me he casado, sí
he tenido algunas relaciones de pareja. Tuve un
compromiso del cual luego me di cuenta que era
un mentiroso, pero no antes de salir embarazada.
"El feto tenía más de cinco
meses y buenas condiciones, cuando ingresé
en el Hospital Nacional Enrique Cabrera el 6 de
octubre de 2004. Pedí hacerme una interrupción
de embarazo. Presenté remisión del
médico de la familia, informe social del
área, ultrasonidos, examen de serología
y exudados, carta de solicitud del paciente, carné
de identidad, certificación de psiquiatría,
informe social que me eximía de la donación
de sangre, la que exigen a toda mujer que quiera
hacerse una interrupción.
"En el hospital me atendió el Dr.
Gambino, quien pidió la presencia del médico
de la familia Este no se presentó porque
tenía que ir a cumplir una misión
en el extranjero, pero envió a un estudiante
de Medicina que se quedaría ejerciendo
por él. Yo seguía acorralada por
los problemas económicos. Me ingresaron
para subirme la hemoglobina, pero la comida era
malísima. Me subí la hemoglobina
yo sola, un fin de semana que vine a la casa y
preparé un garrafón de cocimiento
de hierba de la sangre. Después me dijeron
que tenía que expulsar gases y como eso
tampoco se realizó con los métodos
médicos, tomé cocimiento de anís
estrellado.
"Otro fin de semana que me permitieron salir
fui hasta Matanzas. Allí tengo familia
que trabajan en el sector de la salud. Varios
doctores de esa provincia me respondieron lo mismo
que me habían dicho en La Habana, que si
abortaba, me esterilizarían. Eso es inconcebible.
"Por fin a mediados de octubre se me hizo
la interrupción. Todavía convaleciente,
una doctora se me acercó a la cama y confirmó
que me habían cortado las trompas. En cuanto
me recuperé comencé de nuevo a reclamar
a todas las Instancias Mis resúmenes médicos
no se saben si están perdidos o escondidos.
Siempre me han negado las copias.
"Pero nunca lograrán variar mi idea:
¡ansío que se haga justicia conmigo!"
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