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SOCIEDAD
Galiano
de noche
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Galiano
es una avenida de amplios portales que comienza
en el Malecón habanero y termina en la
avenida Reina, o Simón Bolívar.
La otra noche, en busca de un taxi, me vi obligada
a caminar por una de sus aceras y atravesé
Barcelona, Dragones, San José.
Como hacía algún tiempo no veía
Galiano de noche, tuve la impresión de
que andaba por un país extraño cuyo
nombre no podía imaginar. Miré hacia
arriba buscando sus letreros lumínicos,
pero no estaban. Ni siquiera sus tiendas más
importantes: La Época, Flogar, Fin de Siglo,
se anuncian con luces.
Todo ha desaparecido. Las elegantes puertas de
los edificios de apartamentos están desvencijadas
por el olvido, como si de un solo empujón
cualquiera pudiera abrirlas.
Ni me pasó por la mente esa noche que
estamos en el año 2006, que hemos sufrido
47 años de abandono, derrumbes, demoliciones.
Tuve la impresión de que tenía delante
una pantalla donde se proyectaba un filme en blanco
y negro de una ciudad en tiempo de guerra. Sólo
faltaba que cayeran las bombas.
Pero eran las diez de la noche, y Galiano, como
todos los días, estaba simplemente a oscuras.
Por eso me dieron deseos de llorar, porque esta
calle que tantos recuerdos me trae no es la sombra
lo que fue en los años 50, con sus vidrieras,
sobre todo en Navidad, sus edificios, sus cafeterías
donde se disfrutaba del sándwich y la media
noche, del batido de fruta, de la sopa china.
Dicen que su nombre le viene a Galiano de un
conde español del siglo XIX, y que cuando
lo cambiaron por Avenida de Italia nadie estuvo
de acuerdo, y nadie la llama así.
El silencio y la soledad de Galiano me impresionaron.
Me pregunto por qué nadie conversaba en
una esquina, por qué no se escuchaba la
música en un balcón, por qué
una muchacha alegre no se baja de un auto, o un
hombre solitario camina en busca de alguna compañía.
Nada. Sólo penumbras. La oscuridad de Galiano
me dio miedo. Su silencio me hizo imaginar fantasmas.
Si me permiten exagerar, diría que Galiano,
de noche, parece un cementerio con los cubanos
muertos en sus casas. O es que por una triste
lógica, escucharon el aviso de retirarse
a sus hogares a esa misma hora, como si la ciudad
fuera un tenebroso campamento militar.
Yo vi a Galiano como a una anciana prematura
y desnuda en plena noche, con los senos caídos,
enferma de muerte. Y sentí una gran pena.
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