PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 25, 2006
 

CRIMEN
Mataron a Miguelito

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - La Habana se convirtió en una ciudad violenta, sucia e iracunda. Es el lugar donde es difícil vivir y los transgresores de ciertos códigos mueren. En La Habana existen códigos creados por mundos habaneros que apenas se toleran. Por eso, mataron a Miguelito al amanecer.

Sucedió en Lawton. Los matadores eran negros. Conocían bien su trabajo. Lo realizaron sin errores. Actuaron rápida y expeditamente. Llegaron en una moto y gritaron desde abajo. Miguelito decidió bajar para saber qué querían con él dos desconocidos.

Mientras el conductor de la moto esperaba en la calle con el motor listo, el matador recibió a Miguelito en la puerta del edificio. No le explicó por qué lo mataba ni en nombre de quién. Le asestó dos puñaladas que le dañaron directamente el hígado. La muerte le concedió poco tiempo. Murió diciendo cosas inconexas sobre matadores llegados desde El Cotorro.

Nadie se siente capaz de reconocer al asesino. Los vecinos refieren que llevaba puesto un anorak con la cabeza cubierta. Era negro y vestía de negro en un momento en que las sombras mandan. Fue poco antes de amanecer, el día 15.

Miguel Díaz era querido por sus vecinos. Tenía muchos amigos y algunos enemigos. Vivía en la calle Milagros entre la calle Lawton y la calle Armas en Lawton. En la vecindad del célebre Parque Buttari. Hay pocos testigos. Nadie ha podido precisar un hecho concreto. Sólo se cuenta con especulaciones.

Miguelito era un luchador. Un mecánico de oficio capaz de reparar motos y automóviles que vendía a precios muy ventajosos. Se conoce su participación en algunos escabrosos episodios románticos, con casadas infieles. También ruidosos incidentes incruentos con individuos que se sintieron estafados en alguna transacción. O con otros que simplemente no obtuvieron la ganancia jugosa a que aspiraban.

Ñico es una de las personalidades más pintorescas de la barriada. También simpatizó mucho con Miguelito. Ñico es un orate simpático mimado por todos sus vecinos. Miguelito, por no ser menos, lo "salvó" con tabacos o con algo de dinero en más de una ocasión.

Ñico le dedicó a Miguelito uno de sus mejores y más sentidos discursos. El loco vociferó su oposición a que la gente se muera por violencia antes de cumplir los cuarenta años. Curiosamente, Ñico no habla de su hermano, el otro orate del barrio, quien murió en fecha reciente. Es a Miguelito a quien dedicó su discurso.

La policía no hace declaraciones. El equipo forense se marchó sin evidencias. La Habana se convirtió en una ciudad iracunda. La gente muere por violencia entre sombras, después que anochece y antes de amanecer. Mataron a Miguelito antes de su primera cana, lo hicieron al amanecer.


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