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SOCIEDAD
Para la libertad
Rafael Ferro Salas, Abdala Press
PINAR DEL RIO, Cuba - Enero (www.cubanet.org)
- Para los que no saben mucho sobre la realidad
cubana, ahí les van algunos argumentos
a modo de botón de muestra.
Ningún cubano puede viajar a ninguna
parte de este planeta: no está permitido
por el Estado.
Ningún cubano puede afiliarse a organizaciones
civilistas o políticas. De hacerlo puede
ser condenado a cárcel.
Ningún cubano puede expresarse libremente
en la radio, la prensa y la televisión.
De hacerlo puede ser condenado a cárcel.
Ningún cubano es dueño de una
gran empresa; tampoco le está permitido
por el Estado tener grandes negocios particulares.
¿De qué tipo de libertad están
hablando entonces por el mundo los representantes
del estado cubano? ¿Acaso padecen de ceguera
crónica los integrantes de las delegaciones
solidarias que visitan la isla? ¿Por qué
no dialogan en directo con los ciudadanos cubanos
para conocer sobre la realidad que se vive?
La libertad en Cuba es condicionada. Los cubanos
tienen que regirse por leyes que amordazan el
derecho a la vida. La mayoría de los cubanos
desconocen los artículos que hay en la
Declaración de los Derechos Humanos. Al
Estado cubano no le conviene que los ciudadanos
estén informados sobre nada acerca de derechos
humanos.
A los cubanos les está prohibido el acceso
a la Internet. Sólo pueden navegar por
el ciberespacio algunos de los elegidos que están
identificados con el régimen que gobierna.
A los ciudadanos cubanos no se les venden computadoras
en ningún sitio a lo largo y ancho de la
isla. Algunos las adquieren de manera clandestina
comprándolas a los privilegiados que las
tienen, pero a riesgo de perderlas, pagar altas
multas, y con grandes probabilidades de ser encarcelados.
A usted no le gustaría estar en el lugar
de los cubanos, ¿verdad, amigo lector?
Tampoco le agradaría nada que una sola
persona sea quien decida lo que usted puede comer,
lo que puede decir y adónde puede ir sin
ser su médico de cabecera.
No le gustaría vivir como viven los cubanos
en la isla de mil y una preocupaciones. No es
bueno vivir con la libertad custodiada por el
omnipresente ojo del Gran Hermano vigilándolo
todo: sus pasos, sus gestos y su pensamiento más
íntimo.
Lea esta crónica y dígalo sin
pena después: Los cubanos son dignos de
lástima.
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